Batir las previsiones de beneficios ya no significa lo mismo que hace años. En el primer trimestre, una amplia mayoría de compañías del S&P 500 superó las estimaciones del consenso, lo que ha reducido el impacto bursátil de estas sorpresas. Cuando casi todos baten previsiones, el mercado deja de tratarlo como una verdadera sorpresa.
La oportunidad aparece en un grupo más concreto: compañías con una opinión negativa por parte de Wall Street que, pese a ese bajo nivel de expectativas, publican resultados mucho mejores de lo previsto.
En estos casos, la sorpresa sí puede ser relevante. No se trata solo de superar el consenso, sino de hacerlo cuando el mercado ya había prácticamente abandonado el valor. Ese choque entre percepción negativa y mejora real puede obligar a los inversores a replantearse la tesis.
Durante décadas, algunos inversores explotaron el llamado post-earnings announcement drift, el movimiento por el cual una acción que sorprende positivamente en resultados tiende a seguir comportándose mejor durante los meses posteriores.
Ese efecto se ha debilitado con el tiempo porque las previsiones de los analistas suelen ser conservadoras y muchas compañías las baten de forma recurrente. Sin embargo, estudios recientes apuntan a que el fenómeno sigue funcionando en un caso particular: cuando la sorpresa contradice claramente la recomendación previa del mercado.
Un ejemplo citado es World Kinect, una compañía con una de las peores recomendaciones de consenso dentro del universo Russell 3000. A pesar de esa visión negativa, la empresa publicó un beneficio por acción de 0,75 dólares, muy por encima de los 0,31 dólares esperados.
Desde entonces, el valor ha superado al S&P 500 en unos 14 puntos porcentuales, reflejando cómo una mejora inesperada puede provocar una reevaluación progresiva por parte del mercado.
Entre las compañías con recomendación poco favorable de Wall Street que publicaron sorpresas positivas de beneficios destacan nombres como Arrow Electronics, AES, CarMax, Qorvo, IES Holdings, Expeditors International, Brown-Forman, Kenvue, Eagle Materials, HP, Baxter, Prudential Financial, Kraft Heinz, Moderna y W. R. Berkley.
La lógica común es que todas ellas partían de expectativas bajas. Por eso, una mejora en resultados puede tener más capacidad para cambiar la percepción del mercado que en compañías ya ampliamente recomendadas.
La conclusión no es comprar cualquier compañía castigada que bata resultados. La clave está en distinguir entre una sorpresa aislada y una mejora que pueda cambiar la narrativa de inversión.
En un mercado dominado por la inteligencia artificial y por grandes valores de crecimiento, estos nombres ofrecen una vía distinta: compañías olvidadas, con expectativas bajas y posibilidad de recuperación si los próximos resultados confirman que el consenso era demasiado pesimista.