Cartera concentrada, baja rotación y fuerte peso en valores industriales
En una bolsa cada vez más obsesionada con perseguir las acciones de moda, todavía hay gestores que hacen justo lo contrario. Buscan compañías que el mercado no está pagando a su verdadero valor y esperan a que el tiempo les dé la razón.
Esa es la filosofía que Morningstar destaca en el Magallanes European Equity, fondo dirigido por Iván Martín, fundador y director de inversiones de Magallanes Value Investors. El producto cuenta con 'Medalist Rating Bronze', cinco estrellas Morningstar y una valoración positiva en los pilares de proceso, personas y gestora.
La clave del fondo no está en adivinar la próxima gran moda bursátil, sino en aplicar una disciplina clásica: analizar compañías, estimar su valor intrínseco y comprar solo cuando existe un margen de seguridad suficiente.
Morningstar subraya que Martín busca empresas financieramente sólidas, bien gestionadas y con elevada generación de flujo de caja libre, pero que, a su juicio, cotizan por debajo de su valor real. Al mismo tiempo, evita negocios complejos, sobreapalancados, sin trayectoria probada o excesivamente valorados por el mercado.
El fondo no está construido para parecerse al mercado europeo. Su cartera suele concentrarse en unas 30 compañías y, según la última ficha mensual disponible, mantiene 34 valores, una exposición a renta variable del 92,8% y una rotación anualizada aproximada del 10%.
Las diez primeras posiciones pesan el 40,7% del fondo, lo que confirma una gestión de alta convicción. Entre sus principales apuestas figuran ArcelorMittal, Anglo American, Rexel, Avolta y SKF. No son nombres desconocidos ni necesariamente olvidados, pero sí compañías donde el equipo ve valor no reconocido por el mercado.
La exposición sectorial también habla por sí sola: el fondo está muy cargado hacia el sector industrial, que representa el 47,4% de la cartera, seguido de consumo cíclico y consumo estable. En cambio, el peso financiero es reducido.
La estrategia tiene una virtud evidente: si el análisis es correcto, el potencial de revalorización puede ser elevado. Pero también tiene un coste. Morningstar advierte de que la cartera concentrada deja poco margen para errores y que el fondo no es adecuado para los inversores más cautelosos.
La volatilidad ha sido históricamente superior a la de su índice y a la media de sus comparables. El fondo cayó más de un 30% en el primer trimestre de 2020, frente al descenso del 22% del MSCI Europe. En 2018 perdió un 18%, frente al 10% del índice.
La dependencia de Iván Martín también aparece como uno de los riesgos señalados. El equipo es pequeño, muy cohesionado y especializado, pero con recursos limitados frente a grandes competidores internacionales.
La recompensa, hasta ahora, ha compensado los baches para los inversores pacientes. Desde su lanzamiento en enero de 2015, la clase P acumula una rentabilidad del 203,74%, frente al 126,26% del MSCI Europe. En términos anualizados, el fondo obtiene un 10,29%, frente al 7,46% del índice.
El camino, eso sí, no ha sido lineal. Tras buenos primeros años, el fondo quedó rezagado entre 2018 y 2020, se recuperó con fuerza en 2022 y 2023, volvió a hacerlo peor que el mercado en 2024 y repuntó con intensidad en 2025, ejercicio en el que la clase P ganó un 29,02%, frente al 19,39% del índice.
Ese historial explica por qué Morningstar mantiene una visión favorable, pero también por qué insiste en que se trata de una estrategia para inversores pacientes y tolerantes al riesgo.
Magallanes European Equity no promete comodidad. Promete disciplina. Y esa diferencia es clave. Su proceso exige comprar cuando el mercado no premia determinadas compañías, soportar años de frustración y esperar a que el valor emerja.
En un entorno donde muchos inversores buscan narrativas rápidas, el fondo defiende una idea antigua, incómoda y todavía vigente: el precio que se paga importa.
La gran pregunta no es si comprar barato funciona. La pregunta es cuántos inversores tienen paciencia suficiente para esperar a que funcione.