Análisis | Las opciones de Albert Rivera

Si hay que ir a nuevas elecciones, Rivera puede salir muy favorecido de tal circunstancia

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Bolsamania | 14 mar, 2016

Actualizado : 23:53

Albert Rivera obtuvo el 20D un resultado peor que el que le anunciaban las encuestas y el que esperaba él mismo, lógicamente. Lo cierto es que sus 40 escaños le han situado en cuarto lugar en el ránking, y son insuficientes para cerrar una mayoría de gobierno tanto con el PP como con el PSOE, sus aliados naturales por estribor y por babor.

Sin embargo, su voluntad pactista, que le ha levado a buscar incansablemente una fórmula de gobernabilidad y a conseguir finalmente un pacto con el PSOE, el primero de esta naturaleza simétrica que firman dos partidos políticos contiguos en toda la etapa democrática española, le ha llevado a escalar posiciones. Tanto la encuesta de “El País” de ayer como la de “ABC” de hoy recogen tal tendencia ascendente, que responde a la lógica analítica que cualquiera pueda desarrollar.

Este ascenso podría presionar sobre Podemos, que ve cómo la hipótesis de unas nuevas elecciones le perjudica puesto que los electores pueden hacerle pagar su falta de apoyo a una opción razonable como la que encarnan conjuntamente PSOE y Podemos. Además, la formación de Pablo Iglesias tiene problemas con sus aliados periféricos, que probablemente no repetirán alianza porque –entre otras razones- no han conseguido el grupo parlamentario que alegremente se les prometió. En definitiva, la marcha de los acontecimientos podría terminar forzando a Podemos a apoyar la investidura de Sánchez, cabeza de la alianza PSOE-C’s, en una segunda intentona, y de alguna de las maneras posibles (mediante coalición o apoyo externo).

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La formación de Pablo Iglesias tiene problemas con sus aliados periféricos, que probablemente no repetirán alianza porque –entre otras razones- no han conseguido el grupo parlamentario que alegremente se les prometió.

Si tal eventualidad no sucede y hay que ir a nuevas elecciones, Albert Rivera puede salir muy favorecido de tal circunstancia, puesto que previsiblemente se aupará al tercer lugar del abanico parlamentario, o incluso al segundo, después del 26 de junio. En esta coyuntura, la formación del nuevo gobierno dependerá como es lógico de un cúmulo de nuevos factores (de quiénes hayan sido los candidatos y de la correlación concreta resultante de fuerzas), pero Rivera tendrá serias posibilidades de ser el primero en conseguir el consenso necesario. El PP, con Rajoy o sin él, difícilmente conseguirá la conformidad de C’s y del PSOE, pero Rivera sí podría lograr el aliento del PP –sobre todo si no ha sido Rajoy el candidato- y del PSOE.

Esta fórmula, que parece tomada de las depuradas democracias centroeuropeas, abriría un capítulo inédito y renovador en la trayectoria democrática española.

Antonio Papell

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