Por Javier Molina, analista de Mercados de eToro
Se despidió el mes de mayo con un repunte bursátil que, sobre el papel, invita al optimismo. El SP500 avanzó un 6,2%, apoyado en un PIB revisado al alza, en un PCE que no sorprendió negativamente y con las cuentas de Nvidia que volvió a romper las previsiones positivas. A simple vista, un mes casi perfecto. Pero el mercado está corriendo sobre un suelo que tiembla.
Primero, el juego de los aranceles. Cada vez que el índice se acerca a máximos, la Casa Blanca endurece el discurso con China y, si la bolsa se amilana, llega la tregua. Esa mecánica, que ha sido bautizada como “TACO” (Trump Always Chickens Out), mantiene la volatilidad en permanente estado de alerta. Treinta anuncios de tarifas en 84 jornadas bursátiles no son anécdota, moldean expectativas y fatigan al capital paciente.
Segundo, la “guerra del capital”. El borrador presupuestario republicano incluye la “Sección 899”, que autoriza gravar hasta un 20% los rendimientos que los extranjeros obtienen de activos estadounidenses. De aprobarse, encarecería la financiación del Tesoro justo cuando el déficit necesita compradores fieles. El mensaje para los grandes fondos soberanos es inquietante: invertir en Estados Unidos ya no tendría la puerta tan abierta.
Tercero, la calle habla. El índice de confianza de la Universidad de Míchigan sigue en niveles propios de recesión. Pausar los aranceles apenas ha detenido la caída del ánimo del consumidor, y las rebajas fiscales no se perciben aún en el bolsillo medio. Una bolsa alcista no garantiza respaldo social duradero al ciclo.
Mientras Estados Unidos lidia con este ruido político, el dinero migra hacia la renta fija europea. Bonos corporativos de alta calidad a corto plazo llevan catorce semanas de flujos positivos. El high yield en euros encadena tres y acelera. La deuda emergente en divisa firma su mejor racha desde enero de 2023. La salida de los fondos monetarios explica el origen de ese capital, donde el carry europeo gana atractivo frente al efectivo bajo un Banco Central Europeo claramente “dovish”.
¿Qué hacemos ahora?
Para quien ya esté expuesto a renta variable, no tenemos evidencias razonables que le hagan salir de mercado. Salvo por lo inicios de cierta distribución, la verdad es que la micro sigue respaldando las valoraciones de calidad y el relato de la inteligencia artificial no muestra fatiga inmediata. Otra cosa es el nuevo capital, donde ahí conviene ser muy selectivo, centrarse en sectores con “momentum positivo” y delegar en gestión activa capaz de sortear sobresaltos políticos.
En renta fija, la combinación que mejor optimiza el actual momento es el crédito europeo de corta duración, complementado con una pizca de high yield de buena calidad y algo de deuda emergente cubierta en euros. Ese movimiento puede financiarse aligerando posiciones en fondos monetarios, que ya ofrecen menos que muchos bonos de primera línea.
Los precios celebran el presente mientras que, los flujos insinúan el futuro. Hoy siguen respaldando la renta fija europea y mantienen, con matices, la apuesta por la renta variable. Pero bastará un cambio de melodía, otra escalada arancelaria o un paso en falso en la “guerra del capital”, para que el dinero vuelva a mover ficha.
Escuchar ese murmullo antes que los demás es la ventaja oculta del inversor atento.
