Schroders destaca a España en resiliencia energética: ¿qué significa para los inversores?
Actualizado : 11:20
Los riesgos energéticos están impulsando las oportunidades de inversión en la transición energética. Y aquí, España tiene un papel destacado. "Constituye un claro ejemplo de cómo la diversificación está empezando a reflejarse en los precios", aseguran en Schroders. ¿Qué significa esto para los inversores?
En los últimos cinco años, dos crisis sistémicas han puesto a prueba la resiliencia del sistema energético moderno: la guerra en Ucrania y en Oriente Medio, señala Minal Patel, directora global de infraestructuras de la firma.
"Ambos acontecimientos provocaron escasez en el suministro de combustible y un fuerte repunte de los precios mundiales de la energía. Estas crisis, de diferentes maneras, han puesto de manifiesto la misma debilidad estructural. Las economías que siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles comercializados a nivel internacional son extremadamente vulnerables a las perturbaciones geopolíticas, la volatilidad de los precios y la incertidumbre del suministro. Lo que comienza como un conflicto regional o una crisis de suministro se convierte rápidamente en un problema que afecta a los mercados mundiales, repercutiendo en la inflación, los tipos de interés y el crecimiento económico en general", dice.
Como explica, por el lado de la oferta, los mercados del petróleo y el gas siguen siendo muy sensibles a los acontecimientos geopolíticos y hasta los cambios relativamente pequeños en las expectativas de oferta pueden provocar fuertes fluctuaciones en los precios, que se propagan a su vez por las economías a través de los precios mayoristas del gas y la electricidad a corto y medio plazo, así como a través de los costes de transporte, la producción industrial y, en última instancia, la inflación al consumo.
Por el lado de la demanda, la electricidad está asumiendo un papel económico comparable al que desempeñó el petróleo durante la era industrial. La revolución de la inteligencia artificial, el auge de los centros de datos y la electrificación y digitalización de sectores de toda la economía están impulsando la demanda de electricidad. Dada la magnitud del crecimiento previsto para los próximos años, esto a su vez transforma la electricidad de un servicio público secundario en un factor determinante de la competitividad económica.
"Históricamente, las preocupaciones en torno al suministro energético se centraban en la industria pesada, la fabricación y el transporte. Hoy en día, el riesgo energético se está integrando en la economía en general" y, en ese contexto, "la fiabilidad y el coste de la electricidad importan más que nunca", apunta.
Las implicaciones se reflejan en los diferentes enfoques que las principales economías están adoptando en materia de política energética. Según indica, Europa ofrece un caso de estudio muy instructivo: "La crisis energética desencadenada por la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022 obligó a una rápida reevaluación de la dependencia del continente respecto al gas natural importado. La respuesta política resultante aceleró la inversión en energías renovables, la diversificación energética y la electrificación".
Pero España constituye un "claro ejemplo de cómo la diversificación está empezando a reflejarse en los precios", asegura.
"Si bien es cierto que el mercado de las energías renovables en España no siempre ha ofrecido una experiencia satisfactoria a los inversores, sí demuestra que la inversión sostenida en energías renovables —unida a unas condiciones favorables para la generación de energía renovable, como un clima con un nivel desproporcionadamente alto de sol y viento— ha reducido el papel del gas natural en la fijación de los precios de la electricidad. En lo que va de 2026, los precios de mercado del gas han determinado los precios de la electricidad durante aproximadamente el 15% de las horas en España, definidas como aquellas horas del día en las que los precios mayoristas de la electricidad se sitúan en el coste marginal a corto plazo de la energía generada con gas o por encima de este, en comparación con cerca del 90% en Italia".
Sin embargo, la directora global de infraestructuras de Schroders matiza que nada de esto implica que la transición energética elimine por completo el riesgo sistémico o geopolítico. Más bien, cambia el lugar donde reside ese riesgo.
"La cuestión es si las economías están simplemente sustituyendo una dependencia por otra. Existen diferencias importantes. Las reservas de combustibles fósiles vienen determinadas en gran medida (e irrevocablemente) por la geografía. Las cadenas de suministro de energías renovables, la capacidad de fabricación y la infraestructura de la red eléctrica pueden configurarse de forma más directa mediante la estrategia industrial, la inversión y las políticas. Además, las cadenas de suministro de energías renovables son especialmente relevantes para la construcción de nueva capacidad; una vez construidos, los activos funcionan durante décadas con una dependencia mínima de sus proveedores originales. También se requiere atención política e inversión a corto plazo para modernizar la infraestructura de la red eléctrica, que está envejeciendo y está mal equipada para hacer frente a la naturaleza más intermitente de la energía renovable. Los retrasos en la concesión de permisos y los cuellos de botella en la transmisión son otras limitaciones críticas emergentes en muchos mercados", afirma.
Considera que estos son "puntos críticos evidentes que requerirán inversión para liberar todo el potencial de la transición. No basta con construir capacidad de generación renovable; las economías también deben invertir en las redes y los sistemas de almacenamiento necesarios para distribuir la electricidad de forma fiable".
¿Qué supone para los inversores? Patel responde. "A largo plazo, el hecho de que las economías se hayan visto sacudidas por una segunda crisis impulsada por los precios de la energía en cinco años está creando más vientos favorables estructurales y un reenfoque de la atención gubernamental hacia el apoyo y la inversión en oportunidades de infraestructura de transición energética".
Cree fundamental destacar que las oportunidades se están ampliando más allá de las energías renovables tradicionales, como la eólica y la solar.
"Más allá de que simplemente haya más oportunidades, las infraestructuras de transición energética ofrecen importantes beneficios en cuanto a diversificación de la cartera, resiliencia y rentabilidad. Se trata de un ámbito que ofrece exposición a un conjunto de riesgos muy diferenciado, acceso a flujos de caja fiables y vinculados a la inflación, así como potencial de crecimiento del capital. Ha generado resultados que no están correlacionados con otras clases de activos, incluida la infraestructura privada más diversificada en general, con una rentabilidad significativamente superior durante la última recesión impulsada por los precios de los combustibles en 2022. También es un ámbito que ha ganado en complejidad y matices y que ahora presenta múltiples facetas en cuanto a las oportunidades de inversión y los conocimientos necesarios para invertir de forma eficaz", concluye.
Por este motivo, comenta que el papel de los inversores especializados capaces de desenvolverse en los diferentes sistemas, tecnologías, regímenes normativos y operadores de red ha cobrado más importancia que nunca.