Rabobank espera que el IPC en la eurozona promedie el 3,1% y que el PIB se ralentice al 0,6% en 2026
La guerra en Irán constituye un impacto estanflacionario para la eurozona. Sin embargo, el impacto es desigual entre las mayores economías de la región. "Italia y Alemania se enfrentan a presiones inflacionarias más fuertes y a un mayor lastre para el crecimiento que Francia y España", aseguran en Rabobank.
"Las tensiones en el Golfo se han aliviado en las últimas semanas, pero la situación sigue siendo muy frágil, ya que podría iniciarse o no una segunda ronda de conversaciones de paz. Con señales de escalada y desescalada que se alternan a diario, el alto el fuego sigue siendo, en el mejor de los casos, precario y aún no se ha traducido en un aumento significativo del flujo de energía a través del estrecho de Ormuz. Irán continúa amenazando el transporte marítimo de países no aliados, mientras que EEUU ha comenzado a interceptar buques vinculados a Irán en el extremo oriental del estrecho, lo que mantiene la seguridad marítima en una situación crítica".
Es el panorama descrito por los analistas, cuyo escenario base del conflicto pasa por un estrecho de Ormuz que permanece cerrado de facto hasta finales de abril, tras lo cual los envíos de energía y fertilizantes se reanudarían lentamente. Este escenario provocaría que los precios de la energía alcanzaran su máximo en abril, para luego descender ligeramente hacia el verano, con lo que recuperar los niveles previos a la guerra no volvería hasta 2028.
"El alto el fuego ha llevado a los mercados de futuros a operar como si todo fuera a volver pronto a la normalidad, pero esto parece poco probable. Incluso si el alto el fuego se mantiene, la reanudación de los flujos de energía llevará tiempo, y mucho más aún recuperar los niveles normales. Cuanto más tarde en reabrirse el estrecho y mayor sea el daño permanente a la capacidad de producción, mayor y más prolongado será el aumento de precios. Y este es un fenómeno no lineal", señalan.
En cuanto a las consecuencias para la zona euro, explican que, como importador neto de energía, está altamente expuesta al aumento de los precios energéticos.
Según sus previsiones actuales, en Rabobank esperan que la inflación en la eurozona promedie el 3,1% en 2026 antes de moderarse hasta el 2,5% en 2027, aún por encima de las proyecciones previas a la guerra. Además, vaticinan que el crecimiento se ralentizará al 0,6% este año, seguido de un modesto repunte hasta el 0,9% en 2027.
"El apoyo gubernamental mitiga parcialmente el impacto en la inflación y el crecimiento. También suponemos que los hogares reducen sus aún elevadas tasas de ahorro para apoyar el consumo, no por confianza sino por necesidad, como en 2022. La ventana para un escenario más moderado, en el que el estrecho se abre y los flujos de energía se reanudan más rápidamente, está prácticamente cerrada, mientras que el riesgo de un escenario más severo sigue muy presente", comentan.
Los analistas de la entidad dejan claro que todos los países de la zona euro se ven afectados: "Ningún país será inmune a las repercusiones de los recientes acontecimientos en Oriente Medio, incluso si el transporte marítimo a través del estrecho se normalizara en las próximas semanas".
Sin embargo, tanto el impacto inflacionario como en el crecimiento varía entre los Estados miembros.
Centrando la atención en las cuatro principales economías de la región, en términos de precios, "Italia y Alemania están más expuestas que España y Francia", con unas diferencias que reflejan varios factores, como el papel del gas y el petróleo refinado en la matriz energética, los mecanismos de fijación de precios minoristas de la electricidad y el gas, la fiscalidad energética y el peso de la energía en la cesta de la compra o la magnitud y el diseño de las medidas de apoyo gubernamentales.
Igualmente, en términos de crecimiento, "Alemania e Italia parecen más expuestas que Francia y España", aunque nuestro país "podría ser el primero en experimentar un impacto económico si se produjera una escasez generalizada de combustible para aviones en Europa".
Un riesgo que se mantiene elevado. "Dado que alrededor del 80% de los turistas internacionales llegan por vía aérea, las interrupciones masivas de vuelos supondrían un riesgo significativo para el crecimiento. Un fuerte aumento en los costes de los viajes aéreos, que conllevaría una menor demanda, podría producir efectos similares", exponen.
En última instancia, creen que el impacto en el Producto Interior Bruto (PIB) dependerá no solo de las consecuencias inflacionarias del aumento de los precios de la energía, sino también de cómo los hogares y las empresas ajusten su comportamiento en respuesta al aumento de los costes, la creciente incertidumbre y los tipos de interés más altos.
"Por lo tanto, las interrupciones en el suministro podrían generar importantes efectos indirectos en todas las economías. España parece ser la menos vulnerable en general, ya que entró en la situación actual en una posición cíclica relativamente sólida. Incluso existen indicios, aunque no confirmados, de que podría beneficiarse si el turismo se desviara hacia sus destinos costeros. Por el contrario, es probable que Italia y Alemania sean los países más afectados", aseguran.
