La escalada del conflicto con Irán ha disparado el precio del petróleo, pero no todas las acciones energéticas están respondiendo igual en bolsa. De hecho, mientras el crudo llegó a subir con fuerza desde finales de febrero, una parte concreta del sector ha empezado a quedarse atrás: las compañías de servicios y equipos petroleros.
Ese comportamiento puede parecer contradictorio a primera vista, pero tiene lógica. El mercado llevaba meses adelantando el buen momento del sector energético y muchas grandes petroleras ya habían recogido buena parte de esa mejora en sus cotizaciones antes incluso de que comenzara la nueva escalada geopolítica.
Desde el cierre del 27 de febrero, justo antes del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el petróleo West Texas llegó a acumular un salto muy importante. Sin embargo, el comportamiento del ETF Energy Select Sector SPDR, que replica el sector energético del S&P 500, fue mucho más moderado.
La explicación es simple: gran parte del rally del sector ya se había producido antes. Hasta el 27 de febrero, el ETF energético acumulaba una subida cercana al 25% en 2026. Es decir, el mercado ya había estado anticipando un escenario favorable para la energía antes del shock geopolítico más reciente.
Dentro del sector, nombres como ExxonMobil o Chevron siguen siendo referencias evidentes, pero sus valoraciones ya no resultan especialmente atractivas frente a sus medias históricas. Según los múltiplos que maneja el mercado, ambas cotizan con PER adelantados superiores a sus promedios de cinco y diez años.
Eso no significa necesariamente que vayan a caer, pero sí sugiere que parte del potencial ya está recogido en precio. Y ahí es donde algunos inversores empiezan a mirar a otros segmentos menos evidentes del negocio energético.
El grupo que más interés está despertando entre algunos analistas es el de servicios y equipos petroleros. A diferencia de las grandes integradas, estas compañías han sufrido caídas desde el inicio del conflicto, a pesar de que el crudo se ha disparado.
Eso ha dejado valoraciones más atractivas en tres nombres concretos del S&P 500:
Las tres cotizan con múltiplos adelantados más bajos que sus medias históricas de cinco y diez años, lo que sugiere que el mercado está siendo bastante más prudente con ellas que con otras partes del sector energético.
En otras palabras, aquí puede estar el típico caso de valores que el mercado está soltando sin demasiada discriminación, aunque sus fundamentales no se hayan deteriorado en la misma proporción.
La tesis es bastante directa: si el conflicto se prolonga y el petróleo se mantiene en niveles altos durante más tiempo, las compañías de servicios petroleros podrían terminar beneficiándose de una mayor actividad en exploración, producción y mantenimiento de infraestructuras energéticas. Y si además cotizan a valoraciones más razonables, la ecuación empieza a ser interesante.
Eso sí, no es una apuesta para impacientes. Este tipo de valores suelen quedarse rezagados durante un tiempo antes de que el mercado vuelva a reconocer su potencial. Pero precisamente ahí es donde algunos gestores encuentran valor: en compañías que no están caras y que podrían recuperar protagonismo si el contexto energético sigue tenso.
El detalle importante aquí no está en Exxon o Chevron, sino en lo que el mercado está dejando atrás. Cuando el petróleo vuela y ciertas compañías del ecosistema energético caen, conviene mirar dos veces. Ahí suele aparecer valor.
Halliburton, SLB y Baker Hughes no son apuestas de moda, pero precisamente por eso pueden ofrecer más recorrido si el mercado vuelve a rotar dentro del sector. No son historias espectaculares; son posibles ineficiencias de precio. Y eso, muchas veces, es mejor.