El miedo a la disrupción tumba a Microsoft… y Goldman dice comprar
Microsoft acumula una caída relevante en lo que va de 2026, arrastrada por el creciente temor a que la inteligencia artificial termine alterando el negocio tradicional de Office y por un crecimiento de Azure que algunos inversores consideran insuficiente. Sin embargo, Goldman Sachs cree que el mercado está sobrerreaccionando y ve la corrección como una oportunidad clara para entrar en el valor.
El banco ha reiterado su recomendación de compra sobre el gigante tecnológico y mantiene un precio objetivo a 12 meses de 600 dólares, lo que implicaría un potencial de revalorización cercano al 50% desde los niveles actuales.
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Desde comienzos de año, las acciones de Microsoft han retrocedido alrededor de un 17%, en línea con el castigo generalizado a las grandes tecnológicas ante el miedo a que la IA erosione modelos de negocio consolidados. Tras la publicación de resultados, el valor llegó a desplomarse cerca de un 10%, pese a que Azure y el resto de servicios en la nube crecieron un 39% interanual. El problema no fue tanto la cifra en sí, sino que quedó ligeramente por debajo del ritmo del trimestre anterior y de las expectativas más optimistas del mercado.
Según la analista Gabriela Borges, parte de la presión se explica por la revisión al alza del gasto de capital, lo que ha reactivado dudas sobre el retorno de la inversión y la posición competitiva de Azure frente a otros grandes proveedores cloud.
Uno de los puntos clave es cómo Microsoft está gestionando su capacidad de cómputo. El crecimiento de Azure depende en gran medida de cuánta nueva capacidad se pone en funcionamiento y cómo se distribuye entre clientes externos —que generan ingresos visibles— y usos internos como Copilot, investigación y desarrollo. Actualmente, la compañía sigue operando con ciertas limitaciones de oferta y está destinando una mayor proporción de capacidad incremental a iniciativas internas estratégicas.
Esto significa que parte del enorme esfuerzo inversor en infraestructura de IA todavía no se refleja directamente en los ingresos reportados de Azure. A corto plazo, esa falta de monetización visible alimenta las dudas del mercado.
Goldman utiliza una metáfora para explicarlo: el “efecto iceberg”. Una parte del gasto en cómputo está por encima de la superficie, es decir, genera ingresos inmediatos y se ve claramente en Azure u Office 365. Otra parte permanece bajo el agua: no se monetiza hoy, pero es estratégica y podría traducirse en ingresos en el futuro.
De hecho, la propia compañía ha señalado que, si hubiese asignado más capacidad a Azure en lugar de a usos internos, el crecimiento del segundo trimestre habría superado el 40%, frente al 38% finalmente reportado.
En resumen, Goldman considera que la desaceleración percibida es más una cuestión de asignación temporal de recursos que un problema estructural de demanda o competitividad. Bajo esta lectura, la caída reciente refleja temores a corto plazo y no un deterioro fundamental del negocio.
Por eso el banco insiste en que, tras el retroceso, Microsoft ofrece un punto de entrada atractivo para inversores con horizonte de medio y largo plazo.