Burry vuelve a la carga y desvela una posición bajista en un referente de la IA
Deuda, capex y burbuja: las razones de su pesimismo con el grupo
Actualizado : 12:47
Michael Burry no suele hablar mucho, pero cuando lo hace, el mercado escucha. El inversor que anticipó la crisis financiera de 2008 y que inspiró la película 'The Big Short' ha vuelto a escena con un mensaje incómodo: ha tomado una posición bajista en uno de los grandes nombres vinculados al auge de la inteligencia artificial.
Y no lo ha hecho por un capricho táctico, sino porque cree que el relato se ha adelantado, demasiado, a la realidad.
UN VIEJO CONOCIDO DEL MERCADO VUELVE AL ATAQUE
Burry ha revelado, a través de una publicación en Substack, que mantiene opciones put y posiciones cortas sobre Oracle desde hace seis meses. No es una apuesta puntual ni una reacción al último movimiento del mercado. Es, más bien, una declaración de principios.
“No me gusta su posicionamiento ni las inversiones que está acometiendo”, afirma con franqueza. Y remata con una frase que dice más de lo que parece: “No necesita hacer lo que está haciendo. No entiendo por qué lo hace. Quizá sea ego”.
Su diagnóstico es claro: Oracle estaría forzando una transformación demasiado agresiva para no quedarse fuera del tren de la IA, aun a costa de asumir riesgos que antes no formaban parte de su ADN empresarial.
UN ‘VEHÍCULO PURO’ DE LA "BURBUJA DE LA IA"
El núcleo de la tesis bajista de Burry reside en una idea incómoda: Oracle sería, a su juicio, un “vehículo puro de la burbuja de la IA”. A diferencia de gigantes como Microsoft, Alphabet o Meta, la compañía no cuenta con un ecosistema de negocios dominante capaz de absorber errores estratégicos o inversiones fallidas.
“Si me pongo corto en Microsoft, también me pongo corto en el mayor proveedor de software de productividad del mundo”, explica Burry. “Si lo hago en Alphabet, estoy apostando contra el buscador, Android o Waymo”. En cambio, Oracle depende cada vez más de un único relato: el 'boom' de la demanda de servicios 'cloud' asociados a la inteligencia artificial.
DE MODELO LIGERO A MODELO PESADO
El giro estratégico de Oracle no es menor. La empresa ha pasado de un modelo tradicional, intensivo en software y márgenes elevados, a uno mucho más intensivo en capital, con inversiones multimillonarias en centros de datos y chips para competir con Amazon Web Services o Azure. El problema, según Burry, no es solo el gasto, sino cómo se financia.
La compañía acumula cerca de 95.000 millones de dólares de deuda, una cifra que la sitúa entre los mayores emisores de bonos corporativos fuera del sector financiero. En un entorno de tipos de interés elevados, ese apalancamiento reduce drásticamente el margen de error. “Es una apuesta innecesaria y peligrosa”, viene a sugerir el inversor.
VOLATILIDAD, EXPECTATIVAS Y REALIDAD
El mercado ya ha dado algunas pistas de esta tensión. Oracle llegó a dispararse un 36% en una sola sesión el pasado septiembre, impulsada por expectativas desbordadas sobre su negocio en la nube ligado a la IA. Sin embargo, desde esos máximos, el valor ha llegado a caer alrededor de un 40%, a medida que los inversores empezaban a cuestionar el aumento del gasto en capital y el deterioro del balance.
La entrada de Burry no ha hecho sino reforzar esas dudas. Su nombre funciona como un amplificador del escepticismo, especialmente en un mercado que empieza a preguntarse si la IA se está pagando por adelantado.
UNA VISIÓN CRÍTICA QUE VA MÁS ALLÁ DE ORACLE
Esta posición encaja, además, en una visión más amplia. Burry no oculta su desconfianza hacia el conjunto del sector. Ha llegado a afirmar que, si OpenAI alcanzara una valoración de 500.000 millones de dólares, también se pondría corto.
“La prosperidad actual está llena de precios mal calibrados”, sostiene.
CONCLUSIÓN: CUANDO EL RELATO PESA MÁS QUE LOS NÚMEROS
Burry no dice que la inteligencia artificial no tenga futuro. Lo que cuestiona es el precio que el mercado está dispuesto a pagar hoy por ese futuro. En compañías con balances tensos y transformaciones forzadas, el margen de error se estrecha peligrosamente.
Su apuesta bajista sobre Oracle es, en el fondo, una advertencia: cuando el relato corre más rápido que los fundamentales, incluso los gigantes pueden tropezar. Y en bolsa, como en la vida, no siempre gana el que llega primero, sino el que llega mejor preparado.