Los analistas dicen que "las valoraciones pueden considerarse atractivas"
Tras la aplastante victoria electoral de Sanae Takaichi en Japón, el país está redefiniendo su política monetaria, mientras los inversores vuelven a buscar activos con valor real tras años de tipos bajos. Así, la combinación actual de crecimiento moderado, inflación contenida y un impulso fiscal más claro sitúa (de nuevo) a los bonos del Estado japonés en el foco del mercado. ¿Hay que aprovechar esta oportunidad de inversión?
Es la pregunta que se hace François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel Asset Management, quien recuerda que la deuda japonesa a largo plazo ha sido ignorada por los inversores durante los últimos tres años. "Los rendimientos a largo plazo a 10 años han pasado del 0,5% en 2023 al 2,15% actual".
Y es que, después de las turbulencias vividas en enero, los bonos de Japón experimentaron un fuerte repunte, con el rendimiento a 30 años bajando más de 55 puntos básicos. "Desde entonces, el mercado de bonos se ha estabilizado, lo que otorga a la primera ministra, Sanae Takaichi, el beneficio de la duda de que aplicará una política expansiva fiscalmente responsable ahora que tiene un firme control de la Cámara Baja", indica Magdalene Teo, analista de renta fija en Asia de Julius Baer.
Una valoración compartida con Rimeu, quien cree que "probablemente lo peor ya haya pasado en lo que respecta a los tipos japoneses. Las valoraciones pueden considerarse atractivas".
A este respecto, desde Julius Baer señalan que, actualmente, los futuros de bonos japoneses reflejan la demanda de los inversores extranjeros tras su salida en enero, y es este cambio en el posicionamiento lo que ha contribuido al aumento de la volatilidad.
"Los inversores extranjeros fueron los mayores compradores netos de bonos del gobierno japonés (JGB) a largo plazo en 2025, junto con los bancos fiduciarios y las cooperativas de crédito agrícola, ya que las aseguradoras vendieron. Actualmente, poseen alrededor del 12% de los JGB en circulación, frente al 5,7% en marzo de 2010, cuando el mercado era casi exclusivamente japonés. Sus tenencias deberían aumentar, ya que el gobierno depende de nueva deuda en los próximos años para financiar el presupuesto expansivo", explica Teo.
De hecho, la dependencia de Japón de la deuda es alta, ya que más de un tercio del presupuesto anual se financia con nueva deuda. Es más, el presupuesto que la primera ministra desea aprobar es un 6% superior al anterior y se ha identificado que la inteligencia artificial (IA), la defensa y los semiconductores requieren inversiones. También propone suspender los impuestos sobre los alimentos durante dos años.
"Este programa, ya descontado por el mercado, probablemente explique la aceleración que los tipos japoneses experimentaron en enero", dicen en Crédit Mutuel AM.
En este sentido, desde la gestora recogen que estudios recientes estiman que la tasa de crecimiento potencial de Japón se sitúa en torno al 0%, mientras que la tasa real observada a través de los bonos del Estado japonés a 10 años indexados a la inflación (JGBi) se ubica en el 0,45%, un nivel superior al crecimiento potencial.
"En teoría, el tipo de interés real debería fluctuar en torno a este crecimiento potencial, por lo que existe un ligero margen. En comparación, los tipos de interés reales a 10 años en la zona euro se sitúan en torno al 0,8% para un crecimiento potencial de alrededor del 1%. Del mismo modo, en Estados Unidos rondan el 1,8% para un crecimiento potencial de alrededor del 2%. Por lo tanto, la relación es más favorable para la deuda japonesa, que hoy en día ya no parece especialmente cara", afirma Rimeu.
Además, con un crecimiento previsto entre el 0,8% y el 1% para el año fiscal 2026 por parte del Banco de Japón (BoJ), la actividad debería permanecer, no obstante, por encima del crecimiento potencial, lo que respalda el mantenimiento de los tipos reales, especialmente después del triunfo electoral de Takaichi.
Con todo, y aunque las previsiones de crecimiento para 2026 son satisfactorias, la tendencia no es especialmente favorable para Japón. El PIB del cuarto trimestre de 2025 sorprendió a la baja (0,1% frente al 0,4% previsto), al igual que las ventas minoristas de diciembre (-2% frente al -0,5% previsto). "Esta dinámica macroeconómica decepcionante podría limitar las presiones inflacionistas y, por lo tanto, respaldar el mercado de bonos japonés", apostilla Rimeu.
En definitiva, los bonos japoneses ofrecen actualmente un rendimiento cubierto por el tipo de cambio superior al de otros bonos gubernamentales del G7. "Si el BoJ no va mucho más allá de lo que esperan los mercados (dos subidas de tipos en 2026 para alcanzar un tipo terminal en torno al 1,5% en 2027), los inversores internacionales, y como mínimo los inversores nacionales, deberían sentirse atraídos por el mercado japonés", subrayan en Credit Mutuel AM.
Precisamente, tal y como remarcan en Julius Baer, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido contra una mayor flexibilización fiscal a corto plazo y ha comentado que el BoJ debería seguir subiendo los tipos de interés para alcanzar la neutralidad en 2027.
"El FMI elogió la consolidación fiscal de Japón tras la pandemia, estimando que el déficit primario fue menor que en 2019, antes de la pandemia, y uno de los más bajos de los países del G7. El FMI teme que esta situación cambie dado el creciente riesgo fiscal y ahora insta a una estrecha vigilancia de la liquidez del mercado de bonos del gobierno japonés y del posicionamiento de los inversores, dada la mayor volatilidad de los rendimientos y la evolución de la demanda entre los inversores", asegura Teo.
Sin embargo, "la dinámica del crecimiento y la inflación avanza en la dirección correcta, y el rendimiento (cubierto por el tipo de cambio) es más atractivo que en otras regiones. En nuestra opinión, ya no hay motivos para mantenerse alejado de los bonos del Estado japonés", concluye Rimeu.
