En boca de Anna Gabriel, las palabras se volvían lunáticas, impropias del foro parlamentario...
No ha habido sorpresas. Solo que la representación de la liturgia parlamentaria que se había programado ha quedado mucho más burda y rudimentaria que lo que cabía esperar y el resultado de la ceremonia ha sido una burda pirueta soberanista, muy difícil de justificar dentro y fuera de España.