Los bonos del Tesoro estadounidense prolongaron el viernes el movimiento de la sesión anterior, con nuevas caídas en las rentabilidades, mientras los inversores siguen muy pendientes de la posibilidad de una resolución al conflicto en Oriente Medio. La expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán ha provocado una reacción clara en los mercados: caída del petróleo, descenso de los rendimientos soberanos y menor presión sobre los activos de riesgo.
La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años, referencia clave para hipotecas, préstamos al consumo y financiación empresarial, retrocedió más de 2 puntos básicos, hasta el 4,4434%. El bono a 2 años, más sensible a las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal, cayó también más de 2 puntos básicos, hasta el 4,0473%. El rendimiento del bono a 30 años bajó alrededor de 1 punto básico, hasta el 4,9414%.
La caída de las rentabilidades se produce después de que la agencia iraní Mehr informara sobre los detalles de un borrador de memorando de entendimiento de 14 puntos entre Estados Unidos e Irán. El documento incluiría la reapertura del estrecho de Ormuz con consentimiento iraní, el levantamiento de sanciones petroleras y el cese de hostilidades en la región, incluido el frente del Líbano.
El movimiento llega tras las declaraciones de Donald Trump, que aseguró que Washington había alcanzado un “acuerdo”, pendiente únicamente de la finalización de los documentos. El mercado ha interpretado esas señales como una posible reducción del riesgo de interrupción del suministro energético global.
La expectativa de desescalada provocó una fuerte caída de los precios energéticos. Los futuros del crudo estadounidense retrocedieron un 4,5%, hasta los 83,79 dólares, mientras que el Brent, referencia internacional, cayó un 4,3%, hasta los 86,47 dólares.
Este descenso es relevante porque el petróleo había sido uno de los principales factores de presión sobre las expectativas de inflación. Una caída sostenida del crudo reduciría el riesgo de nuevas subidas en energía, transporte y costes empresariales, aunque todavía es pronto para concluir que la prima geopolítica ha desaparecido.
El movimiento no se limitó a Estados Unidos. En Reino Unido, la rentabilidad del bono soberano a 10 años cayó más de 8 puntos básicos, hasta el 4,823%. En Alemania, el rendimiento del Bund a 10 años, referencia de la deuda de la zona euro, retrocedió más de 5 puntos básicos, hasta el 2,9686%.
La lectura es clara: si el conflicto pierde intensidad, los bancos centrales podrían tener algo menos de presión por el lado energético. Eso favorece a la deuda pública, ya que reduce el temor a que una nueva oleada inflacionista obligue a mantener tipos más altos durante más tiempo.
El alivio geopolítico convive, sin embargo, con un dato de inflación mayorista más fuerte de lo esperado en Estados Unidos. El índice de precios al productor de mayo subió un 1,1% mensual ajustado estacionalmente, elevando la tasa anual hasta el 6,5%. El consenso esperaba un avance mensual del 0,7%.
Este dato recuerda que la Reserva Federal todavía no tiene el terreno despejado. Si la inflación mayorista se mantiene elevada, podría trasladarse a precios finales y complicar las expectativas de bajadas de tipos. Por ahora, la caída del petróleo compensa parte de esa presión, pero no elimina el riesgo inflacionista de fondo.
La caída del petróleo y de las rentabilidades favorece especialmente a aerolíneas, turismo, transporte, inmobiliario, utilities y compañías con elevada sensibilidad a los tipos. En España, valores como IAG, Aena, Amadeus, eDreams, Redeia o Merlin Properties pueden verse apoyados si el movimiento se consolida.
En sentido contrario, la presión recae sobre petroleras y compañías muy ligadas al crudo, como Repsol, TotalEnergies, BP, Shell o Eni. Para bancos, el efecto es mixto: unas rentabilidades más bajas pueden reducir apoyo al margen financiero, pero también alivian el riesgo macro si ayudan a estabilizar la economía.