La histórica caída sufrida por IBM no solo refleja los problemas concretos de la compañía. Su advertencia sobre beneficios ha dejado una lectura más amplia para el conjunto del sector tecnológico: el gasto destinado a inteligencia artificial está favoreciendo cada vez más al hardware y restando presupuesto a las compañías de software y servicios.
IBM se desplomó ayer un 25,2%, la mayor caída diaria de su historia, después de presentar unos resultados preliminares del segundo trimestre claramente inferiores a las previsiones. Sin embargo, el movimiento más relevante se produjo en el resto del mercado, donde las acciones de software retrocedieron mientras los fabricantes de chips, memoria y almacenamiento avanzaron con fuerza.
IBM reconoció que había subestimado la magnitud del cambio en las prioridades de inversión de sus clientes durante las últimas semanas de junio.
Ante la escasez de determinados componentes y la expectativa de nuevas subidas de precios, numerosas empresas decidieron adelantar la compra de servidores, memoria, almacenamiento y chips. Este movimiento redujo el dinero disponible para contratar software, consultoría y otros servicios tecnológicos.
El consejero delegado de IBM, Arvind Krishna, explicó que la compañía esperaba cierto impacto derivado de los problemas en la cadena de suministro, pero no anticipó la intensidad de esta reasignación del gasto.
El mensaje es especialmente importante porque los presupuestos tecnológicos de las grandes empresas no son ilimitados. Cuando aumenta la inversión en infraestructura física, disminuye necesariamente la capacidad de gasto en otras áreas.
La advertencia de IBM provocó una reacción negativa en buena parte del sector del software empresarial. ServiceNow cayó un 5,8%, Workday perdió un 3,5%, SAP retrocedió un 3,2% y Salesforce cedió un 2,1%.
Los inversores temen que el cambio observado por IBM no sea un fenómeno aislado, sino una tendencia que también pueda afectar a otras compañías cuando presenten sus resultados.
ServiceNow y SAP publicarán sus cuentas la próxima semana, por lo que el mercado analizará con especial atención si sus clientes también han retrasado contratos o reducido sus presupuestos de software para priorizar infraestructura de inteligencia artificial.
La gran pregunta es si los resultados de IBM representan un problema específico de ejecución o una señal adelantada de una presión más amplia sobre el software empresarial.
Mientras las compañías de software sufrían, los fabricantes de hardware registraron fuertes avances. Sandisk subió un 5%, Micron avanzó un 4,9%, Seagate ganó un 2,1% y Western Digital se revalorizó un 1,4%.
Entre los fabricantes de semiconductores, Intel avanzó alrededor de un 4,5%, Nvidia ganó un 4,1%, AMD subió un 2,6%, Marvell se anotó un 2,3% y Broadcom cerró con un avance del 1,3%.
La reacción confirma que los inversores interpretan la advertencia de IBM como una señal favorable para las empresas que suministran la infraestructura física necesaria para desarrollar y ejecutar aplicaciones de inteligencia artificial.
La escasez de memoria, almacenamiento y capacidad de procesamiento está elevando los precios y obligando a las empresas a asegurar el suministro antes de que los costes aumenten todavía más.
Durante los últimos meses, una de las principales preocupaciones del mercado era que la inteligencia artificial pudiera reducir la demanda de determinados productos de software o hacer menos defensivos algunos modelos de negocio basados en suscripciones.
La advertencia de IBM añade ahora un segundo riesgo: incluso cuando el software siga siendo necesario, las empresas pueden retrasar su contratación porque están destinando una proporción mayor de sus presupuestos a servidores, chips y sistemas de almacenamiento.
Este desplazamiento no implica necesariamente una caída estructural de la demanda de software, pero sí puede provocar retrasos en grandes contratos, menor crecimiento de los ingresos y mayor presión comercial durante varios trimestres.
El efecto parece especialmente negativo para las compañías de consultoría y servicios informáticos, cuyos proyectos pueden aplazarse con mayor facilidad cuando los clientes necesitan reservar capital para inversiones físicas.
No toda la debilidad de IBM puede atribuirse al cambio general de los presupuestos tecnológicos. La compañía reconoció problemas específicos en el lanzamiento de su mainframe z17 y en el software asociado, especialmente en procesamiento de transacciones.
IBM también admitió que numerosos contratos importantes no se cerraron dentro de los plazos previstos y que la ejecución comercial fue peor de lo esperado.
Los ingresos preliminares ascendieron a 17.200 millones de dólares, un 1% más que el año anterior, pero por debajo de los 17.860 millones previstos. El beneficio ajustado fue de 2,93 dólares por acción, frente a los 3,01 dólares esperados por el consenso.
Por tanto, el desplome de IBM combina dos factores: una ejecución interna deficiente y un cambio más amplio en la forma en que las empresas distribuyen sus presupuestos tecnológicos.
La brecha entre hardware y software ya es significativa. El índice de semiconductores de Filadelfia acumula una subida cercana al 79% en 2026, mientras que el ETF iShares Expanded Tech-Software Sector pierde más de un 11%.
Los resultados que presentarán próximamente Intel, Texas Instruments, ServiceNow y SAP permitirán comprobar si esta divergencia continúa ampliándose.
Por ahora, el mensaje que deja IBM es claro: la inversión en inteligencia artificial sigue siendo fuerte, pero los principales beneficiarios están siendo las compañías que fabrican la infraestructura física. El software continúa siendo esencial, aunque debe competir por una parte cada vez menor de unos presupuestos tecnológicos limitados.
