La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 10 años se sitúa ligeramente por encima del 4,0%, prácticamente sin cambios en la sesión, mientras los inversores esperan la publicación de las peticiones semanales de subsidio por desempleo y los datos de bienes duraderos, ambos a las 8:30 hora de la Costa Este.
Hace apenas una semana, el rendimiento de referencia se encontraba en torno al 4,15%, pero ha retrocedido apoyado en una combinación de sorpresas macro algo más débiles y un tono de la Reserva Federal que vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de un recorte de tipos en diciembre.
En este contexto, el mercado de deuda descuenta un escenario algo menos agresivo en política monetaria, lo que tiende a contener las rentabilidades de los bonos a largo plazo y a mejorar las condiciones financieras para empresas y consumidores.
La reciente caída desde el entorno del 4,15% hasta justo por encima del 4,0% está ligada a una serie de datos económicos calificados como relativamente flojos, que apuntan a una moderación del impulso de la economía estadounidense. Esa señal de enfriamiento, combinada con comentarios de varios miembros de la Fed, ha llevado a los mercados a incrementar la probabilidad de que el banco central pueda volver a recortar tipos en diciembre, después de haber mantenido un discurso muy centrado en combatir la inflación durante los últimos trimestres.
El cambio en expectativas es relevante porque el nivel de rendimiento del Treasury a 10 años influye en el coste de financiación de hipotecas, crédito corporativo y otros activos de renta fija. Un desplazamiento desde el 4,15% al entorno del 4,0% implica una ligera relajación de las condiciones financieras, algo que los mercados de renta variable suelen interpretar como un factor de apoyo, siempre que no esté asociado a un deterioro económico brusco.
Un segundo elemento que contribuye a la presión a la baja sobre las rentabilidades es el creciente convencimiento del mercado de que Kevin Hassett, actual director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, podría ser la elección del presidente para sustituir a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal el próximo año. Este posible relevo se percibe como un giro hacia una política monetaria más laxa, puesto que Hassett comparte con el presidente la idea de que los tipos de interés deberían situarse en un nivel significativamente inferior al rango vigente de 3,75%–4,0%.
La sola expectativa de un futuro presidente de la Fed más dovish tiende a reducir las primas exigidas por los inversores en la deuda a largo plazo, ya que el mercado empieza a descontar tipos oficiales más bajos durante más tiempo, lo que a su vez respalda una estructura de tipos algo más comprimida en el tramo largo de la curva.
La combinación de datos moderados y expectativas de recortes de tipos configura un entorno que suele ser mixto para los activos financieros: positivo para la renta fija soberana, al soportar precios de los bonos y contener rentabilidades, y generalmente favorable para la renta variable, al reducir el coste de capital. No obstante, cuando la caída de rentabilidades viene acompañada de dudas sobre el crecimiento, los mercados de acciones pueden reaccionar de forma ambivalente, alternando fases de rebote con episodios de mayor cautela.