El mercado está enviando una señal incómoda: el shock energético es extremo, pero el resto de activos aún no lo está reflejando. Según el análisis de RBC Capital Markets, el petróleo está experimentando un movimiento propio de un “cisne negro”, mientras que bolsas, bonos y divisas siguen comportándose como si nada extraordinario estuviera ocurriendo.
La divergencia es evidente. El crudo ha registrado un movimiento equivalente a siete desviaciones estándar, algo extremadamente raro, mientras que el resto de activos apenas se mueven en rangos de 1 a 1,5 desviaciones, es decir, dentro de la normalidad estadística.
La lectura implícita es clara: los inversores están descontando que el conflicto en Irán será contenido o que, incluso si persiste, no será suficiente para dañar de forma estructural la economía estadounidense.
RBC plantea tres posibles explicaciones para esta aparente calma:
Uno de los elementos más llamativos es el comportamiento del VIX. La volatilidad ha repuntado con fuerza —un movimiento que históricamente solo ocurre en un 5% de los casos desde el año 2000—, pero sin el correspondiente ajuste en las bolsas.
Este desacople es raro. En episodios similares, lo habitual es que el mercado de renta variable acabe corrigiendo entre un 5% y un 15%, y en algunos casos más. Sin embargo, hasta ahora el S&P 500 apenas ha salido de su rango lateral de los últimos meses.
El escenario a vigilar es claro: si la volatilidad sigue aumentando y el conflicto no se resuelve —especialmente si persisten los problemas en el estrecho de Ormuz—, el mercado podría entrar en una fase de ajuste más típica.
Los estrategas apuntan a que, en ese caso, el S&P 500 podría moverse hacia un rango de caída de entre 5% y 20%, alineándose con lo que históricamente ocurre cuando el shock de volatilidad se traslada al precio de los activos.
