Texas Instruments vuelve a ganar protagonismo en Wall Street gracias a una tesis que mezcla dos elementos especialmente poderosos en este mercado: infraestructura para inteligencia artificial y mejora del ciclo industrial. Stifel ha elevado su recomendación sobre la compañía desde mantener hasta comprar y ha subido su precio objetivo desde 215 hasta 250 dólares, lo que implica un recorrido adicional relevante desde los niveles recientes.
La idea de fondo es bastante clara. Según explica Tore Svanberg, el grupo estaría saliendo de un largo ciclo de inversión que durante años ha pesado sobre la rentabilidad, pero que ahora puede convertirse en ventaja competitiva. Dicho de forma más simple: Texas Instruments ha pasado años invirtiendo fuerte en capacidad y ahora empieza a acercarse al momento en que ese esfuerzo puede traducirse en más cuota de mercado, más flujo de caja libre y una posición más sólida en varios mercados clave.
Uno de los pilares de la recomendación está en la exposición creciente de Texas Instruments a los centros de datos. Mientras gran parte del mercado sigue centrado en los grandes nombres de chips de alto rendimiento, Stifel pone el foco en una capa menos vistosa, pero igualmente necesaria: la gestión de potencia, la eficiencia energética y los componentes analógicos que permiten alimentar y estabilizar la infraestructura física de la IA.
Ese punto es importante porque la próxima generación de centros de datos no depende solo de capacidad de cómputo, sino también de cómo se distribuye la energía dentro de instalaciones cada vez más exigentes. En ese contexto, Texas Instruments ha presentado nuevas soluciones de arquitectura de corriente continua de 800 voltios para centros de datos de IA, un desarrollo que encaja con uno de los grandes cuellos de botella del sector: la energía.
De hecho, la propia compañía ya apuntó a comienzos de año un aumento del 70% en los pedidos vinculados a centros de datos para 2025 frente al ejercicio anterior. Stifel cree que esta tendencia puede ir a más y estima que el negocio de centros de datos podría representar alrededor del 20% de las ventas totales hacia 2028 o 2029. Si esa proyección se cumple, estaríamos hablando de un cambio de mix bastante relevante para la firma.
Otro elemento que refuerza la tesis alcista es la compra acordada en febrero de Silicon Laboratories por 7.500 millones de dólares. La operación busca llevar a Texas Instruments más allá del chip analógico clásico para electrónica generalista y reforzar su posición en conectividad inalámbrica, un área cada vez más relevante en dispositivos inteligentes, industria y automoción.
Para Stifel, el mercado podría estar infravalorando el potencial financiero de esa operación. El análisis de la firma sugiere que las sinergias de ingresos, junto con la amortización progresiva de la deuda mediante el exceso de caja, podrían hacer que la transacción resulte más rentable de lo inicialmente esperado. En sus cálculos, podría aportar un incremento de más del 10% al beneficio por acción estimado para 2030.
Eso no solo añade crecimiento, también diversifica el relato. Texas Instruments deja de ser vista únicamente como una compañía madura del mundo analógico para presentarse como una plataforma más amplia, con exposición a conectividad, electrificación e infraestructura de IA.
Aun así, Stifel no sostiene su recomendación solo sobre el tema de moda. También cree que el núcleo tradicional de Texas Instruments, el negocio analógico, puede volver a ganar peso. Durante el repunte cíclico de 2020 a 2022, la empresa perdió oportunidades para ampliar cuota por limitaciones de capacidad. Precisamente por eso se embarcó en un ciclo de inversión tan intenso en capacidad de 300 mm.
Ahora la tesis es que esa inversión empieza a cobrar sentido. Si el sector entra en un nuevo ciclo alcista, Texas Instruments podría beneficiarse de una base productiva más robusta y flexible, algo que le permitiría capturar negocio que antes no podía atender. Es una historia menos espectacular que la de los chips más calientes del mercado, pero posiblemente más estable y más rentable a medida que madura el ciclo.
En conjunto, la recomendación de Stifel se apoya en una combinación potente: exposición creciente a centros de datos, mejora del ciclo analógico, capacidad ya instalada tras años de inversión y una operación corporativa que puede aportar más valor del que hoy descuenta el mercado. Tras subir ya con fuerza en lo que va de año, la cuestión para el inversor no es si Texas Instruments es una historia de moda, sino si todavía queda recorrido. Stifel cree que sí.