"Su rendimiento comenzó a deteriorarse rápidamente" tras el inicio del conflicto
La bolsa suiza se ha considerado siempre como un activo refugio ante momentos similares al actual, en el que los mercados navegan en un mar de incertidumbre debido al conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, esta vez está siendo diferente. Las acciones suizas no están actuando como tal, y hay una razón que lo explica.
"Las acciones suizas tuvieron un buen comienzo de año, beneficiándose de la rotación de capitales, alejándose del excepcionalismo estadounidense, y registrando una ganancia del 5,5% en moneda local a finales de febrero". Sin embargo, "su rendimiento comenzó a deteriorarse rápidamente tras el ataque a Irán", comenta Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) de Julius Baer.
Tal y como explica, solo tres semanas después del inicio del conflicto el Índice del Mercado Suizo (SMI) había perdido casi un 11%, y "solo comenzó a recuperarse lentamente hacia finales de marzo". Pero en lo que va de año aún registra una caída de en torno al 2%.
"A primera vista, esta evolución de los precios resulta inquietante para la arraigada percepción de Suiza como un activo refugio, dada su naturaleza defensiva", añade Bonzon, que explica por qué las acciones suizas no han ofrecido el rendimiento superior relativo que muchos inversores asocian instintivamente con un mercado defensivo, así como el motivo por el que estos valores han sufrido desde el inicio de la guerra en Irán.
Y es que, aunque hay diversas características que "aumentan el atractivo de los activos suizos como reserva de valor a largo plazo, una resiliencia que se extiende más allá del complejo soberano y monetario, abarcando el mercado de valores suizo", lo cierto es que esta resiliencia estructural "no implica una protección uniforme a corto plazo en todos los regímenes de mercado.
Según destaca el CIO de Julius Baer, el comportamiento observado en la bolsa suiza desde el inicio de la guerra "está intrínsecamente ligado a su singular composición sectorial y a su concentración superior a la media". Y es que, comenta, el Índice del Mercado Suizo (SMI) está formado aproximadamente en un 40% por valores relacionados con la atención médica, "una ponderación casi tres veces mayor que la del índice europeo Stoxx 600".
Bonzon relata, asimismo, que esta exposición al sector sanitario "se debe casi en su totalidad a las dos grandes farmacéuticas suizas", en referencia a Roche y Novartis, "cada una de las cuales representa casi una quinta parte del índice". "Si bien se espera que los sectores defensivos, como el sanitario, tengan un mejor desempeño en mercados turbulentos, factores idiosincrásicos afectaron desproporcionadamente a una de estas empresas, arrastrando el índice a la baja", recuerda.
"En total, la inclinación hacia los sectores defensivos -que comprenden las mencionadas empresas de salud y consumo-, que irónicamente demostraron no ser tan defensivas en este entorno volátil, representa alrededor del 60% del SMI e incorpora un sesgo hacia empresas de alta calidad". Y eso ha tenido mucho que ver en el desempeño del índice desde que estalló el conflicto en Oriente Medio.
Eso y el hecho de que el SMI mantiene una "exposición nula" al sector del petróleo y el gas, que es precisamente uno de los pocos segmentos del mercado que ha tenido un desempeño positivo desde el inicio de la guerra. "Esta característica estructural explica en gran medida el reciente bajo rendimiento en comparación con el índice europeo Stoxx 600, que tiene una exposición de alrededor del 5% al petróleo y el gas", apunta el experto.
"Una vez que excluimos el petróleo y el gas, el panorama defensivo resulta mucho menos paradójico. De hecho, las acciones suizas han superado al índice europeo Stoxx 600 en la mayoría de los sectores desde principios de marzo, ajustado por tipo de cambio", añade.
En otras palabras, dice Bonzon, "el mercado suizo no ha fallado en su función de refugio seguro, sino que ha sido penalizado por carecer del sector que el mercado ha recompensado con mayor intensidad durante esta crisis". Sin duda, apunta el CIO de Julius Baer, "esta distinción es importante para interpretar la señal".
Porque "si interpretamos el rendimiento inferior relativo como evidencia de que Suiza ha perdido sus propiedades defensivas, corremos el riesgo de llegar a conclusiones erróneas sobre la cartera". En cambio, "si lo interpretamos como una consecuencia lógica del liderazgo sectorial en un mercado impulsado por la energía, llegamos a una conclusión más útil", dice.
NO PROTEGEN CONTRA UNA CRISIS INFLACIONARIA
Asimismo, el experto insiste en que las acciones suizas "no son una protección contra una crisis inflacionaria". En su opinión, es crucial "separar las narrativas geopolíticas a corto plazo de los canales de transmisión subyacentes del mercado". Sobre todo, señala, porque se está produciendo una "relación inversa entre el rendimiento relativo de las acciones suizas y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años".
"Esta correlación implica que las acciones suizas tienden a comportarse como un indicador de los mercados de bonos globales, que suelen presentar características defensivas en las carteras en periodos donde el mercado está dispuesto a pagar por la certeza del flujo de caja, generalmente en fases de temor al crecimiento o en ciclos de flexibilización monetaria".
En estos entornos, expone Bonzon, "los inversores aceptan un menor crecimiento a cambio de estabilidad y consideran las acciones suizas como un sustituto de los bonos a más largo plazo". Pero en escenarios inflacionarios o reflacionistas como el actual, donde el mercado exige mayores rendimientos a largo plazo, "las acciones suizas pueden tener dificultades".
"El aumento de los rendimientos incrementa el coste de oportunidad de mantener activos a largo plazo, ya que se pueden obtener mayores rendimientos de otras inversiones", apunta, sin olvidar que "la divisa es el segundo canal a través del cual la etiqueta de 'defensiva' puede malinterpretarse".
En resumen, destaca, hay que "tener cuidado de distinguir entre los diferentes arquetipos de crisis: la cuestión no radica tanto en que las espinas del erizo suizo dejen de ser defensivas, sino en de qué protegen realmente esas espinas a los inversores en un régimen determinado".
Porque "cuando predominan los temores inflacionistas y la energía es el eje del liderazgo en renta variable, la composición estructural del mercado suizo puede jugar en su contra", como está pasando ahora. Como dice el CIO de Julius Baer, "cuando se imponen los temores al crecimiento y caen los rendimientos de los bonos, esa misma estructura se convierte en una ventaja, y las acciones suizas tienden a comportarse más como las que los inversores de cobertura creían estar comprando inicialmente".
Así, cabe esperar que las "cualidades defensivas" de las acciones suizas "brillen cuando las preocupaciones por el crecimiento dominan las desaceleraciones económicas, donde las ganancias de las empresas de alta calidad suelen demostrar una resiliencia comparativa gracias a márgenes líderes en el mercado y un poder de fijación de precios superior".
"En este contexto, seguimos considerando que el franco y los activos suizos en general ofrecen a los inversores una fuente adicional de prima de riesgo y una mayor diversificación de la cartera", y por eso siguen posicionándose en base a esta idea. Lo importante, concluye, es tener claro que pase lo que pase "su función como activo defensivo no disminuye".
