¿Un reto económico adicional?: así impactará la guerra de Irán en China
En Rabobank anticipan un menor crecimiento y más inflación
Actualizado : 09:20
El 'shock' energético derivado de la guerra de Irán está tensionando la inflación y el crecimiento a nivel global. Pero hay un país que, al menos hasta ahora, mantiene un perfil discreto en medio de las hostilidades: China. Los analistas creen que puede ser una señal de que la preocupación por el impacto económico del conflicto ha aumentado significativamente en Pekín. Y es que el gigante asiático también va a pagar el precio de las tensiones en Oriente Medio.
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Con todo, las repercusiones económicas para China van a depender de muchos factores, especialmente de la duración de la guerra y del cierre del estrecho de Ormuz. "Una mayor duración y los daños adicionales a las instalaciones de producción y distribución aumentan los riesgos (no lineales) para muchas economías que dependen del flujo de petróleo y gas de Oriente Medio. Esto incluye a China, el centro manufacturero mundial", aseguran en Rabobank.
A largo plazo, las consecuencias vendrán de la mano de cómo termine el conflicto y de si conlleva un cambio en la posición geoestratégica del gigante asiático. "Sin embargo, a corto plazo, es la matriz energética de China la que puede darnos una idea de la vulnerabilidad de su economía", puntualizan desde la entidad.
En este sentido, los expertos destacan que la matriz de consumo energético de China está fuertemente sesgada hacia el carbón y sus derivados, que representan alrededor del 61%. A pesar de ello, el petróleo y el gas (las fuentes de energía afectadas por el cierre del estrecho de Ormuz) suponen, aproximadamente, una cuarta parte de la matriz energética de Pekín.
"En resumen, el petróleo es importante para China y, en particular, para su sector del transporte. Si bien China importa más de la mitad de su crudo de Oriente Medio, cuenta con una gama de proveedores relativamente diversificada".
De hecho, China cuenta con alternativas para incrementar la cooperación energética con aquellos países de Asia Central que poseen importantes reservas de gas y petróleo como Kazajistán, Uzbekistán o Kirguistán. "Esto no significa que China no se verá afectada por la crisis actual en Oriente Medio, pero sí que el país se ha preparado para afrontar eventos adversos, mejor que la mayoría (si no todos) los demás países de Asia", afirman en Rabobank.
No obstante, y aunque la economía china puede ser menos sensible a una crisis energética que hace diez años, sin duda se verá afectada por la actual guerra de Irán y es probable que experimente una mayor inflación y una economía que sufre de una demanda reprimida.
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"Si bien una mayor inflación no representa un problema grave en China, dada la baja inflación persistente de los últimos años, probablemente limitará las herramientas de política monetaria del Banco Popular de China para estimular la demanda interna mediante la reducción de sus tasas de interés", señalan estos estrategas. Además, el conflicto en Irán afectará negativamente el ya débil consumo interno y perjudicará el único pilar que aún se comportaba bien: las exportaciones.
Así, el escenario base actual de Rabobank prevé que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta finales de mayo y que el flujo de petróleo y gas seguirá significativamente obstaculizado hasta agosto. "Este escenario contempla un crecimiento económico del 4,5% para China (un 0,1% inferior al previsto antes de la guerra), mientras que nuestra estimación de inflación es del 0,7% (frente al 0,3% proyectado anteriormente). Asimismo, hemos incrementado ligeramente nuestra previsión de la tasa de desempleo hasta el 5,4% para 2026", dicen en la entidad.
CONSECUENCIAS GEOESTRATÉGICAS
Más allá del impacto económico, la guerra en Oriente Medio ha elevado la incertidumbre geopolítica en el Golfo. Y esto tendrá consecuencias a largo plazo para China. "Un riesgo es el de su reputación. China se ha posicionado como una potencia estabilizadora en Oriente Medio, pero su incapacidad para impedir los intentos de cambio de régimen contra socios como Irán podría llevar a algunos países a cuestionar la conveniencia práctica de alinearse con Pekín", indican en Rabobank.
Es más, una presencia militar estadounidense más sólida y duradera en Oriente Medio reduciría la influencia política de China en una región fundamental para su seguridad energética.
"También existen consecuencias económicas y monetarias. Una menor influencia china en el Golfo debilitaría las perspectivas de expansión del uso del yuan en la liquidación del comercio de materias primas. Si los estados del Golfo se orientan cada vez más hacia Estados Unidos, es más probable que los ingresos energéticos circulen a través de canales financieros basados en dólares, reforzando así el dominio financiero estadounidense a expensas de China", añaden.
Al mismo tiempo, el conflicto crea oportunidades para Pekín, que puede presentarse como un socio predecible y centrado en la economía, en contraste con la imprudencia militar estadounidense, sobre todo, si la guerra provoca una mayor inestabilidad regional o daños a la infraestructura energética compartida. "Este enfoque puede tener eco en una región donde los gobiernos priorizan la estabilidad a largo plazo y las exportaciones ininterrumpidas".
Finalmente, el conflicto refuerza la convicción estratégica de China de que reducir la vulnerabilidad a las crisis energéticas externas es imperativo. "Es probable que esto acelere los esfuerzos para diversificar los proveedores, expandir las importaciones fuera de Oriente Medio e impulsar aún más las tecnologías de transición energética; tendencias que ya están en marcha, pero que ahora adquieren una urgencia geopolítica más clara", concluyen en Rabobank.