En Schroders creen que "en algún momento podríamos verlo en los 4.500 dólares"
El oro se ha convertido en uno de los activos estrella este 2025, acumulando una revalorización del 50%. Y todo parece indicar que seguirá brillando con fuerza durante los próximos doce meses. Al menos, así lo creen en Schroders, donde confían en ver subidas adicionales en el metal precioso.
"Esperamos que el próximo año se alcancen nuevos máximos en el precio del activo, superando los niveles observados en 2025. Anticipamos una subida del 10% al 15%, lo que situaría el precio del oro en 4.500 dólares en algún momento de 2026", señala Matthew Michael, analista de materias primas y deuda emergente de la firma.
Es más, para el experto esta proyección es "bastante conservadora", ya que si se produce una "oferta monetaria dual, es decir, si tanto los bancos centrales como los inversores privados buscan comprar oro, la previsión cambiaría drásticamente, con la posibilidad de alcanzar máximos históricos superiores".
De hecho, los últimos 18 meses han demostrado que la correlación histórica entre renta variable y renta fija ya no es tan sólida, especialmente con los niveles actuales de inflación, lo que requiere un enfoque diferente para construir carteras.
En este entorno, "el oro se ha convertido en uno de los componentes clave para la protección y el aumento de la rentabilidad de las carteras de los inversores", afirma Michael. Por ello, pone el foco en tres factores que impulsarán el precio del metal precioso en esta nueva dinámica del mercado.
1. La acumulación de reservas de oro por parte de bancos centrales. Las preocupaciones por la impresión de dinero y la inflación han llevado a que los bancos centrales hayan diversificado sus reservas desde hace décadas, sobre todo en los últimos 3 años. Así, los bancos centrales, especialmente de mercados emergentes (Asia, Medio Oriente, Polonia, República Checa), han aumentado masivamente sus compras de oro.
"Los bancos centrales buscan que el oro represente el 20%-30% de sus reservas", añaden desde la firma, pero "China necesitaría el 172% de la producción mundial anual para que el peso del oro en sus reservas pase del 7% actual al 30%, lo que evidencia la escasez del metal".
2. Baja asignación actual de los inversores. A su vez, los inversores privados también se acercan al oro debido a que "los mercados desarrollados ofrecen rendimientos reales bajos con altos ratios de deuda/PIB, lo que ha llevado a que los bonos tradicionales pierdan atractivo y aumente la necesidad de diversificación en activos refugio".
"A esto hay que sumarle las preocupaciones de los inversores por la credibilidad de los bancos centrales, las tensiones geopolíticas y la seguridad del efectivo, tanto en reservas como en depósitos", explica Michael.
Pero, aunque el interés por invertir en oro ha crecido manifiestamente, la asignación de los inversores dentro de sus carteras sigue siendo muy reducida. "La mayoría de los inversores mantienen bajas asignaciones. Por ejemplo, los family offices tienen menos del 1% de sus carteras en oro/materias primas, principalmente a través de acciones de compañías de mercados desarrollados y activos privados. Esto sugiere un enorme potencial de crecimiento si los inversores aumentan su asignación", dice el analista de Schroders.
3. El mercado del oro es muy pequeño. Ahora bien, "tan solo una pequeña asignación del 10% de las carteras globales 60/40 podría requerir la compra de varios años de producción mundial, lo que demuestra la limitación del mercado, pues todo el oro extraído en la historia cabría en tan solo 3,5 piscinas olímpicas", destaca Michael, quien considera que este es otro factor clave para que el precio del metal precioso siga subiendo.
En lo que respecta a otras materias primas, en Schroders prevén que, en el caso de las energéticas, y tras un año y medio arrastrando una tendencia bajista debido a la abundante oferta y la débil demanda, los precios del petróleo y el gas suban "debido a los desafíos en la producción de EEUU y el deseo de la OPEP de que los precios sean más altos". Este encarecimiento supondrá "un potencial dolor de cabeza para los bancos centrales en los próximos 1-2 años".
Por otro lado, y a pesar de las preocupaciones climáticas y comerciales, las materias primas agrícolas se han abaratado mucho. Ante este escenario, Michael anticipa un aumento de la demanda y desafíos en la oferta debido a los bajos márgenes de los productores. "Se necesitan precios más altos para incentivar la inversión y la producción. Por lo que quizás los precios no despeguen en 1-2 años".
Además, la alta demanda para el sector tecnológico y las infraestructuras llevan al estratega a reconocer al cobre como su metal industrial favorito, capaz de convertirse con el tiempo en reserva de valor.
"El equilibrio entre oferta y demanda es más ajustado de lo que se percibe y los altos costos de la industria minera (salarios, regulación ambiental) limitan la oferta. Todo ello podría llevar a un déficit de mercado y empujar los precios del cobre al alza", concluye Michael.