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Cobra Kai o cómo hacer una serie que nace de los 80 y sorprende por sus aciertos

En el ápice de la era de oro de la televisión, cada vez más cadenas y servicios digitales aparecen para crear contenido de calidad al que se le suma ese «boom» que existe actualmente por realizar todo tipo de series basadas en la década de los 80 (Stranger Things, GLOW) y parece que por fin tenemos algo que nace realmente de los ochenta y que además surge en una nueva plataforma que vamos a seguir con atención.

Teniendo en cuenta el éxito de YouTube desde hace años, era de esperar que tarde o temprano nos sorprendieran con contenidos originales y aunque ya hace tiempo que lanzan webseries parece que por fin han dado con una ficción que puede hacer las delicias de más de uno este verano.

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Nos estamos refiriendo como no a Cobra Kai que para quien no lo sepa es una especie de secuela de Karate Kid, película que marcó a muchos precisamente en los 80, de modo que damos con un interesante producto que además nace directamente como ninguna otra de la generación de moda.

Para los que crecieron viendo las películas de Karate Kid, y para los que no sepan de que hablamos, Cobra Kai es una serie que puede gustar a todos. Que distrae, divierte y como no, reaviva la rivalidad entre Daniel LaRusso y Johnny Lawrence, personajes que como en las películas, ahora para la serie interpretan. Ralph Macchio y William Zabka .

El primero, vencedor inusitado del campeonato de lucha, se ha convertido con los años en un hombre de éxito, bien casado y con una buena familia, mientras que el segundo envejece fracasado y solo. La serie podría hacer escarnio de uno para glorificar al otro, pero no, desde el comienzo da la sensación de que los iguala y de hecho enseguida cruzan sus caminos cuando Lawrence ve la oportunidad de llevar su antiguo dojo de nuevo a enseñar a Miguel ( Xolo Maridueña ), su vecino, para defenderse de los matones de la escuela.

Desde el principio, el espectáculo no se asusta de su legado, sino que lo abarca de forma nostálgica: además de Zabka y Macchio de nuevo en sus papeles clásicos, encontramos todos los elementos de la estética que tanto nos gustó en aquellas películas, si hasta incluso mantienen los coches retro y parte de su banda sonora. Al mismo tiempo, el estilo visual no parece exagerar en el homenaje y, al final, parece algo salido directamente de la época. Desafortunadamente, lo único que parece haber quedado atrás son las luchas. Con coreografías débiles y escenas picotadas que no hacen justicia a la obra original, estas poco entusiasman hasta los capítulos finales.

Al mismo tiempo, Cobra Kai reconoce los años. Cada dos por tres la serie recuerda cómo los acontecimientos de la película de John G. Avildsen ha acabado formando las vidas de los protagonistas y la forma en que están condenados a repetirse. Es ahí donde las partes más interesantes de la serie empiezan a aparecer, mostrando una historia sobre los desafíos, derrotas y victorias de la paternidad. Daniel y Johnny son como decimos equiparados. Los dos son hombres con problemas parecidos, aún más en lo que se refiere a los padres. Ambos encontraron en el karate no sólo la personalidad y la camaradería, sino que también pudieron dar con figuras paternas en las formas del icónico Sr. Miyagi ( Pat Morita ) y Kreese ( Martin Kove ), respectivamente.

Con la llegada de nuevos aprendices, la serie trae a la luz el debate entre generaciones, con los dos tratando de repetir su influencia para jóvenes, y como parte de un mundo y una sociedad en constante evolución. La serie viene de una época y acierta de pleno al hacer bromas con las extrañas tendencias de los Millennials y de la Generación Z,  pero resalta la importancia del diálogo: para el público más joven, la serie recuerda que hay valor en el conocimiento de los mayores; mientras que para los que tienen más años, explica que las lecciones necesitan estar abiertas a nuevas interpretaciones para tener utilidad en nuevas realidades y dinámicas sociales.

Eso es lo que hace precisamente Cobra Kai, abre heridas del pasado para poder mostrarlas en el presente con la intención de sanar de una vez por todas, aprendiendo de los errores y de lo vivido. Para nada la serie bebe de la nostalgia. Todo lo contrario asume el legado que tiene encima e intenta mejorar. No estamos para nada ante la mejor serie del año, pero en ciertos aspectos sorprende para bien y quizás sea de esos «placeres culpables» que poder disfrutar este verano. Además ya está renovada para una segunda temporada de modo que no te la pierdas. La puedes ver aquí.

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