De cara a 2026, nosotros compartimos la idea de que el mercado estadounidense puede entrar en una fase más complicada tras un 2025 sorprendentemente alcista. Según el análisis original de Gary Alexander, el S&P 500 podría retroceder en torno a un 15% el próximo año, arrastrado por valoraciones muy exigentes y por las dudas crecientes sobre la monetización real de las enormes inversiones en inteligencia artificial.
El planteamiento de fondo es que 2025 ha funcionado como una especie de reedición del fuerte rally post-COVID, con un avance del S&P 500 superior al 15% pese a un entorno plagado de aranceles, debilidad del consumidor estadounidense y un boom de capex en IA cuyo retorno todavía no está claro. Para 2026, la analogía sería con el ejercicio 2022: un año de corrección que devuelva parte o la totalidad de las ganancias acumuladas.
Según la tesis de Gary Alexander, el problema central reside en las valoraciones extremas: el índice se mueve en múltiplos de PER de mediados de los 20, mientras los grandes nombres tecnológicos —Meta, Microsoft y otros— asumen inversiones masivas en IA que pueden tardar mucho en traducirse en beneficios tangibles. A medida que estos proyectos se reflejen en las cuentas vía amortizaciones y depreciaciones más elevadas, el mercado podría girar desde las grandes compañías de crecimiento hacia segmentos menos exigentes.
Nos parece razonable que, si el mercado empieza a cuestionar la capacidad de la IA para justificar las valoraciones actuales, veamos una fase de corrección donde el simple “comprar el índice” deje de ser suficiente.
Ante este contexto, la propuesta del autor no es salir de renta variable, sino cambiar el foco. En lugar de seguir sobreponderando megacaps de crecimiento, la oportunidad estaría en small y mid caps que llegan a 2026 muy castigadas, con múltiplos más bajos y tesis de recuperación estructural. Entre sus ideas de “crecimiento a precio razonable” destacan cuatro nombres:
En resumen, la tesis sugiere que 2026 puede ser un año duro para el índice, pero muy interesante para quien sepa seleccionar historias de recuperación con fundamentales sólidos y valoración razonable.
Aun así, el propio Gary Alexander reconoce que existen riesgos al alza: un entorno de tipos de interés más bajos, un dólar débil y una implementación de la IA que realmente reduzca costes y aumente beneficios podrían seguir sosteniendo a las grandes tecnológicas. Sin embargo, incluso bajo ese escenario, la compresión de múltiplos podría seguir su curso y los ajustes de plantilla masivos podrían acabar pesando sobre la economía real.
De ahí que, en su planteamiento, la clave para 2026 no sea perseguir los índices, sino aumentar el peso de la gestión activa, reforzar la liquidez y diversificar hacia historias contracorriente que no han participado en el rally más reciente. Aprovechar la complacencia actual para reposicionar las carteras sería, según esta visión, el movimiento prudente antes de que llegue la posible corrección.
Reflexión de Capital Bolsa
Nosotros vemos sentido en prepararse para un 2026 más volátil, reduciendo dependencia de los grandes índices y poniendo el foco en ideas concretas con fundamentales sólidos y valoración razonable. No se trata de adivinar el suelo del mercado, sino de entrar en el nuevo año con más margen de maniobra y menos exposición a los tramos más caros de la bolsa estadounidense.
El consenso de mercado sigue manejando un precio objetivo medio para la renta variable estadounidense por encima de los niveles actuales, con una recomendación agregada que oscila entre “comprar” y “mantener”. A partir de aquí, la diferencia la va a marcar la selección: qué índices reducimos, qué megacaps infraponderamos y qué small y mid caps de calidad decidimos incorporar antes de que el flujo de dinero rote hacia ellas.