Reino Unido "pasa" del sustituto de Starmer y pone el foco en el de Rachel Reeves

Todo parece apuntar a que la ministra de Finanzas no continuará en el cargo

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Bolsamania | 28 jun, 2026

Se ha vuelto costumbre que el Reino Unido y la incertidumbre vayan de la mano. La dimisión de Keir Starmer como primer ministro ha abierto una nueva etapa de inestabilidad dentro del país, que recientemente celebró el décimo aniversario del referéndum del Brexit, que dio inicio a esta etapa de volatilidad y cambios constantes en las islas británicas. Todo apunta a que será el exalcalde de Mánchester, Andy Burnham, el próximo inquilino del número 10 de Downing Street y el encargado de enderezar un país con un rumbo incierto.

Según las leyes británicas, el político que lidera el partido gobernante es también el que lidera el país, y todo apunta a que Burnham será el próximo líder del Partido Laborista. De momento, la mayoría de sus potenciales rivales se han retirado de la competición o, directamente, le han trasladado su apoyo. Además, parece ser una opción bastante respaldada por los votantes: según los datos de YouGov, Burnham es el político británico más popular en estos momentos en Reino Unido, con una tasa de aprobación del 35%.

Sin embargo, los mercados parecen tener más dudas con él por su perfil izquierdista y temen que aumente el endeudamiento del país. Durante su etapa como alcalde de Mánchester, Burnham se situó en el ala izquierda del laborismo, aunque anteriormente había llegado a ser el candidato de centro o de la "izquierda blanda", es decir, del ala derecha. No obstante, no es Burnham quien más preocupa a los inversores, pues no es considerado un extremista, sino quién será su mano derecha.

¿QUIÉN CONTROLARÁ HACIENDA?

Y es que distintas informaciones apuntan a que Burnham prescindirá del gran pilar de credibilidad ante los mercados del Gobierno de Starmer: Rachel Reeves, actual canciller del Exchequer (ministra de Finanzas o Hacienda).

Lo cierto es que la etapa de Reeves al frente de la Hacienda británica no ha sido sencilla, ya que anunció dos subidas de impuestos en 2024 y 2025 para cuadrar las cuentas y el mercado cree que el siguiente Gobierno deberá seguir buscando nuevas vías de financiación para hacer frente a sus cada vez más cuantiosas obligaciones.

"Los primeros ministros y los ministros de Hacienda forman una pareja clave dentro del gobierno del Reino Unido. Así que, con Andy Burnham siendo ahora ampliamente considerado como el próximo primer ministro en los próximos meses, la atención se centra en quién dirigirá el Tesoro", explica Sarah Coles, directora de finanzas personales de AJ Bell.

En este sentido, Burnham ha afirmado que respetará las reglas fiscales de Reeves para tranquilizar a los inversores y evitar un fuerte aumento del endeudamiento. Asimismo, el exalcalde de Mánchester se ha comprometido a mantener la promesa del manifiesto laborista de no subir el impuesto sobre la renta, las cotizaciones a la seguridad social ni el IVA. "También ha pedido un 'nuevo impulso de reindustrialización', es un firme defensor de devolver el control público —que no la propiedad pública— del agua, la energía y el ferrocarril, y mantiene una postura más proeuropea que la de Starmer", apunta Hervé Prettre, responsable global de Análisis de Inversiones en Edmond de Rothschild.

Dentro de la quiniela de posibles candidatos, el que más preocupa a los mercados es el de 'Red' Ed Miliband, antiguo líder laborista y secretario de Estado de Seguridad Energética en el Gobierno de Starmer, percibido como una sino la opción más a la izquierda posible y el más propenso a abrir la puerta a un mayor nivel de gasto y endeudamiento. Sin embargo, explican desde AJ Bell, su experiencia en cargos de alto nivel, incluyendo su labor como asesor especial de Gordon Brown, podría explicar los informes que señalan que fue Miliband quien ayudó a convencer a Burnham de la importancia de mantener las reglas fiscales para calmar a los mercados.

"Para equilibrar las cuentas, podría considerar impuestos más progresivos o revisar desgravaciones fiscales que benefician principalmente a los contribuyentes con mayores ingresos. Anteriormente ha apoyado un impuesto sobre mansiones. También podría contemplar más impuestos medioambientales", explica Coles, quien cree que su apoyo a un mayor intervencionismo del Gobierno en la economía es lo que le puede costar el cargo.

Shabana Mahmood, actual ministra del Interior, y Pat McFadden, ministro de Trabajo, son otras dos opciones sobre la mesa. La primera, indica Coles, no ha tratado asuntos de economía desde que estaba en la oposición, pero es vista como un perfil "mesurado, pragmático y disciplinado con los presupuestos" tras su etapa en Interior. "Sin embargo, una elaboración de políticas incremental y enfocada quizá no encaje de forma natural con un primer ministro decidido a marcar un antes y un después. Informes más recientes sugieren que Mahmood es menos favorita para el cargo de lo que se pensaba inicialmente", apunta Coles.

Por su parte, McFadden es un candidato moderado, fama obtenida tras haber ejercido como asesor del ex primer ministro Tony Blair, por lo que se cree que promovería una mayor responsabilidad fiscal junto con inversión en servicios públicos y medidas para mejorar el crecimiento. Sus comunicaciones privadas, hechas públicas recientemente, muestran que quería ir más allá de ver los impuestos "únicamente como una forma de financiar los servicios públicos, y usar el sistema para fomentar el crecimiento y generar oportunidades". Para AJ Bell, esta visión requiere un "delicado equilibrio" y de un crédito político que podría faltarle a este Gobierno tras la etapa de Starmer.

Otro de los grandes nombres es el del centrista Wes Streeting, antiguo ministro de Sanidad con Starmer y otrora candidato a postularse a primer ministro. Los expertos creen que su temprana declaración de apoyo a Burnham puede ser síntoma de que tiene un acuerdo con el exalcalde de Mánchester para ocupar un cargo de relevancia en el Gobierno y su perfil moderado también tranquilizaría al mercado. "Si ambos han llegado a un acuerdo para evitar una larga batalla por el liderazgo, eso indica que están dispuestos a trabajar juntos, algo crucial para presentar unos presupuestos a tiempo", señala Rachel Vahey, directora de políticas públicas de AJ Bell.

Esta experta recuerda que Streeting es un "firme" defensor de las reglas fiscales y de la necesidad de reforzar la confianza del mercado, algo que le ha granjeado simpatías en los mercados de bonos: tras su dimisión, la rentabilidad de los bonos cayó abruptamente y solo se recuperaron tras su muestra de apoyo a Burnham. "Aunque no ha ocupado cargos que hayan desarrollado plenamente sus capacidades fiscales, su trabajo como ministro de Sanidad recibió elogios del público, y ha defendido con firmeza que los políticos deben ser más honestos sobre lo que el gobierno puede permitirse", agrega.

Asimismo, el diputado laborista Torsten Bell aparece como la alternativa con un perfil más técnico, tras ser incorporado por Rachel Reeves a un puesto económico de alto nivel para ayudar explícitamente a liderar y redactar los preparativos del presupuesto de otoño, mientras que Yvette Cooper podría ser considerada una "opción segura". La actual ministra de Asuntos Exteriores trabajo en el Tesoro británico durante el Gobierno de Gordon Brown y es vista como otro perfil centrista. "Como diputada de una circunscripción del norte, mantiene una buena relación de trabajo con Andy Burnham y es una de las políticas más veteranas del gabinete actual, sabiendo cómo trabajar en equipo, pero también cómo plantear asuntos delicados al más alto nivel", apunta Danni Hewson, directora de análisis financiero de AJ Bell.

¿ES BUEN MOMENTO PARA INVERTIR EN BOLSA?

La dimisión de Starmer ya ha generado cierta presión sobre la libra esterlina, que se ha debilitado frente al dólar. Sin embargo, el efecto sobre la bolsa británica ha sido más matizado de lo que podría esperarse. Esto, dice AJ Bell, se debe a una realidad frecuentemente ignorada: el FTSE 100 no es un reflejo directo de la economía británica.

"Para las carteras diversificadas, el mensaje de inversión es más equilibrado: las acciones británicas, especialmente las de gran capitalización, siguen ofreciendo valoraciones atractivas, una diversificación útil y un perfil de beneficios sensible a la divisa que puede ayudar a compensar la incertidumbre interna", apunta James Flintoft, director de soluciones de inversión de la firma, "Muchas de las mayores empresas cotizadas en el Reino Unido son negocios globales, con ingresos más ligados a la demanda internacional, los precios de las materias primas, los tipos de interés y los movimientos de divisas que a Westminster".

Si bien ha habido cierta preocupación por la devaluación de la libra, este experto destaca que una divisa más débil puede incluso beneficiar a muchas grandes compañías británicas, ya que los ingresos generados en dólares u otras monedas extranjeras aumentan al convertirse a libras. Esta afirmación, agrega Flintoft, tiene datos que la sustentan: en los 27 meses en los que el mercado estadounidense cayó desde comienzos de 2021, el mercado bursátil británico superó al estadounidense en 21 de esos meses.

Pero el argumento a favor de la renta variable británica no se basa solo en la divisa. El mercado, explica AJ Bell, tiene una composición sectorial "muy diferente" a la de los índices globales y estadounidenses, con menor exposición a las megacapitalizadas tecnológicas y mayor peso en sectores como servicios financieros, energía, sanidad, consumo básico e industriales. "Esto proporciona a las acciones británicas de gran capitalización un patrón de rentabilidad diferenciado y puede reducir la dependencia de un grupo reducido de ganadores globales", agrega la firma.

"Esa diversificación ha sido especialmente útil durante los recientes episodios de volatilidad relacionados con la IA. Dado que los índices estadounidenses y globales están cada vez más impulsados por un pequeño grupo de empresas tecnológicas y de semiconductores, la menor exposición del mercado británico a esta temática y su mayor peso en sectores generadores de caja y orientados al valor han ayudado a proporcionar una fuente distinta de rentabilidad bursátil cuando el entusiasmo por la IA se ha debilitado", subraya Flintoft.

La valoración también es otro aspecto importante. Las acciones británicas han cotizado persistentemente con descuento frente a sus rivales globales, reflejando la incierta coyuntura política y una menor exposición a empresas tecnológicas de alto crecimiento. No obstante, destaca este experto, unas expectativas bajas pueden favorecer la rentabilidad a largo plazo si los fundamentales resultan más sólidos de lo temido.

Y la reciente actividad de adquisiciones en el país refuerza esta idea. "Las ofertas por empresas cotizadas en Reino Unido, entre ellas DCC, Tate & Lyle, Darktrace, Britvic, Direct Line, Spectris y ahora Segro, por citar algunas, sugieren que compradores extranjeros y privados siguen viendo valor en el mercado", incide. Esto, agrega, puede materializar valor para los accionistas, pero también plantea una preocupación estructural: si los mercados públicos continúan perdiendo empresas de calidad sin suficientes nuevas salidas a bolsa que las reemplacen, la profundidad y amplitud del mercado británico podrían debilitarse con el tiempo.

Por todo ello, AJ Bell cree que los inversores tienen que tener una cosa clara por encima del resto: evitar reaccionar en exceso al ruido político. La dimisión de un primer ministro es políticamente significativa, pero las decisiones de cartera deberían seguir basándose en el papel de cada clase de activo a largo plazo y no en titulares de corto plazo. "La renta variable británica no es una apuesta pura por Westminster. El mercado de gran capitalización es global, diversificado y sensible a los movimientos de divisas, mientras que el descuento de valoración del mercado en general y su composición sectorial diferenciada siguen respaldando su papel dentro de carteras diversificadas. Los titulares a corto plazo pueden resultar incómodos, pero el argumento de cartera a favor de las acciones británicas de gran capitalización sigue intacto", sentencia Flintoft.

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