Deutsche descubre a uno de los grandes tapados de la inversión en IA: los robots
La firma germana cree que hay un mercado potencial de entre 5 y 25 billones de dólares
Actualizado : 12:19
La inteligencia artificial (IA) se resiste a pasar de moda. La irrupción de ChatGPT a finales de 2022 dio inicio a una ola de inversión en tecnología como pocas veces se ha visto. Hoy, la inversión está cada vez más diversificada, con los grandes fabricantes de chips de memoria ocupando un papel protagonista en los últimos tiempos. Y es que, pese a los temores y las dudas, pocos cuestionan que esta tecnología está aquí para quedarse y para revolucionar las vidas humanas… y las robóticas.
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Si bien nos hemos acostumbrado a que los robots humanoides de compañías como Boston Dynamics sean poco más que una nota de color y humor en reportajes televisivos, el desarrollo de estas máquinas es asombroso. A mediados de abril, el androide autónomo Shandian completaba la media maratón de Pekín en 50 minutos y 26 segundos, cifra más de dos horas inferior a su marca del año anterior e incluso mejor que el récord mundial establecido por el ugandés Jacob Kiplimo en marzo de este año (57 minutos y 20 segundos).
Lejos de ser un espectáculo vacío, con esta exhibición Pekín buscaba mostrar músculo e impulsar la robótica humanoide como industria, utilizando pruebas en entornos reales para seguir acelerando su desarrollo. Cada imagen viral genera interés y alimenta titulares, pero para Deutsche Bank la clave está en lo que pasa tras el escenario, donde el capital de los grandes inversores fluye hacia estas compañías para tratar de resolver una pregunta: ¿pueden estas máquinas trabajar de forma fiable, segura y rentable a un coste razonable?
¿EL OBRERO DEL FUTURO?
Y es que las primeras aplicaciones comerciales de estos humanoides, indican, no estarán en nuestros hogares, sino en fábricas, centros logísticos y almacenes en los que realizar tareas repetitivas, como mover o clasificar materiales y mercancías. "En la práctica, estas capacidades ya están comenzando a traducirse en casos de uso reales dentro de entornos estructurados", señalan desde la firma germana.
Es en estos entornos donde resulta "mucho más sencillo" calcular el retorno de la inversión. Si un robot trabaja "de forma constante, reduce errores y sustituye tareas difíciles de cubrir por falta de mano de obra", la decisión empresarial, señala Deutsche, "deja de ser tecnológica para convertirse en una decisión económica".
Actualmente, los envíos mundiales de robots humanoides se sitúan en apenas unas decenas de miles de unidades al año y la entidad alemana estima que podrían superar "ampliamente" el millón de unidades anuales durante la próxima década. Sin embargo, este sigue siendo un escenario a largo plazo y no una prueba de una adopción masiva en la actualidad.
"Las demostraciones, los proyectos piloto, los pedidos y los primeros despliegues muestran un claro impulso, pero el despliegue autónomo a gran escala sigue sin estar demostrado", subraya Deutsche Bank. Además, agregan estos expertos, las tesis a largo plazo no sostienen que los humanoides vayan a transformar todos los lugares de trabajo en un futuro próximo. "Más bien, representan una prueba significativa de si la inteligencia artificial puede aumentar la productividad física", recalcan.
Estos escenarios de largo plazo estiman un tamaño de mercado de entre 5 y 25 billones de dólares estadounidenses para todo el ecosistema de los humanoides, lo que refleja "tanto el enorme potencial como la incertidumbre del camino para alcanzarlo". "Esa oportunidad dependerá, en última instancia, de los resultados reales de los despliegues, de la fiabilidad de los sistemas y de su viabilidad económica", destacan estos expertos. "Es poco probable que los humanoides sustituyan al trabajo humano de manera generalizada; su verdadero valor residirá en su capacidad para complementarlo y potenciarlo".
OPORTUNIDADES DE INVERSIÓN
Desde un punto de vista de la inversión, Deutsche cree que el gran beneficiario no será el fabricante final de los robots, sino los principales proveedores de los componentes necesarios para este. Semiconductores, sensores, motores eléctricos, baterías, sistemas de visión artificial o software especializado son solo algunos de los sectores que deberían centrar el interés de los inversores.
Pero no todos serán rentables por igual. Si el mercado se satura, si los clientes cambian de proveedor o si la capacidad se expande más rápido que la demanda, incluso un proveedor "importante" puede ver cómo sufren sus márgenes. Por ello, Deutsche subraya que la tesis de inversión más sólida consiste en identificar dónde los cuellos de botella son más duraderos y dónde una empresa puede conservar poder de fijación de precios a medida que el mercado madura. Y ahí aparecen dos sectores.
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En primer lugar, la autonomía energética. La mayoría de las plataformas se acercan a unas 8 horas de funcionamiento, la mayoría continúa alrededor de las 4 horas, limitadas por la densidad energética de las baterías y la eficiencia de los actuadores. Soluciones como las baterías intercambiables o la carga rápida pueden ayudar, pero añaden complejidad operativa. Sin suficiente autonomía y consistencia, la viabilidad económica seguirá siendo limitada.
Por otro lado, el otro gran obstáculo que identifica la entidad germana es la destreza manual fina. Las tareas más económicamente valiosas —tocar, sujetar, manipular objetos irregulares, trabajar cerca de personas— siguen siendo mucho más difíciles que caminar en línea recta. Gran parte de esa destreza, apuntan, solo se aprende con datos del mundo real. La simulación ayuda, pero no sustituye al despliegue. Esto crea un círculo virtuoso —y una barrera de entrada— nada trivial: quien despliega más robots antes, genera más datos, mejora más rápido, y eso alimenta una ventaja que es difícil de replicar solo con capital.
Además, dice Deutsche, existe una oportunidad de "cola larga" que suele pasar desapercibida: el servicio posventa. Sirvan de ejemplo los concesionarios de coches: las operaciones de taller y repuestos representan una fracción pequeña de los ingresos de un concesionario, pero hasta la mitad de su beneficio bruto —más de 164.000 millones de dólares en 2025 solo en ese segmento—. Si el despliegue de humanoides avanza, mantenimiento, repuestos, actualizaciones de software, recambio de baterías y gestión de fin de vida útil podrían replicar ese patrón. Todavía es pronto para esa tesis, pero merece estar en el radar.
Por último, la firma germana subraya que la exposición de los inversores a la robótica humanoide se articula cada vez más a través de vehículos diversificados en lugar de centrarse exclusivamente en fabricantes finales. En 2026, las carteras temáticas relacionadas con humanoides obtienen rentabilidades acumuladas cercanas al 25%, reflejando un fuerte interés inicial y la convicción de que el valor reside en todo el ecosistema más que en la monetización directa de los fabricantes.
Asimismo, los primeros indicadores muestran que los márgenes operativos en algunas partes de la cadena de valor están evolucionando desde cifras de un solo dígito elevado hasta aproximadamente el 20%, impulsados por el crecimiento inicial de los ingresos y el comienzo de economías de escala operativas.
Al mismo tiempo, la estructura de costes continúa siendo elevada. "Los gastos de ventas, generales y administrativos (SG&A), junto con la inversión en investigación y desarrollo (I+D), aumentan significativamente para respaldar la comercialización y la integración de estas tecnologías", explica Deutsche.
Esta combinación —mejora del rendimiento operativo junto con una elevada intensidad de capital— resulta típica de las tecnologías de plataforma durante las primeras fases de adopción. Esta dinámica, subrayan, "ya empieza a reflejarse" en los mercados financieros: durante el último año, las compañías vinculadas a humanoides y robótica han registrado una rentabilidad media cercana al 60%, frente al aproximadamente 23% del S&P 500.
"Este mejor comportamiento indica que los inversores están posicionándose para capturar el crecimiento del ecosistema a largo plazo, incluso cuando el despliegue masivo sigue siendo limitado y las expectativas se apoyan más en cambios estructurales que en beneficios visibles a corto plazo", concluyen estos expertos.