Tuit Traders | Divisar el arrecife

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Bolsamania | 04 oct, 2018

Sucumbió el verano al inexorable influjo orbital de una luz lejana, la soledad no tiene testigos pero nadie resulta ileso tras una despedida. Nunca sabes cuál será tu último adiós, las dudas asaltan la diligencia. El sentido de la vida es mantener el coche en la calzada de las decisiones sin señales que te indiquen cuán angulosa será la próxima curva, y en Londres a falta de seis meses ya vislumbran el barranco.

La democracia se les fue de las manos a los británicos y ahora pagan con incertidumbre lo que ayer se cobraron con soberbia. Mis errores son mis castigos, o maduras o sigues creyendo en el Karma. Las peores rupturas son las que se alargan, dos años de mudanza y cuando vienen las facturas les invade la nostalgia. El sonido de lo rotundo suele ser hueco y tras el primer conato de divorcio ya se baten en retirada. La dictadura de una mayoría que no sabe lo que le conviene se cobra víctimas silenciosas, aquellas que todavía no saben hablar y las que todavía están por nacer. La memoria es líquida y siempre corre en busca de los resquicios velados que desembocan en el océano de la coartada, porque la culpa nunca se conjuga para los latifundistas de la verdad.

Dicen que la bondad es un don de Dios y la clase un don de Inglaterra, pero con la salida de la Unión se han quedado huérfanos de ambas. La elegancia es partir sin más, partir sin mirar atrás, sin reproches ni chantajes. Tener categoría es lo contrario a nadar y guardar la ropa. Desde Churchill los ingleses se debaten al sometimiento de una sucesión de líderes a cada cuál más mediocre, perdiendo el control de la nave justo cuando más arrecia la tormenta. Y cuando el naufragio se consume y la otra mitad de la cama te consuma, las expectativas habrán sido asesinadas por el tiempo.

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