General Motors vuelve a ganar apoyos en Wall Street. Deutsche Bank ha mejorado su recomendación sobre el fabricante estadounidense desde mantener hasta comprar y, además, ha elevado su precio objetivo hasta los 90 dólares, frente a los 83 anteriores. La idea de fondo es clara: tras el retroceso reciente, el valor empieza a ofrecer una ecuación de riesgo y rentabilidad bastante más atractiva.
Las acciones de GM han cedido terreno desde el inicio de la guerra con Irán, afectadas por las dudas del mercado sobre el posible impacto del encarecimiento del transporte y de nuevas tensiones en la cadena de suministro. Sin embargo, para Edison Yu, analista de Deutsche Bank, ese castigo parece excesivo. Su lectura es que la volatilidad de corto plazo responde más al ruido geopolítico que a un deterioro estructural del negocio.
De hecho, el banco cree que muchas de las palancas clave de beneficio de GM siguen estando bajo control de la propia compañía. Ese matiz es importante, porque implica que, incluso en un entorno menos estable que hace unos meses, la firma mantiene margen para defender márgenes, ejecución y narrativa estratégica.
La tesis alcista no se apoya solo en valoración. Deutsche Bank apunta también a varios catalizadores operativos. Entre ellos, destacan los cambios previstos en la gama de vehículos de GM y el despliegue de algunos camiones de nueva generación en 2027, que podrían reforzar el crecimiento y mejorar la percepción del mercado sobre la compañía.
A eso se suma otro elemento relevante: los ajustes contables podrían empezar a mostrar menores pérdidas en el negocio eléctrico, un punto especialmente sensible para los inversores en automoción. Además, la división de software y servicios sigue ganando tracción. Hoy todavía no pesa demasiado en la cuenta de resultados, pero su crecimiento puede ayudar a que el mercado conceda a GM un múltiplo más alto con el tiempo.