Exconectados, una generación a espaldas de Internet: "Da la impresión que desapareces de la faz de la tierra"

Enric Puig destapa en su libro 'La gran adicción' la realidad sobre un grupo, cada vez más grande, de jóvenes que prefieren vivir alejados de la red

  • Lo que empezó como un estudio de las transformaciones que las nuevas tecnologías han operado en la sociedad ha acabado en un giro completo a su vida
  • No usa un smartphone sino un Telefunken de veinte euros, que "no sirve para nada más que para llamar y enviar y recibir mensajes"
David Vicente
Bolsamania | 30 oct, 2016 08:00
Enric Puig

En pleno siglo XXI, muchos no entienden su vida ni su trabajo sin Internet, los smartphones, las aplicaciones o las redes sociales. La gran red de redes ha logrado cambiar el día a día de millones de personas a lo largo de todo el mundo. Los grandes avances tienen una cara menos conocida en la que se esconden la falta de privacidad o la inseguridad. Ante estos problemas cada vez más personas optan por desconectarse de Internet y volver a la ‘vida 1.0’.

Este grupo de personas es conocido por el nombre de ‘exconectados’. Son jóvenes que han vivido plenamente la vida digital, eran usuarios de las redes sociales, tenían smartphones y habitualmente preferían usar WhatsApp u otra aplicación de mensajería por Internet en vez de hacer una llamada, igual que tantos y tantos otros jóvenes de su generación. Enric Puig, doctor en Filosofía por la Universitat Autónoma de Barcelona, es autor del libro ‘la gran adicción’. En él, no sólo analiza este fenómeno, sino que cuenta su propia experiencia como ‘exconectado’.

No quería especular acerca de la respuesta, sino que quería casos reales que no hubieran tenido que desconectarse de las ciudades e irse al campo para conseguirlo

Puig lleva tiempo estudiando las transformaciones que las nuevas tecnologías han operado en la sociedad. Fue durante su investigación cuando se preguntó si se podría vivir sin Internet. “No quería especular acerca de la respuesta, sino que quería casos reales”, explica. “Para hallarlos, me topé con la ardua tarea de tener que documentarme sin la ayuda de Google: ahí no encontraría a ningún ‘exconectado”, asegura “era importante que los testimonios fueran de casos de éxito, de personas que no hubieran tenido que desconectarse de las ciudades e irse al campo para conseguirlo”.

Tras todo este proceso, Enric asegura que ha logrado vivir “una experiencia muy humana”. Explica que “sin ayuda de Internet mantuve largas conversaciones con gente que me hicieron ver, más allá de los ya sabidos beneficios de Internet, su cara más perjudicial. Sus propios usos patológicos y ver que sigue siendo posible vivir sin Internet”. Todas las revelaciones obtenidas a lo largo de su investigación le hicieron reflexionar incluso de su propia situación “me replanteé mi relación con Internet”.

INTERNET SÓLO PARA LO BÁSICO

Enric es profesor universitario y como tal tiene imposible abandonar Internet al 100%. Tampoco es su objetivo, porque entiende que para algunas funciones básicas Internet tiene sentido. Actualmente utiliza la red de redes para “consultar el correo electrónico y para búsquedas puntuales con el ordenador”, asegura. “Cuando me borré de todas las redes sociales y quité las notificaciones en mi smartphone, me di cuenta de que ya poco me ofrecía, y me pasé de nuevo a un teléfono ‘tonto’ como los de antaño”, explica.

Cuando muchos cargan con su smartphones, cada vez más grandes, y sus cargadores para evitar quedarse sin batería, Enric evita ese problema con un teléfono clásico. Lleva consigo un Telefunken de veinte euros, que “no sirve para nada más que para llamar y enviar y recibir mensajes. Siempre me preguntan y lo quieren ver”, cuenta orgulloso de su elección. “En las cenas lo saco para enseñarlo, no para consultarlo yo personalmente y aislarme de los demás”, asegura.

Haciendo uso de los links, y saltando de una página en otra, a la décima página ya no recordamos lo que consultábamos al principio

Enric no ha dado la espalda al completo a Internet, pero asegura controlar la dominación que ejerce sobre los usuarios. “Utilizo internet para mis consultas puntuales, pero teniendo muy claro que, por su propia naturaleza, siempre se establece una relación de poder entre el sistema y el usuario”, explica. Puig tiene una rutina a la hora de conectarse. “Cuando abro el navegador, lo hago con una pregunta muy clara en mente: qué quiero que Internet me responda” e incide en que es obligatorio evitar que las máquinas dominen nuestro comportamiento. “Hacer uso de los links y saltar de una página a otra nos hace invertir esa lógica de dominación: a la décima página, en la que ya no recordamos lo que consultábamos al principio, hemos dejado de ser nosotros quienes le hacemos las preguntas al sistema. Esta es la clase de comportamiento que hay que evitar”.

“LA GRAN ADICCIÓN”

En su libro ‘La gran adicción’, recoge diversas historias de ‘exconectados’ muy humanas, ordenadas temáticamente. La primera es quizás una de las más impactantes, el ejemplo de cómo Internet puede dar la espalda a la gente sin que las personas sean conscientes. El libro comienza con la historia de Philippe, un comercial francés despedido de su empresa cuando se redujo el departamento de ventas. Philippe se obsesionó con LinkedIn y otras páginas para encontrar empleo llegando a descuidar sus relaciones personales.

Cuando su esposa se lo hizo ver, se fue despidiendo de Internet poco a poco, hasta lograr un nuevo trabajo gracias a sus dotes como comercial durante tantos años: yendo a las empresas en persona para ofrecerse para trabajar, estableciendo una relación personal con cada uno de sus clientes…

He aprendido de todos ellos. Me han hecho ver que hay esperanza, que las nuevas tecnologías no hacen desaparecer nuestra esencia humana

“Le siguen historias acerca de las relaciones amorosas, acerca de los videojuegos o acerca de la música, entre otros”, explica Enric. “He aprendido de todos ellos. Me han hecho ver que hay esperanza, que las nuevas tecnologías no hacen desaparecer nuestra esencia humana y que hay un movimiento creciente de gente que quiere reaccionar contra muchas de las cosas que están ocurriendo”, confiesa.

LA VIDA 1.0 EN UN MUNDO 2.0

Seguramente, el gran problema que se encuentran los ‘exconectados’ no es renunciar a las ventajas de Internet, sino vivir en un mundo en donde muchos no saben vivir sin él. “Estamos tan acostumbrados a estas tecnologías que las primeras respuestas que uno siempre recibe al desconectarse son muy negativas. A la gente le da la impresión que desapareces de la faz de la tierra”, asegura. Aunque, según ha experimentado Enric, esto no dura siempre. “Cuando se dan cuenta de que pueden llamarte y escuchar tu voz, y detectan que algo se ha ganado en el cambio, algo que estábamos perdiendo, la gente se relaja y te entiende”.

Las ganancias de la desconexión son más que las desventajas: volveremos a relacionarnos de una forma más intensa con nuestro mundo físico,...

Puig asegura que, como ‘exconectado’, ha perdido “la capacidad de comunicarse gratuitamente con la gente que está lejos, y la rapidez en consultar información”, aunque son pérdidas subsanables “en un segundo momento cuando aprendamos a usar internet con cabeza”, explica. Por el contrario, “las ganancias son muchas más: volveremos a relacionarnos de una forma más intensa con nuestro mundo físico, prestaremos más atención a las conversaciones, ganaremos en capacidades de relación social, nos concentraremos más, seremos capaces de volver a leer un texto con mucha más profundidad, etc”, asegura.

Enric defiende que un ‘exconectado’ no debe dar la espalda a Internet, sino aprender a usarlo de forma responsable. “En caso de que necesitemos comunicarnos de forma gratuita, ahí Internet puede ayudarnos, pero deberíamos mantener una conversación como lo hacemos en persona o por teléfono: prestando toda nuestra atención a la persona con quien estamos hablando”, explica.

¿Volverá Enric a ser un ‘conectado? “De momento, tanto los ‘exconectados’ con los que mantengo el contacto como yo estamos muy felices con nuestro uso moderado o inexistente de Internet”, asegura afirmándose en sus convicciones. “No puedo responder por los demás. En mi caso, utilizaré las herramientas que se me proporcionan a medida que tenga una necesidad real que deba satisfacerse. Tenemos que saber ver la diferencia entre usar Internet y que Internet nos use a nosotros: este es el mandamiento por el que todos deberíamos regirnos”, concluye.

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