Les deseamos a los inversores un...¡Feliz 2036!

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Capitalbolsa | 15 ene, 2026

Puntos clave
  • Pensar en 2036 obliga a mirar más allá de las previsiones de 2026, que se quedan pequeñas muy rápido.
  • La mayor cotizada del mundo probablemente cambiará: la historia reciente ha destronado a Exxon, Apple y ahora a Nvidia.
  • Concentrarse solo en tecnología puede ser un error: metales, defensa y bonos pueden marcar la próxima década.

“¡Feliz 2036!”: con ese guiño arranca la reflexión de Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l'Échiquier (LFDE). La idea es tan simple como incómoda: las previsiones financieras para 2026, dentro de nada, quedarán superadas, o directamente serán irrelevantes. Si queremos gestionar bien una cartera, el verdadero valor está en levantar la vista y pensar en el horizonte de diez años.

La historia se repite: en diez años, cambian los reyes

Bienvenu recuerda un patrón que suele pasar desapercibido en los ciclos alcistas: las revoluciones económicas y financieras tienen un efecto implacable de destrucción creativa. En 2005, la mayor empresa cotizada era Exxon, símbolo del dominio del petróleo. En 2015, tras la revolución del smartphone, la corona la llevaba Apple. Y hoy el liderazgo lo ostenta Nvidia, tras una década de revalorización descomunal.

A este ritmo, y si no surge una gran “nueva revolución” capaz de devolver a Apple al centro de la innovación, parece difícil cerrar la brecha con Nvidia. Pero precisamente por eso, el autor sugiere que lo más probable no es un reinado eterno, sino que también Nvidia acabe siendo reemplazada dentro de diez años.

La pregunta de verdad no es quién manda hoy, sino quién puede mandar en 2036.

¿La próxima estrella será otra tecnológica… o algo totalmente distinto?

El texto plantea varias posibilidades. Una, tentadora, sería que la siguiente gran estrella siga siendo tecnológica. Se menciona el caso de Palantir, que ha tenido un comportamiento explosivo en los últimos años y cotiza a múltiplos muy exigentes sobre beneficios esperados. Eso abre un debate incómodo: cuando una acción ya descuenta un futuro brillante con valoraciones extremas, la rentabilidad futura depende de que el futuro sea todavía mejor que el que ya se paga hoy.

Pero Bienvenu también deja otra hipótesis encima de la mesa, casi irónica en el contexto actual: que el liderazgo de 2036 venga de la “vieja economía” dentro de la “nueva economía”. En un mundo que necesita electrificarlo todo, los metales se vuelven críticos. Y ahí aparece una idea que hoy suena rara, pero que podría ser perfectamente plausible si la oferta y la demanda se desequilibran durante años: ¿y si la mayor cotizada del mundo en 2036 fuese una gran minera?

De hecho, el autor apunta que el movimiento de algunos metales podría ser solo el inicio de un ciclo más largo, si la tensión estructural entre oferta y demanda se mantiene.

Defensa y “guerra digital”: otro candidato incómodo

Hay un tercer bloque que gana peso: los valores ligados a la seguridad y la defensa, incluida su dimensión tecnológica. En un mundo donde la competencia por la dominación global se intensifica y se extiende incluso al espacio, no sería extraño que ciertos negocios vinculados a esa carrera se convirtieran en los nuevos “faros” bursátiles.

La conclusión práctica es clara: concentrar la cartera únicamente en tecnología puede ser contraproducente. La década de 2020 ha reforzado esa tentación, pero el horizonte 2036 podría recompensar más a quien diversifique hacia los “sectores inevitables” de la próxima fase.

Tecnología sí… pero no a ciegas. Metales, defensa y otras temáticas pueden ser la sorpresa de la próxima década.

Y los bonos: el gran riesgo puede ser la deuda pública

Bienvenu no se queda solo en la renta variable. También pone el foco en los bonos y en un riesgo que podría marcar el próximo ciclo: el deterioro de la confianza en la deuda pública. Si la trayectoria de endeudamiento de Estados Unidos continúa, los inversores podrían exigir una prima mayor para financiarla. En ese escenario, los tipos podrían tender a subir de forma estructural y los movimientos de divisas y activos refugio volverían a tener un papel protagonista.

Con esa lógica, el autor sugiere que, pensando en 2036, conviene ser prudente con la exposición a bonos estadounidenses y también moderar el peso del dólar en cartera, especialmente si el mercado empieza a penalizar desequilibrios fiscales prolongados.

Cierre: ojalá 2036 sea más estable de lo que tememos

La reflexión final de Bienvenu es casi un deseo: que la inteligencia humana, apoyada por la artificial, sea capaz de encontrar soluciones para que los escenarios más extremos no se materialicen. Porque, si algo deja claro este ejercicio de “mirar una década hacia adelante”, es que los riesgos no desaparecen: se transforman. Y la clave estará en anticiparlos sin caer en la trampa de invertir solo mirando el retrovisor.

Fuente: Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l'Échiquier (LFDE).

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