¿Hay que mantener o vender Nvidia después de su extraordinaria subida? Para Todd Gordon, fundador de Inside Edge Capital, esa no es la pregunta más útil que debería hacerse ahora un inversor.
El verdadero debate es qué porcentaje de la cartera representa Nvidia y si ese peso sigue siendo coherente con el nivel de riesgo asumido, los objetivos financieros y el horizonte temporal del inversor.
La compañía ha protagonizado uno de los mayores ciclos de crecimiento de la historia reciente del mercado. Desde que la inteligencia artificial comenzó a dominar la narrativa bursátil en 2022, Nvidia no solo ha incrementado sus ventas, sino que ha redefinido lo que significa crecer a gran escala.
Los ingresos del ejercicio fiscal 2026 alcanzaron aproximadamente 216.000 millones de dólares, con un crecimiento cercano al 65%. El negocio de centros de datos se ha multiplicado alrededor de trece veces desde el ejercicio 2023 y Nvidia mantiene más del 90% del mercado de GPU para centros de datos, según las estimaciones citadas por Gordon.
Esta posición está reforzada por CUDA, su ecosistema de software propietario, que eleva los costes de sustitución para desarrolladores y clientes. Además, el ritmo anual de lanzamiento de nuevos productos dificulta que los competidores puedan recortar distancias rápidamente.
El principal límite es la ley de los grandes números. Una compañía con más de 200.000 millones de dólares de ingresos no puede volver a multiplicar su negocio con la misma facilidad que cuando partía de una base mucho menor.
Gordon espera que Nvidia continúe liderando el mercado durante los próximos años, pero considera poco prudente extrapolar el comportamiento de los últimos tres ejercicios. Las tasas de crecimiento podrían desacelerarse desde niveles del 60%–100% hacia ritmos más sostenibles del 15%–20%.
La competencia comienza a ser más creíble. AMD está enviando su primer sistema completo para inteligencia artificial, Helios, a clientes relevantes como Microsoft. Algunos analistas creen que podría llegar a capturar entre el 20% y el 25% del mercado.
También ganan protagonismo los ASIC, chips diseñados para tareas específicas. Soluciones como las TPU de Google, desarrolladas con el apoyo de Broadcom, pueden resultar más eficientes y económicas que una GPU generalista en determinados trabajos.
Sin embargo, estas alternativas presentan menos flexibilidad y ecosistemas de software más limitados. Esto podría permitir a Nvidia conservar una cuota elevada a medida que la inteligencia artificial se extienda hacia industrias y empresas sin capacidad para diseñar sus propios procesadores.
Las estimaciones recogidas por Gordon anticipan un beneficio por acción de 4,77 dólares en 2026, que aumentaría hasta 9 dólares en 2027, 12,84 dólares en 2028 y 15,98 dólares en 2029.
Por tanto, el mercado todavía espera un crecimiento extraordinario. El riesgo no está en que Nvidia deje de expandirse, sino en que cualquier desaceleración frente a unas previsiones tan elevadas provoque fuertes ajustes de valoración.
Gordon propone utilizar como referencia el peso de Nvidia dentro del S&P 500, situado alrededor del 7%. Un inversor que combine acciones directas de la compañía con fondos indexados puede tener una exposición real bastante superior a la que percibe inicialmente.
Cuando la posición total supera claramente ese 7%, el inversor está realizando una apuesta activa a que Nvidia batirá al índice. Eso no es necesariamente incorrecto, pero debe ser una decisión consciente y compatible con su tolerancia al riesgo.
Inside Edge Capital mantiene actualmente una ponderación cercana al 7% en su cartera principal de crecimiento. La firma ha llegado a elevarla hasta aproximadamente el 12% en periodos en los que la acción mostraba un liderazgo técnico más claro.
Desde el punto de vista gráfico, Gordon sitúa una zona de soporte relevante entre 153 y 167 dólares. Mientras esta área se mantenga en una eventual corrección, considera que la tendencia alcista de fondo y la tesis positiva permanecerían intactas.
La conclusión no es necesariamente comprar o vender toda la posición. Para una compañía que ya se ha convertido en un componente estructural del mercado tecnológico, la pregunta más importante es cuánto se posee, qué concentración genera y si ese peso sigue encajando con los objetivos de la cartera.