El oro coquetea con los 4.000 dólares y se aleja de máximos: "Recuperará el terreno perdido"

Los analistas señalan que "las perspectivas fundamentales se han deteriorado notablemente"

Aitor Pereira
Bolsamania | 27 jun, 2026 06:00
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Lingotes de oro del banco UBS.Wikimedia

El oro parece haber perdido parte de su brillo, o al menos eso dice su precio, y es que el metal precioso por excelencia coquetea con el nivel de los 4.000 dólares por onza, lejos de sus máximos anuales e históricos, cerca de los 5.500 dólares.

El descenso registrado puede suponer una oportunidad de compra, ya que como aseguran los expertos de Julius Baer, "el oro recuperará el terreno perdido a largo plazo, aunque los máximos históricos quedan fuera de su alcance por ahora".

"Aunque gran parte del movimiento está impulsado por los flujos de mercado, las perspectivas fundamentales se han deteriorado notablemente. Los metales preciosos se enfrentan a una Reserva Federal mucho más preocupada por la inflación de lo previsto, lo que ha revertido las expectativas sobre la política monetaria de EEUU y la narrativa de desdolarización, transformando a los inversores de compradores en vendedores", detallan.

Además, explican que el detonante de la última ola de ventas "parecen ser las declaraciones del secretario del Tesoro de EEUU, Bessent, quien afirmó que el dominio del dólar estadounidense es esencial, que Venezuela está regresando al sistema del dólar y que Irán facturaría en dólares".

En este sentido, los expertos creen que "las operaciones basadas en la desdolarización y la depreciación del dólar en los mercados de metales preciosos se están revirtiendo".

"¿Cuánto de esto se debe a los flujos de capital y cuánto a los fundamentos? Movimientos tan bruscos y rápidos siempre apuntan a un predominio de los flujos sobre los fundamentos, especialmente cuando se rompen niveles clave. Los flujos suelen estar impulsados ​​por una tendencia -que claramente se ha invertido- o por narrativas como la desdolarización y la depreciación del dólar, que también han cambiado de rumbo. Si bien la tendencia fue una aliada de los mercados de metales preciosos durante la fase alcista, ahora se ha convertido en su enemiga", indican.

El otro escollo en el camino del oro y del resto de metales preciosos es la Fed, que busca medidas para contener los precios, y es que "aunque parte de la presión inflacionaria es transitoria, la economía estadounidense sigue mostrando una gran resiliencia, lo que añade un elemento de persistencia".

"Así, las expectativas sobre la política monetaria de EEUU han dado un giro: de prever recortes de tipos de interés y un dólar más débil a principios de año, se ha pasado a esperar subidas de tipos y un dólar más fuerte en la actualidad. Para los metales preciosos, la consecuencia es clara: los inversores han pasado de ser compradores a vendedores. Esto ocurre especialmente en el mundo occidental, donde la demanda de inversión está estrechamente ligada a la política monetaria de EEUU", comentan.

De acuerdo con esta máxima, los inversores compran cuando los tipos de interés en EEUU bajan y el dólar se debilita, y venden cuando los tipos suben y el dólar se fortalece.

"Nuestra opinión sobre la política monetaria de EEUU permanece inalterada por el momento; no esperamos que la Reserva Federal suba los tipos. La demanda de inversión debería repuntar, sobre todo en el caso del oro, una vez que se recupere la claridad y la convicción respecto a la política monetaria estadounidense", anticipan.

LOS BANCOS CENTRALES

Otro de los aspectos que marca la cotización del oro son los bancos centrales, en concreto las compras que realizan para añadir a su balance, y aquí las perspectivas se muestran más optimistas para el metal amarillo.

"El oro debería verse respaldado por las compras de los bancos centrales, factor que seguimos considerando la fuerza estructural más potente del mercado. Dicho esto, se ha producido un deterioro considerable y es probable que el mercado tarde algún tiempo en estabilizarse", señalan en Julius Baer.

¿ACUMULACIÓN ESTIVAL?

Por su parte, el analista Stephen Innes anticipa una "fase de acumulación estival", ya que "el verano podría convertirse en la temporada de acumulación silenciosa del oro".

"A medida que disminuye la liquidez y el ruido diario de la Reserva Federal pasa a un segundo plano, los compradores a largo plazo podrían encontrar margen para reconstruir su exposición, mientras el capital especulativo sigue obsesionado con la próxima tendencia. La cuestión de fondo es que el mercado podría pasar pronto de preguntarse si la Reserva Federal puede adoptar un tono restrictivo a cuestionarse si Washington puede asumir el coste político de mantener esa postura", comenta.

Además, recuerda que "la bajada de los precios del petróleo y un panorama geopolítico más tranquilo podrían favorecer la confianza del consumidor y la aprobación presidencial", mientras que "Wall Street ya goza de buena salud y el aumento del patrimonio neto de los hogares y los elevados precios de los activos apuntalan la confianza de los sectores de mayores ingresos".

"El mapa exacto del mercado nunca es lineal, pero el instinto es claro: un dólar más débil, unos rendimientos más bajos y una mayor prima de riesgo político serían factores favorables para el oro", concluye.

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