El nuevo año se perfila como el punto de inflexión definitivo para el sector tecnológico
La inteligencia artificial (IA) lleva años prometiendo cambiarlo todo. En 2026, según Wedbush, llega el momento incómodo: demostrar que también puede generar beneficios.
Entre la euforia y el vértigo, este ejercicio se perfila como el punto de inflexión definitivo para el sector tecnológico. Y no todos saldrán igual de bien parados.
El equipo de Dan Ives, analista estrella de Wedbush Securities, lo tiene claro: la tecnología podría subir más de un 20% en 2026, impulsada por la maduración de toda la cadena de valor de la IA: software, chips e infraestructuras.
La firma define este ejercicio como un año de “emoción y pánico” a partes iguales. No es una contradicción. “Es exactamente lo que ocurre cuando una megatendencia pasa de la inversión masiva a la exigencia de retornos”, resume Ives.
Pocas predicciones concentran tanta atención como la de Tesla. Wedbush espera que la compañía lance servicios de robotaxi en más de 30 ciudades y empiece la producción en volumen del Cybercab. Sería, en palabras del propio Ives, “el inicio de la verdadera era de la conducción autónoma”.
El banco fija un escenario base de 600 dólares por acción y uno alcista de 800. La apuesta es clara: Tesla ya no se valora solo como fabricante de coches, sino como plataforma de IA y movilidad autónoma.
Otra de las grandes bazas para 2026 es una posible alianza entre Apple y Alphabet en torno a Gemini. Wedbush cree que Apple integrará capacidades avanzadas de IA en su ecosistema mediante un modelo de suscripción.
“Apple necesita una historia de IA clara y monetizable”, apunta Ives. Si encaja la pieza, el premio sería mayúsculo: una capitalización cercana a los cinco billones de dólares para el gigante de Cupertino.
En el terreno del 'cloud', Microsoft aparece como uno de los ganadores más evidentes. La adopción de IA en Azure situaría a la compañía en su “fase óptima de crecimiento”, según Wedbush.
Más 'contrarian' es la visión sobre Oracle. Pese al escepticismo del mercado, el banco confía en que la empresa ejecute su plan de centros de datos y empiece a convertir su abultada cartera de contratos pendientes, con un objetivo de 250 dólares por acción.
La expansión de la IA trae consigo más riesgos, y ahí entra la ciberseguridad. Wedbush destaca a CrowdStrike y Palo Alto Networks como líderes de un subsector llamado a batir al mercado y a protagonizar operaciones corporativas.
En infraestructuras, el nombre propio es Nebius, señalado como posible objetivo de compra por parte de grandes operadores de la nube.
En chips, Wedbush no se baja del tren de Nvidia. “Wall Street sigue infravalorando los motores de demanda para 2026”, insiste Ives, que eleva el escenario alcista a 275 dólares.
Pero el foco empieza a desplazarse hacia las aplicaciones. Palantir encarna esa segunda ola: software de IA comercial con aspiraciones de convertirse en un gigante de un billón de dólares en los próximos años.
Las predicciones de Wedbush rezuman optimismo, pero no son ingenuas. El mensaje de fondo es exigente: 2026 será el año en que la inteligencia artificial deje de vivir del relato y empiece a rendir cuentas.
Para los inversores, la clave ya no es solo quién vende palas, sino quién convierte la fiebre del oro en beneficios sostenibles. Porque en el próximo ciclo, la IA no se medirá por promesas, sino por resultados.