Esta señal de mercado bajista que los inversores están ignorando está poniendo su dinero en riesgo ahora mismo.
Actualizado : 09:00
- Steve Burns advierte de que el mercado puede sufrir una caída severa en los próximos años.
- Su señal principal de protección es clara: salir a liquidez si el SPY pierde la media móvil de 200 días.
- El mayor riesgo para los inversores no es solo el mercado, sino la mezcla de miedo, codicia y ego.
El mercado estadounidense sigue cerca de máximos, pero algunos operadores veteranos empiezan a mirar el ciclo con bastante más cautela. Steve Burns, fundador de NewTraderU.com y autor de numerosos libros sobre bolsa, psicología de mercado y gestión del riesgo, considera que muchos inversores están ignorando una señal bajista sencilla que podría proteger sus carteras en un entorno adverso.
Su planteamiento no parte de una predicción concreta sobre el día exacto en que pueda llegar una caída, sino de una idea más práctica: cuando el mercado deja de estar en tendencia alcista, la prioridad debe ser preservar capital. En su opinión, los inversores suelen cometer dos errores opuestos: vender demasiado tarde, cuando ya acumulan pérdidas importantes, o no vender nunca, confiando en que todo acabará recuperándose.
La media de 200 días como línea defensiva
Burns defiende una regla muy simple: si el SPDR S&P 500 ETF Trust, más conocido como SPY, cierra por debajo de su media móvil de 200 días, el inversor debería pasar a liquidez. Cuando vuelve a cerrar por encima, se regresa al mercado.
La lógica de esta estrategia es evitar las grandes fases bajistas sin intentar adivinar cada giro del mercado. No se trata de vender en el máximo ni de comprar en el mínimo, sino de reducir exposición cuando la estructura de fondo se deteriora.
La idea central es incómoda para la industria financiera: estar en liquidez también es una posición. Y, en determinados momentos del ciclo, puede ser la más racional.
Burns sostiene que muchos asesores no recomiendan salir a efectivo porque sus ingresos dependen del capital gestionado. Si el cliente está en liquidez, el incentivo económico del gestor o del producto financiero cambia. Por eso, según su visión, el consejo de “mantenerse siempre invertido” no siempre responde solo al interés del inversor.
El peligro de promediar a la baja
Otra advertencia importante afecta a una práctica muy extendida entre minoristas: promediar a la baja en acciones individuales. Burns considera que puede ser uno de los errores más caros para una cartera.
La trampa psicológica es sencilla. Una acción parece atractiva a 100 dólares, más barata a 75 y aparentemente irresistible a 50. Pero el problema es que muchas compañías nunca recuperan sus máximos. Los índices sí tienden a renovarse porque incorporan ganadores y expulsan perdedores, pero una acción concreta puede quedar atrapada durante años o incluso desaparecer.
- En índices: promediar puede tener más sentido porque el propio índice se va reajustando hacia las compañías ganadoras.
- En acciones individuales: exige un conocimiento fundamental profundo y una tesis muy sólida.
- En valores especulativos: puede convertirse rápidamente en una forma de negar una pérdida evidente.
Miedo, codicia y ego: los tres grandes enemigos
Para Burns, los inversores suelen destruir valor por tres vías emocionales: miedo, codicia y ego. El miedo impide cortar pérdidas porque el inversor no quiere reconocer el error. La codicia le empuja a arriesgar demasiado cuando ya ha ganado dinero. Y el ego le lleva a defender una opinión incluso cuando el mercado la está desmintiendo.
Esta combinación es especialmente peligrosa en fases de euforia. Cuando el mercado lleva años subiendo, muchos inversores confunden una tendencia favorable con habilidad propia. El problema aparece cuando cambia el ciclo y la disciplina desaparece.
La diferencia entre un inversor disciplinado y uno vulnerable no está en acertar siempre, sino en saber cuánto puede perder cuando se equivoca.
No basta con comprar y mantener
Burns no descarta la inversión indexada a largo plazo, pero advierte de que no siempre ha sido una estrategia cómoda. Recuerda que hubo largos periodos históricos, como desde el máximo de 1929 hasta comienzos de los años cincuenta, en los que el mercado apenas ofreció rentabilidad real positiva. También los años setenta fueron especialmente duros para los inversores.
Su argumento es que el gran mercado alcista iniciado en los años ochenta ha condicionado demasiado la percepción actual. Muchos inversores han interiorizado que comprar y mantener siempre acaba funcionando, pero esa idea depende en parte de factores como la expansión monetaria, el gasto público y el papel de la Reserva Federal.
Por eso, Burns cree que los inversores deberían estar preparados para un posible drawdown del 50% en los próximos cinco a diez años. No lo plantea como certeza inmediata, sino como un escenario que conviene tener previsto antes de que suceda.
La gestión del riesgo como ventaja real
Para operar de forma consistente, Burns resume la clave en tres elementos: una estrategia con esperanza matemática positiva, una gestión del riesgo integrada en el sistema y la disciplina necesaria para ejecutarla en distintos entornos de mercado.
Sin esos tres componentes, el inversor queda a merced de sus emociones. Puede acertar durante un tiempo, especialmente en mercados alcistas, pero tarde o temprano una mala racha o una caída violenta pondrá a prueba la solidez de su método.
La lección de fondo es clara: preservar capital es tan importante como buscar rentabilidad. En mercados alcistas, estar en liquidez parece una pérdida de oportunidad. En mercados bajistas, puede convertirse en la diferencia entre seguir jugando o quedar atrapado durante años.