El gran reto de Jerome Powell en la Fed: ¿qué hará para no ser una 'marioneta' de Donald Trump?

Trump propone a Powell para suceder a Yellen en la presidencia de la Reserva Federal

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Bolsamania | 03 nov, 2017

Actualizado : 08:33

Incógnita resuelta. Donald Trump ha hecho buenas las quinielas y ha designado a Jerome Powell como su candidato para presidir la Reserva Federal (Fed), el banco central de Estados Unidos, a partir de febrero de 2018. Powell garantiza continuidad, aunque su principal reto puede que no sea ni la inflación ni la recesión, sino la alargada sombra de Trump.

Esa continuidad viene marcada por dos cuestiones. La primera, que Powell es gobernador de la Fed desde 2012, con lo que conoce la casa y, sobre todo, ha trabajado con la actual presidenta, Janet Yellen, desde que accedió al cargo en febrero de 2014. Es decir, ha participado en las decisiones adoptadas por Yellen durante todo su mandato y nunca ha disentido de ellas, con lo que concuerda con la línea seguida por la persona que todavía comandará el banco central de EEUU hasta febrero de 2018. Y la segunda, que Powell, también como Yellen, tiene un perfil más 'paloma', el sobrenombre que reciben los banqueros centrales menos duros, que 'halcón', la etiqueta que cuelga de los banqueros centrales más duros.

Estos atributos son los que avalan su candidatura y, sobre todo, los que permiten que el mercado lo reciba con los brazos abiertos. Otros candidatos, como John Taylor, generaban más incertidumbre por su predisposición a subir los tipos con más celeridad. "Los mercados financieros deberían sentirse aliviados por la nominación de Powell", confirman desde Oxford Economics. "Su gradual y pragmática visión de la política monetaria garantiza alguna forma de continuidad en la política monetaria de EEUU", coinciden desde Julius Baer.

ENTONCES, ¿POR QUÉ NO YELLEN?

Pero ahí radica la cuestión. Si Trump quería continuidad en la Fed, la decisión era extremadamente sencilla: proponer un segundo mandato a Yellen. Desde la reforma legal de 1935, mediante la que se reestructuró la organización, el funcionamiento y los cargos en la Fed, sólo dos presidentes habían estado cuatro años o menos: Thomas McCabe (1948-1951) y William Miller (1978-1979). Los seis restantes -Marriner Eccles, William McChesney Martin Jr., Arthur Burns, Paul Volcker, Alan Greenspan y Ben Bernanke- permanecieron al menos dos mandatos -y algunos de ellos hasta cinco-.

Trump, por tanto, lo tenía fácil. Un segundo mandato hubiera entrado dentro de lo que es la norma en la Fed, además de que Yellen ha salido airosa de una situación difícil. Ha dado continuidad a la recuperación al tiempo que ha ido retirando los extraordinarios estímulos aplicados durante la crisis. Ella desactivó por completo el tercer programa de expansión cuantitativa (QE3); ella empezó a subir los tipos de interés, heredados en el 0-0,25% y situados ahora en el 1-1,25% tras cuatro subidas desde finales de 2015; y ella ha comenzado a reducir un balance que, como consecuencia de los sucesivos programas de compras de deuda (QE1, QE2 y QE3), había crecido como nunca para alcanzar un volumen de 4,5 billones de dólares.

Yellen no lo tenía fácil. Y lo estaba haciendo bien. Pero no le ha valido para un segundo mandato, motivo más que suficiente para anticipar a lo que se enfrentará Powell durante su mandato

Todo ello, mientras la recuperación ha seguido su curso. Durante su mandato, el paro ha bajado del 6,7% al 4,2% y la economía ha continuado creciendo a tasas moderadas, situadas entre el 1,5% y el 3%, y atraviesa ya el tercer ciclo expansivo más largo de su historia reciente.

Y, sobre todo, los cuatro últimos años se han saldado sin grandes sobresaltos en los mercados, cuyo comportamiento, más que una consecuencia de la recuperación, constituye un pilar básico de la resurrección económica tras la 'Gran Recesión'. Desde que ocupa la presidencia de la Fed, el Dow Jones ha pulverizado todos sus registros al saltar de los 15.700 a los 23.400 puntos; el rendimiento del bono a 10 años se ha moderado del 2,65% al 2,37% pese a la gradual retirada de los estímulos; y el dólar se ha apreciado con fuerza contra el euro, de los 1,35 a los 1,16 dólares por euro, una evolución condicionada igualmente por la expansiva política monetaria ejecutada en los últimos años por el Banco Central Europeo (BCE).

LA MANO VISIBLE DE TRUMP

Pero nada de eso le ha valido para 'renovar'. Ni siquiera ha servido el argumento de que tanto la subida de los tipos como, sobre todo, la reducción del balance, aún son obras inacabadas y que, por tanto, debía ser Yellen quien siguiera cargando con la responsabilidad de ocuparse de ellas para bien... o para mal. Y aquí, justo aquí, comienza el que puede que sea el mayor desafío al que se enfrentará Powell: la alargada sombra de Trump.

Se ignora -todavía- si el republicano sondeó a Yellen para un segundo mandato y si esta hubiera aceptado, pero el hecho de que esta opción no haya cobrado fuerza en ningún momento, cuando las credenciales de Yellen están sobre la mesa, delata que o bien Yellen no estaba dispuesta a presidir la Fed en tiempos de Trump o bien Trump quería nombrar a su 'propio' presidente, no a otro heredado de la época de Barack Obama, por bueno -o, al menos, no malo- que haya sido su desempeño. Cualquiera de las dos posibilidades debe ser motivo de vigilancia para Powell.

"El gran test de Powell como presidente de la Fed podría estar menos relacionado con la economía que con la defensa del papel de un banco central independiente contra un ambiente político hostil", avisan desde Oxford Economics. Y eso que su presidencia, que iría de febrero de 2018 a febrero de 2022, no será un periodo cualquiera. La historia dicta que en ese intervalo la primera economía del mundo, que lleva creciendo desde julio de 2009, debería sufrir una recesión y que Wall Street, que lleva subiendo desde marzo de 2009, debería sufrir una corrección.

Pero incluso estas amenazas quedan relegadas o, al menos, eclipsadas por la mano visible de Trump. Porque el republicano no oculta que quiere una Fed a su imagen y semejanza como condición para tolerar la existencia de una Fed criticada tanto por Trump como por distintas facciones del Partido Republicano. Y el presidente se ha encontrado un panorama ideal para llevarlo a cabo por las vacantes existentes en el Consejo de Gobernadores de la entidad. En teoría, debería estar compuesto por siete gobernadores, pero ahora hay cuatro, uno de los cuales, Randal Quarles, responsable de la supervisión financiera, ya ha sido designado por Trump después de que su predecesor en la Fed, Daniel Tarullo, dimitiera a comienzos de este año por discrepancias con la Administración Trump, que pretende diluir la reforma financiera diseñada tras el estallido de la crisis. Es decir, Trump puede designar a tres personas más de su cuerda para 'gobernar' la Fed, y pueden ser incluso cuatro más si Yellen, que puede ser gobernadora hasta 2024, se inclina por dejar el cargo.

Al que ya ha designado es a Powell. Falta la ratificación por parte del Senado, pero Trump ya ha elegido que sea él quien gobierne el timón de la política monetaria en EEUU durante los cuatro próximos años. Pero precisamente por la particularidad que ha envuelto a su nominación, con todos los mensajes que Trump ha mandado desde la misma campaña electoral, la reválida para Powell será precisamente esa. La de demostrar que en la Fed mandará él. Y nadie más.

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