El Ibex no tiene una ASML y aun así bate al AEX en rentabilidad
Países Bajos tiene en ASML al mayor campeón bursátil europeo ligado a la inteligencia artificial. España no cuenta con ninguna empresa comparable. Y, sin embargo, el Ibex 35 supera ampliamente al AEX neerlandés en rentabilidad durante el último año.
La aparente contradicción deja una lectura incómoda para quienes han reducido todo el ciclo alcista a una sola palabra: inteligencia artificial.
En los últimos doce meses, ASML acumula una revalorización superior al 140% y se ha convertido en el gran símbolo tecnológico europeo. Sin embargo, durante ese mismo periodo, el AEX avanza alrededor de un 20%, mientras que el Ibex, sin un fabricante de semiconductores entre sus 35 componentes, gana cerca de un 38%.
El modelo neerlandés tiene un protagonista difícil de ignorar. ASML cotiza cerca de los 1.550 euros después de haberse situado cerca de los 600 euros hace un año. En las últimas 52 semanas ha llegado a alcanzar los 1.741 euros.
La compañía acaba de reforzar su historia bursátil con unos resultados que han vuelto a superar las expectativas. En el segundo trimestre registró ingresos de 9.326 millones de euros, un 21,2% más interanual, mientras el beneficio neto aumentó un 27,4%, hasta 2.918 millones.
Pero el mercado no premia únicamente el pasado. ASML ha elevado sus previsiones de ventas para 2026 hasta una horquilla de entre 43.000 y 45.000 millones de euros, frente al rango anterior de 36.000 a 40.000 millones. Es la segunda mejora de sus perspectivas en lo que va de año.
ASML ocupa una posición prácticamente irrepetible: es la única compañía capaz de fabricar las máquinas de litografía ultravioleta extrema necesarias para producir los chips más avanzados.
Su nueva plataforma High-NA EUV ya ha entrado en producción comercial y cada equipo cuesta alrededor de 400 millones de dólares, casi el doble que la generación anterior.
España ha demostrado que también se puede liderar Europa sin fabricar un solo chip. Y ese camino ha sido mucho más repartido. El selectivo español ha alcanzado máximos históricos apoyado en sectores muy distintos a los que dominan el relato tecnológico global. Banca, energía, defensa, turismo, acero e infraestructuras han ido tomando el relevo como motores del mercado.
El contraste con Países Bajos es notable. El AEX avanza aproximadamente un 20,4% en los últimos doce meses. En el mismo periodo, el Ibex se ha revalorizado cerca de un 37,7%.
La bolsa española no cuenta con una ASML, una Nvidia o una TSMC. ACS se aproxima al ciclo de centros de datos desde las infraestructuras e Indra ofrece exposición a la tecnología vinculada a la defensa, pero ninguna compañía del selectivo fabrica el hardware crítico sobre el que se construye la actual revolución de la inteligencia artificial.
Eso no ha impedido al índice patrio superar al mercado neerlandés. Mientras ASML concentra buena parte del gran relato tecnológico de Países Bajos, la subida española ha encontrado apoyos en distintos sectores de la economía, desde la banca a la energía y a la construcción.
La comparación también deja dos perfiles de riesgo diferentes. El éxito de ASML está estrechamente ligado a la continuidad del ciclo de inversión en semiconductores, centros de datos e inteligencia artificial. La velocidad de su subida, superior al 140% en un año, eleva inevitablemente el listón de las expectativas.
El Ibex, por su parte, afronta amenazas distintas. Su composición lo hace más sensible a la evolución de los bancos, el petróleo, la geopolítica y el ciclo económico. Así, no existe un motor bursátil sin riesgo. La diferencia está en qué puede hacer que deje de funcionar.
Durante años, el debate europeo ha girado alrededor de la ausencia de grandes campeones tecnológicos capaces de competir con Estados Unidos. ASML demuestra el poder bursátil de tener uno. El Ibex, sin embargo, plantea una conclusión diferente: una bolsa también puede conquistar máximos cuando varios sectores encuentran simultáneamente su momento.
Países Bajos tiene a ASML. España tiene un rally mucho más repartido. Dos formas de volar en Bolsa y dos preguntas distintas para el inversor: cuánto puede durar el ciclo de la inteligencia artificial y cuánto tiempo pueden seguir empujando los motores tradicionales del Ibex.