Su salto al parqué marcará el ritmo de otras OPVs
SpaceX despega en bolsa este viernes. La compañía aeroespacial de Elon Musk va a debutar en Wall Street a 135 dólares por acción, lo que le otorga una valoración de 1,77 billones de dólares. La expectación del mercado es máxima, y no solo porque su salto al parqué será el mayor de la historia, sino porque va a marcar el inicio de lo que podría convertirse en un año récord de OPVs. Por ello, y ante lo trascendental de la operación, los inversores se plantean tres preguntas clave.
En primer lugar, ¿habrá suficiente demanda inversora para absorber una operación de este tamaño? En Wellington Management creen que sí. "SpaceX cuenta con un enorme reconocimiento de marca y es probable que despierte el interés de distintos segmentos de inversores".
Además, "esperamos que la participación de los inversores particulares sea significativa, dada la gran repercusión mediática del lanzamiento (nunca mejor dicho) y las informaciones que apuntan a que la compañía podría destinar una parte importante de la oferta a este colectivo", aseguran Matt Strzepka y Adam Berger, estrategas de la firma.
No obstante, no descartan posibles episodios de volatilidad en el valor, "si bien prevemos que la volatilidad general del mercado se mantendrá contenida. Históricamente, algunas grandes OPV han generado tensiones a corto plazo, pero estos movimientos no suelen tener un impacto significativo y duradero sobre el conjunto del mercado".
Otra de las incógnitas que sobrevuela el mercado es si la salida a bolsa de SpaceX dará paso a otras OPVs. "La historia nos indica que las OPV exitosas pueden generar un 'efecto halo'. Una operación satisfactoria da pie a la siguiente y se crea un círculo virtuoso. Diversas informaciones indican que varias compañías de gran tamaño están a la espera del momento adecuado para salir a bolsa. Si la OPV de SpaceX resulta un éxito y su desempeño como compañía cotizada es positivo, cabría esperar que otras grandes operaciones siguieran su estela", señalan Strzepka y Berger.
Una valoración compartida con Michele Morganti, estratega sénior de mercados en Generali Investments, quien pone el foco en que "el auge de las inversiones relacionadas con la IA está animando a muchas empresas privadas líderes a acceder a los mercados públicos, ya que buscan capital para financiar el crecimiento y escalar sus operaciones".
De hecho, Anthropic y OpenAI ya han presentado de forma confidencial la documentación necesaria ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) para salir a bolsa, mientras que otras compañías como Kraken (payward) o Cerebras Systems también podrían estar preparando su salto al parqué.
Y es que, tal y como indica François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel Asset Management, se espera que SpaceX "marque el inicio de lo que podría convertirse en un año récord de captación en salidas a bolsa, con las esperadas cotizaciones de OpenAI, Anthropic, Databricks, Stripe y Anduril también en el horizonte".
La tercera cuestión clave está relacionada con las implicaciones que podría tener para los inversores pasivos y activos el debut de SpaceX. En este sentido, cabe destacar que, aparte de por su envergadura, la OPV de la compañía de Musk es relevante porque llega en un momento de cambios en las normas que regulan la incorporación de las empresas recién cotizadas a los índices generales de renta variable utilizados por los inversores pasivos.
"En las últimas semanas, dos grandes proveedores han modificado sus normas, lo que podría permitir que SpaceX (y cualquier otra mega OPV que cumpla los requisitos y salga a bolsa posteriormente) se incorpore con mayor rapidez", remarcan Strzepka y Berger.
Por otro lado, estos expertos subrayan que el Nasdaq 100 pondera las acciones en función de su capitalización bursátil total y no del valor de las acciones disponibles para su negociación pública (también conocido como capital flotante).
"En la práctica, esto implica que las estrategias pasivas que replican el Nasdaq 100 —incluidos ETF de gran tamaño como el QQQ— podrían verse obligadas a comprar una cantidad desproporcionada de acciones de SpaceX en circulación tras la OPV, si bien el Nasdaq ha establecido ciertos límites al respecto".
"La combinación de estos dos factores podría impulsar una demanda más intensa y rápida por parte de los inversores pasivos que replican índices tras la OPV, en un contexto de entusiasmo máximo —o incluso de euforia— en los mercados", agregan. "Si, como esperamos, SpaceX recibe una ponderación significativa dentro del sector de Servicios de Comunicación, las compañías ya incluidas en este podrían verse sometidas a cierta presión vendedora a medida que los índices se reequilibren para incorporar la nueva exposición a SpaceX".
A este respecto, Aymeric Gastaldi, gestor de renta variable internacional en Edmond de Rothschild AM, comenta que si una compañía como SpaceX fuera admitida rápidamente en los principales índices del Nasdaq tras su salida a bolsa, los fondos pasivos y los ETFs se convertirían en compradores forzosos. "Esto podría absorber una parte significativa del free float disponible y generar presión adicional al alza sobre la acción, independientemente de su valoración".
Con todo, los inversores ya no valoran SpaceX únicamente como una empresa de exploración espacial, sino como un proveedor de infraestructura potencialmente indispensable para la futura expansión de la IA, gracias a sus capacidades en comunicaciones por satélite, conectividad global y transferencia de datos.
"El perfil de negocio de SpaceX es potencialmente muy sólido, especialmente gracias al negocio de satélites, Starlink, y al impulso del negocio de cohetes, en el que la compañía es líder del sector. En términos generales, se trata de una empresa grande y rentable", apostilla Karl Pettersen, codirector de calificaciones corporativas de Scope Ratings.
Igualmente, SpaceX mantiene unos niveles moderados de deuda financiera neta nominal, aunque hay que tener en cuenta el probable aumento significativo del gasto en el futuro para ponerse a la altura de sus principales competidores en IA.
En 2025, SpaceX registró alrededor de 6.600 millones de dólares de EBITDA, con inversiones (capex) totales de unos 21.000 millones de dólares, una cifra que es probable que aumente rápidamente en los próximos años, a medida que la compañía invierta más en su negocio de IA, que actualmente no es rentable.
Por tanto, el verdadero factor determinante para Scope Ratings es la capacidad de la compañía para seguir atrayendo financiación. SpaceX —y otras empresas de Elon Musk— han demostrado una habilidad excepcional en este sentido.
"En definitiva, utilizar métricas cuantitativas para valorar SpaceX no es del todo útil, ya que gran parte de su salud financiera depende de la confianza de los inversores y del sentimiento del mercado. Si a esto le sumamos el riesgo de dependencia de personas clave, el riesgo de ejecución y el riesgo de ambición, la cuestión es hasta qué punto los inversores están dispuestos a conceder el beneficio de la duda a los planes actuales de la compañía, lo que también influye en la liquidez del mercado", concluye Pettersen.

