El director financiero de Bankinter, Jacobo Díaz, ha señalado que la entidad espera poder deducirse por completo el impuesto a la banca en 2026 y 2027, del mismo modo que ya ha sucedido en 2025. Así lo ha explicado durante la presentación de resultados anuales, en declaraciones recogidas por Europa Press, donde ha detallado que el diseño actual del gravamen y las deducciones asociadas al Impuesto de Sociedades permiten que el impacto neto del tributo sea prácticamente nulo para el banco.
El impuesto específico al sector financiero, que inicialmente generó una fuerte contestación por parte de las entidades, se ha ido modulando con el tiempo, pasando a tener carácter progresivo y permitiendo deducciones de hasta el 25% vía Sociedades. En el caso concreto de Bankinter, la elevada factura fiscal que paga por beneficios —sin arrastrar grandes créditos fiscales ni haber recurrido a fusiones recientes— facilita que el banco pueda compensar totalmente el importe teórico del gravamen extraordinario.
En la práctica, esto significa que Bankinter confía en seguir dejando el pago efectivo del impuesto en cero también en los próximos ejercicios, siempre que se mantenga el marco normativo actual y el nivel de resultados previsto.
El hecho de poder neutralizar el impuesto a la banca aporta a Bankinter una ventaja relativa frente a otras entidades con menos capacidad de deducción, al liberar recursos que se traducen en un beneficio neto mayor y en un retorno adicional para el accionista. No obstante, desde la entidad se mantiene el discurso crítico con la propia figura del gravamen, al considerarlo un elemento distorsionador y discriminatorio para el sector financiero.
De cara a los inversores, el mensaje es doble: por un lado, la confirmación de que el impuesto no erosionará los resultados de 2025, 2026 y 2027 en términos contables; por otro, la reafirmación de una política fiscal y de capital conservadora, capaz de absorber este tipo de figuras sin comprometer la trayectoria de crecimiento del banco.
En un contexto en el que el mercado sigue muy pendiente del impacto de los impuestos extraordinarios sobre la banca, el caso de Bankinter se convierte en un ejemplo de cómo el diseño técnico del tributo y la estructura fiscal de cada entidad pueden marcar grandes diferencias en el resultado final.