Nvidia y OpenAI abren un nuevo ciclo bursátil
La historia de la tecnología se escribe a base de alianzas a priori imposibles. En 2025, una de ellas ha vuelto a sacudir los cimientos del mercado: Nvidia y OpenAI han sellado un pacto de 100.000 millones de dólares para construir el equivalente moderno al 'Proyecto Manhattan'.
Pero esta vez, el arma no es nuclear, sino cognitiva: la inteligencia artificial llevada a su máxima potencia.
“Estamos ante la mayor construcción tecnológica de la historia humana”, asegura Luke Lango, analista sénior de InvestorPlace. Y no exagera. El plan contempla desplegar más de 10 gigavatios de potencia, equivalentes a la energía de diez centrales nucleares, y millones de chips GPU fabricados por Nvidia. El objetivo: alimentar la próxima generación de modelos de IA, desde GPT-6 hasta GPT-7, y más allá.
El acuerdo combina la ingeniería de Nvidia con la arquitectura de software de OpenAI. “Es la unión del mejor hardware con el cerebro más ambicioso del planeta”, resume Lango. La operación implica también un intercambio de capital: Nvidia se asegura una participación en OpenAI, y esta última garantiza el acceso prioritario a la computación que necesita para seguir escalando.
El resultado es una alianza simbiótica que redefine la cadena de valor de la inteligencia artificial. Nvidia no solo venderá chips; proveerá sistemas completos, redes y software. OpenAI, por su parte, consolidará su hegemonía en el ámbito de los modelos fundacionales, blindando su posición frente a gigantes como Google o Anthropic.
El impacto económico promete ser colosal. Según cálculos citados por dicho experto, cada gigavatio de nueva capacidad en centros de datos de IA requiere entre 50.000 y 60.000 millones de dólares de inversión. Actualmente, hay unos 40 gigavatios en desarrollo a escala mundial. La cuenta es clara: más de 2 billones de dólares fluirán hacia el sector en los próximos años.
“Estamos ante un nuevo ciclo industrial global”, explica Lango. “La infraestructura de IA no es una moda tecnológica, sino la base de una revolución equiparable a la del ferrocarril o a la de Internet.”
Y como todo gran cambio estructural, deja ganadores evidentes.
El informe identifica ocho compañías llamadas a brillar en este 'megaciclo' de inversión. La primera, naturalmente, es Nvidia, “el espinazo del nuevo ecosistema digital”, en palabras del estratega. Le siguen Broadcom, fabricante de chips de red; Oracle, que expande su nube en tándem con Nvidia; y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC), el laboratorio donde nacen los procesadores más avanzados del planeta.
A su alrededor orbitan Arista Networks, líder en conectividad de alta velocidad; Micron, proveedor de memorias HBM para sistemas de IA; Super Micro Systems, fabricante de servidores a medida; y CoreWeave, operador privado de nubes especializadas que se ha convertido en la sombra necesaria de OpenAI.
Todas ellas son, según Lango, valores con recomendación de 'compra'. “Habrá correcciones, pero cada caída será una oportunidad”, sentencia. “El flujo de capital es imparable y los beneficiarios están perfectamente definidos”.
El analista va más allá. Si la alianza Nvidia-OpenAI supone la columna vertebral de la inteligencia artificial, el siguiente paso será su encarnación física: la robótica. “Después de construir las mentes, vendrán los cuerpos”, afirma. Y en esa transición, los proveedores de sensores, actuadores y componentes de automatización podrían protagonizar la próxima ola de crecimiento.
Tesla y su robot Optimus son solo la punta del iceberg. Detrás vienen compañías de ingeniería y semiconductores que podrían multiplicar su valor a medida que la IA abandone la nube y entre en el mundo real.
Lango concluye con una reflexión casi profética: “Cuando la historia mire atrás, verá que el futuro se estaba construyendo justo delante de nosotros”. El paralelismo con el 'Proyecto Manhattan' no es casual. En ambos casos, la humanidad concentró conocimiento y recursos para crear algo que cambiaría su destino.
Solo que, esta vez, la explosión no será de uranio, sino de inteligencia. Y las ondas expansivas no devastarán ciudades, sino que transformarán industrias enteras y mercados globales.
Porque, como diría el propio analista, “el momento de invertir no es cuando la historia se cuenta, sino cuando se está escribiendo”.