Iván San Félix de Renta 4 Banco
IAG afronta el actual repunte de la incertidumbre geopolítica desde una posición operativa y financiera sólida, pero la evolución del precio del petróleo será determinante para valorar hasta dónde puede llegar el impacto de la guerra en Irán sobre la compañía. Esa es la idea central del análisis de Iván San Félix, que considera que el grupo aéreo mantiene fundamentos robustos, aunque reconoce que el escenario ha ganado complejidad en muy poco tiempo.
Hasta ahora, 2025 estaba siendo un ejercicio claramente favorable para IAG. El tráfico aéreo avanzaba de forma moderada, el ingreso unitario por pasajero se mantenía estable y los costes unitarios descendían ligeramente gracias, sobre todo, a la caída previa del gasto en combustible. Ese contexto permitió que el EBIT antes de extraordinarios creciera un 13% en 2025 y que el margen EBIT superara el 15%, un nivel sensiblemente superior al de otras grandes aerolíneas europeas.
La situación financiera del grupo también refuerza esa imagen de solidez. IAG presenta un ratio de deuda neta sobre EBITDA de 0,9 veces, un nivel de liquidez muy elevado —equivalente al 35% de los ingresos de 2025— y un calendario de vencimientos de deuda relativamente cómodo. Esa posición ha permitido a la compañía no solo elevar el dividendo con cargo a 2025 hasta 0,098 euros por acción, sino también poner en marcha un nuevo programa de recompra de acciones por 1.500 millones de euros, más del 6% de su capitalización.
Ese punto es importante, porque en un sector tan sensible al combustible, a la demanda y al contexto macro, contar con margen financiero marca una gran diferencia. No evita el golpe si el entorno empeora, pero sí da más capacidad para aguantarlo sin deteriorar de forma abrupta la estructura del grupo.
El principal riesgo ahora está en el petróleo. Aunque la exposición directa de IAG a Oriente Medio es reducida, por debajo del 3% de su capacidad, una prolongación del conflicto o una extensión geográfica de la guerra sí podría tener efectos relevantes sobre el grupo. No tanto por su presencia en la zona, sino por el encarecimiento del combustible, el posible deterioro del tráfico y el impacto indirecto sobre la confianza del consumidor.
De momento, el análisis considera que la guerra no debería alargarse demasiado, que el impacto en reservas seguirá siendo limitado en los principales mercados de IAG —Europa occidental, Norteamérica y Latinoamérica— y que el coste del combustible permanecerá relativamente contenido gracias a las coberturas, que superan el 60% para 2026.
Aun así, la casa de análisis ha optado por revisar ligeramente sus previsiones. Reduce en medio punto porcentual la estimación de tráfico para 2026, ajusta los costes unitarios ex combustible en línea con la guía de la compañía y eleva en unos 500 millones de euros la previsión de gasto en combustible. Con ese ajuste, el EBIT antes de extraordinarios de 2026 se situaría en torno a 5.067 millones de euros, todavía ligeramente por encima del nivel estimado para 2025.
Con este escenario, Iván San Félix mantiene la recomendación de sobreponderar, aunque recorta ligeramente el precio objetivo hasta 5,20 euros por acción, frente a los 5,30 euros anteriores. La rebaja es pequeña y refleja más una revisión prudente del contexto que un deterioro estructural de la tesis.
La conclusión es razonable: la caída del valor desde el inicio de la guerra puede haber abierto una oportunidad de entrada, pero no para cualquiera. La incertidumbre sigue siendo elevada y el potencial del valor dependerá en gran medida de cómo evolucione el crudo en las próximas semanas. Por eso, la recomendación encaja sobre todo con inversores dispuestos a asumir volatilidad y capaces de tolerar un entorno todavía muy inestable.