La OPV del siglo: ¿es SpaceX una oportunidad para invertir en un negocio revolucionario?

La compañía se va a colocar entre las diez mayores cotizadas del mundo

María Campillo
Bolsamania | 11 jun, 2026 17:25
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Comienza la cuenta atrás. SpaceX está ya en la plataforma de lanzamiento para su debut en bolsa este viernes. Con una valoración de 1,75 billones de dólares, su OPV está llamada a ser la mayor de la historia y va a colocar a la compañía de Elon Musk entre las diez mayores cotizadas del mundo. Pero para los inversores, la pregunta es sencilla: ¿están invirtiendo en un negocio revolucionario de infraestructuras espaciales o están respaldando una visión que, sencillamente, no tiene sentido?

"Esta es una salida a bolsa inusual por varias razones: en primer lugar, el precio se fijó en 135 dólares por acción, sin un rango definido. En segundo lugar, Elon Musk negoció públicamente una reducción de las comisiones con los principales bancos de inversión que gestionan la cotización. En tercer lugar, la asignación de acciones al mercado minorista es mucho mayor de lo habitual, alcanzando el 30%, frente al 5-10% habitual", explica Kathleen Brooks, directora de investigación de XTB.

Más allá de esto, SpaceX se ha convertido en el actor dominante en el sector de los lanzamientos espaciales comerciales y la conectividad por satélite.

"A diferencia de muchas salidas a bolsa de gran repercusión, SpaceX cuenta con una fuente de ingresos tangible y escalable con alcance global. Su modelo verticalmente integrado —diseño de cohetes, lanzamiento de satélites y monetización de la conectividad— ofrece una combinación poco común de capacidad industrial e ingresos recurrentes", afirma Ben Ritchie, director de renta variable de mercados desarrollados de Aberdeen Investments.

Y es que las cifras son impresionantes, ya que según los documentos presentados, la empresa generó unos ingresos de aproximadamente 18.700 millones de dólares en 2025, y su Starlink —la red global de Internet por satélite de la empresa— representó más del 60% de las ventas y obtuvo más de 4.000 millones de dólares en ingresos de explotación.

Con todo, la siguiente fase de crecimiento podría depender de Starship, el cohete de última generación de SpaceX que se encuentra actualmente en desarrollo. "Si tiene éxito, podría ampliar drásticamente la capacidad de lanzamiento al tiempo que reduce los costes, lo que podría abrir las puertas a una gama más amplia de aplicaciones comerciales", asegura este experto.

De hecho, para Evelyn Chow, gestora de Neuberger, es importante destacar que la compañía cree que su destreza en los lanzamientos puede ayudarla a superar a otros modelos pioneros gracias, entre otras cosas, a las ventajas informáticas que confiere la proliferación de la computación orbital, es decir, los centros de datos en el espacio.

"También existe una oportunidad creíble de que SpaceX se convierta en uno de los proveedores de computación de menor coste de la Tierra, tal y como lo validan dos acuerdos recientes y significativos con Anthropic y Google para el acceso a recursos informáticos".

Es más, gran parte de ese crecimiento esperado está vinculado a iniciativas más recientes, como xAI y los centros de datos espaciales. Sin embargo, ambas se encuentran en una fase inicial —con una tracción comercial limitada en la actualidad y, en algunos casos, aún en fase de proyecto—, mientras que las capacidades de apoyo, como la fabricación de chips a gran escala, son complejas y requieren un gran volumen de capital para ampliarse.

No obstante, esa fortaleza aún no se refleja a nivel del grupo. La empresa registró unas pérdidas netas de unos 4.900 millones de dólares en 2025, debido a las cuantiosas inversiones realizadas en inteligencia artificial e infraestructuras de última generación. "Se está pidiendo a los inversores que financien un negocio que se encuentra todavía en plena fase de inversión", subraya Ritchie.

MARTE, IA Y MÁS ALLÁ

Si la valoración llama la atención, la estructura de gobernanza, tal y como aseguran en Aberdeen Investments, también está haciendo que los inversores se lo piensen dos veces.

"SpaceX cotizará con una estructura de acciones de doble clase que otorga a Elon Musk un control abrumador —estimado entre el 80% y el 85% del poder de voto—, a pesar de que su participación económica es mucho menor. En la práctica, esto significa que los accionistas de la sociedad cotizada tendrán poca influencia significativa sobre la estrategia, los nombramientos del consejo de administración o la destitución de la dirección".

Esto sin olvidar que Musk ya es director ejecutivo de Tesla —una empresa valorada en cerca de 2 billones de dólares—, lo que plantea la posibilidad de que dos de las empresas más valiosas del mundo puedan acabar siendo dirigidas por la misma persona.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que "las ambiciones a largo plazo de SpaceX incluyen la colonización de Marte, centros de datos orbitales (ni siquiera entremos en la física que hay detrás de eso) e incluso la extracción de recursos más allá de la Tierra. Se trata de proyectos que, según admite la propia empresa, dependen de tecnologías y mercados que, en gran medida, aún no existen", comenta Ritchie.

Estas ambiciones dividen a la opinión pública. Los partidarios las ven como prueba de que la empresa se está construyendo para décadas, no para trimestres. Los críticos las descartan por considerarlas especulativas.

Así, para este estratega, la salida a bolsa de SpaceX pondrá a prueba algo más que el interés de los inversores por el crecimiento. "Pondrá a prueba su disposición a aceptar un nuevo modelo de participación accionarial pública: una valoración elevada, derechos de gobernanza limitados y confianza en una visión impulsada por el fundador".

En definitiva, "para algunos, SpaceX representa una oportunidad única en una generación para invertir en la infraestructura del futuro. Para otros, parece pagar hoy por unos beneficios que pueden llegar, o quizá nunca lo hagan", concluye Ritchie.

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