Los robots humanoides se perfilan como una realidad de alto potencial económico
El próximo gran salto tecnológico no llegará en forma de chip, coche eléctrico o satélite. Llegará caminando, con brazos articulados, sensores en la cabeza y una misión: transformar la economía global desde dentro.
Al menos, así lo cree Elon Musk, fundador y consejero delegado de Tesla, quien se muestra convencido de que Optimus, el robot humanoide que está desarrollando su empresa, podría convertirse en el producto más valioso de la historia, superando incluso al iPhone.
Una tesis que respalda Luke Lango, analista de InvestorPlace, quien no duda en calificar el momento actual como “una oportunidad de inversión generacional”, impulsada por el avance acelerado de la inteligencia artificial y la robótica.
En su informe titulado “Musk Is All In on Robots: Why You Should Be, Too”, Lango argumenta que el ritmo de maduración tecnológica es tan vertiginoso que el robot humanoide Optimus podría acabar generando más de 10 billones de dólares en ingresos, cambiando por completo el panorama laboral global.
A diferencia de los asistentes virtuales que han revolucionado el software en las últimas décadas, los robots humanoides representan un salto hacia la automatización física. Optimus está diseñado para caminar, hablar, cargar objetos, ensamblar piezas, limpiar, cocinar y, sobre todo, aprender. Ya se encuentra en funcionamiento en fábricas de Tesla realizando tareas ligeras, y la empresa planea producir miles de unidades este mismo año, con vistas a su próxima comercialización masiva.
Para Luke Lango, el momento es ahora. “Sentimos que los astros se están alineando de una manera que podría catapultar a los robots humanoides al centro de la industria, la política y la vida cotidiana estadounidense más rápido de lo que cualquiera espera”, escribe.
La evolución acelerada de la IA respalda esa afirmación. Según datos de TrackingAI citados en el artículo, en septiembre de 2024 la mayoría de los modelos de inteligencia artificial tenían un cociente intelectual estimado de entre 80 y 93. Seis meses después, ya se sitúan entre 95 y 130, lo que acerca su capacidad de razonamiento al rango humano medio-alto.
Por su parte, Richard Bowman, economista de Simply Wall St, considera que los robots humanoides son una pieza clave en el nuevo ciclo de automatización. Aunque reconoce que “puede que no sean realmente útiles durante cierto tiempo”, ve inevitable su adopción masiva conforme la tecnología madure.
Por ello, aconseja posicionarse en las grandes tecnológicas de esta industria, como Tesla o Boston Dynamics de cara al medio y largo plazo. Igualmente, remarca el "potencial" de compañías chinas como XPeng, Xiaomi y Ubtech, que están compitiendo por liderar esta categoría emergente.
Para Bowman, la oportunidad va más allá del hardware. El auge de la automatización responde a fuerzas demográficas y económicas: escasez de mano de obra, envejecimiento poblacional, presión por reducir costes y necesidad de resiliencia en las cadenas de suministro.
“La colaboración entre humanos y robots será esencial. Las empresas que logren interfaces intuitivas y entornos colaborativos pueden convertirse en las grandes ganadoras a largo plazo”, apunta.
Quien también respalda esta tesis con entusiasmo es Ethan Feller, analista de Zacks Investment Research, que considera que “la robótica humanoide podría ser la próxima gran tendencia bursátil”.
En su informe, Feller destaca que el mercado global de robots humanoides pasará de 2.400 millones de dólares en 2023 a cerca de 114.000 millones en 2033, con una tasa de crecimiento anual superior al 40%. El segmento de robots bípedos, los más similares al cuerpo humano, será el de mayor crecimiento con un 54% anual hasta 2028.
Feller pone el foco en las oportunidades bursátiles que ya se están generando. Tesla avanza con Optimus; Nvidia acaba de presentar GR00T, el primer modelo fundacional para robots humanoides; y SoftBank, con participaciones en Boston Dynamics y otros proyectos robóticos, está bien posicionada si la tendencia se dispara.
Además, destaca el fondo cotizado BOTZ, centrado en inteligencia artificial y robótica, como vehículo para acceder a todo el ecosistema desde una perspectiva diversificada.
Para los tres analistas, la gran conclusión es clara: la robótica humanoide ha pasado de parecer ciencia ficción a convertirse en una frontera tecnológica real, respaldada por avances tangibles, mejoras de coste y una fuerte inversión de capital. “Con grandes actores ya posicionados, los inversores que entren ahora podrían estar situándose para el próximo gran 'boom' tecnológico”, concluye Feller.
A pesar de los retos que aún enfrenta la industria, como los altos costes, necesidad de capital, rentabilidad incierta a corto plazo, el consenso apunta a que estamos ante una transformación con profundas implicaciones económicas.
Y si Musk tiene razón, puede que no falte tanto para que el próximo gran superventas tecnológico tenga nombre, piernas y autonomía propia.