Las empresas europeas se alejan de China: ¿ha dejado de ser rentable el gigante asiático?
Algunas firmas piensan ya en desplazarse a otros países de la zona
Las empresas europeas encuentran cada vez más dificultades para hacer crecer sus beneficios en China, como se desprende del último informe realizado por Natixis CIB, en el que los analistas del banco advierten sobre un posible éxodo de las compañías del Viejo Continente hacia mercados más rentables.
Estos expertos aseguran que, aunque el mercado chino "sigue siendo atractivo", las compañías "han reducido sus beneficios debido al estancamiento de la demanda interna, la fuerte competencia local y un marco regulatorio más restrictivo en sectores estratégicos".
Alicia García Herrero, economista, jefe para Asia-Pacífico de Natixis CIB, apunta que "muchas organizaciones se sienten “atrapadas” y cada vez les resulta más necesario "diversificar y explorar mercados emergentes del sudeste asiático para reducir riesgos".
Para mejorar esta situación, apunta que "el reto de la UE es diseñar políticas que protejan sus intereses sin deteriorar las relaciones con China, mientras que Pekín necesita garantizar políticas transparentes y estables, si quiere atraer inversión extranjera".
Para realizar el estudio, el equipo de Natixis se ha basado en la Encuesta Empresarial de la Cámara Europea (realizada anualmente entre 2017 y 2025), por lo que aseguran que "la disminución de la confianza empresarial, que alcanzó su punto más bajo en 2025, está bien documentada".
"A primera vista, persisten importantes incentivos para que las empresas extranjeras hagan negocios en China: el mercado chino es más grande que nunca, y China ha experimentado recientemente una metamorfosis: de fábrica mundial a un importante centro de innovación, lo que no ha hecho más que aumentar su participación en la fabricación mundial. Sus rápidos avances en tecnología, infraestructura y sofisticación del mercado interno están atrayendo la atención mundial, transformando al país en un nodo vital en la cadena de suministro global e incluso en las redes tecnológicas", explica García.
Sin embargo, las empresas globales, incluidas las europeas, "no generan tantos ingresos en China como antes", y en este nuevo contexto, "la simple presencia en China ya no garantiza rentabilidad ni crecimiento".
"Tres factores clave parecen impulsar esta nueva realidad: la economía china, su entorno regulatorio y factores externos, principalmente geopolíticos. De estos, la economía china parece ser la más significativa", explica.
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Según se desprende del estudio, las tendencias más notables que afectan a las empresas europeas son" el estancamiento de la demanda interna y el aumento de la competencia local". A continuación, se encuentran los factores regulatorios, con el gobierno chino reforzando el control sobre sectores que considera estratégicos, como los semiconductores y los datos. Menos relevante, al menos a juzgar por los resultados de la encuesta de la Cámara Europea, ha sido la presión de la Comisión Europea para reducir el riesgo.
Además, esta analista cree que la sensación de estancamiento que experimentan las empresas europeas en China se debe, principalmente, a dos factores.
"En primer lugar, los cambios en las relaciones geopolíticas han generado un alto grado de incertidumbre, lo que ha aumentado la reticencia en torno a decisiones relevantes, como invertir o salir de mercados importantes como China. En segundo lugar, el mercado europeo se considera poco atractivo, lo que lleva a muchos a adoptar una actitud expectante en China", destaca.
¿QUÉ PUEDEN HACER LAS FIRMAS EUROPEAS?
En este contexto, la analista asegura que "no está claro qué estrategias deberían adoptar las empresas europeas", aunque cree que "el primer paso para la mayoría será aceptar que la era de la fácil entrada al mercado, seguida de un rápido crecimiento y rentabilidad financiera en China, ha terminado, aunque en otros mercados en crecimiento como India e Indonesia esto aún podría ser posible".
"El mercado chino se ha convertido en un entorno competitivo donde solo las empresas más sofisticadas, capaces de movilizar un profundo conocimiento local y sólidas relaciones gubernamentales, pueden prosperar. Además, el hecho de que China considere su control de las cadenas de suministro globales como una fuente de influencia económica y política significa que cualquier empresa extranjera que opere en China, incluso aquellas sofisticadas y con suficientes conexiones para tener éxito, debe incorporar cierto grado de diversificación para reducir una dependencia potencialmente perjudicial", indica.
Una posible respuesta revelada por la Encuesta de la Cámara Europea es una "tendencia creciente de empresas europeas que consideran los mercados emergentes del Sudeste Asiático como una opción para equilibrar los riesgos que enfrentan sus operaciones en China".
"En resumen, la evolución de la presencia de empresas europeas en China refleja los cambios en las tendencias empresariales, la geopolítica y la economía, donde la transformación de China en un mercado maduro, caracterizado por un estancamiento de la demanda y una feroz competencia, ha dificultado la rentabilidad de las empresas europeas", concluye.