El WTI subía un 4% hasta los 84,13 dólares, mientras el Brent avanzaba un 2% hasta los 87,17 dólares. En el conjunto de la semana, el crudo estadounidense acumula una subida del 25% y el Brent del 19%, sus mayores avances semanales desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.
El gran catalizador de esta nueva escalada ha sido la advertencia del ministro de Energía de Qatar, Saad al-Kaabi, quien ha señalado que la guerra podría forzar a los países del Golfo Pérsico a detener por completo sus exportaciones energéticas en cuestión de semanas.
Según esa visión, el petróleo podría llegar a los 150 dólares por barril, un nivel que tendría implicaciones muy serias para la economía global. No es solo una cuestión de precio del crudo: un salto de esa magnitud reactivaría el miedo a una nueva oleada inflacionista, endurecería las condiciones financieras y pondría bajo presión a los mercados de renta variable.
La clave sigue estando en el estrecho de Ormuz, donde el tráfico petrolero permanece prácticamente detenido. El mercado asume que, mientras no se normalice el paso de buques, el riesgo de desabastecimiento seguirá muy presente.
El artículo original menciona que solo un buque de gas licuado, sancionado por Estados Unidos, habría conseguido cruzar la zona, probablemente para transportar energía iraní hacia China. Al mismo tiempo, Washington ha autorizado temporalmente a refinerías indias a comprar petróleo ruso bloqueado en el mar durante 30 días, en una medida de urgencia para aliviar parte de la presión.
Lo más preocupante no es solo el repunte del crudo, sino su posible duración. Si el conflicto se prolonga y el estrecho sigue funcionando a medio gas, el mercado podría empezar a descontar efectos de segunda ronda sobre inflación, tipos de interés y crecimiento.
El mercado energético ha entrado en una fase claramente más peligrosa. Mientras no haya una desescalada creíble o una reapertura efectiva de Ormuz, el sesgo del petróleo seguirá siendo alcista y cualquier retroceso puede ser temporal.
Nuestra lectura es directa: si el crudo se mantiene en esta zona o continúa subiendo, volverán al primer plano tres riesgos que el mercado prefería olvidar: inflación persistente, retraso en los recortes de tipos y deterioro del crecimiento. En ese entorno, energía y defensa seguirán fuertes, mientras que consumo, industriales y tecnología de múltiplos exigentes podrían sufrir más.

