Mientras los mercados siguen atentos a la guerra entre Estados Unidos e Irán, otra preocupación empieza a ganar terreno entre los inversores institucionales: el impacto financiero del enorme gasto en inteligencia artificial. Según explica la periodista Michelle Fox, los grandes grupos tecnológicos están acudiendo cada vez más al mercado de bonos para financiar la construcción de centros de datos, infraestructuras y proyectos ligados a la IA.
Empresas como Alphabet, Amazon, Meta u Oracle, que históricamente financiaban su crecimiento con flujo de caja propio, están empezando a emitir deuda para cubrir el fuerte aumento de sus planes de inversión.
Según una encuesta reciente de Bank of America, por primera vez los inversores en crédito señalan la posible burbuja de la inteligencia artificial como su principal preocupación para el mercado de bonos.
Los llamados hyperscalers —las grandes tecnológicas que dominan el desarrollo de infraestructuras de IA— podrían emitir hasta 285.000 millones de dólares en deuda este año, según estimaciones del mercado.
Este incremento de emisiones ha sorprendido a algunos inversores, acostumbrados a ver a estas compañías con enormes excedentes de caja. Sin embargo, gestores de renta fija señalan que las métricas de crédito siguen siendo sólidas y que el mercado acabará absorbiendo la nueva oferta.
Históricamente ya ha ocurrido algo parecido en otros sectores. En los años noventa fueron los bancos los que inundaron el mercado de bonos, y con el tiempo los inversores aprendieron a diferenciar entre emisores de mayor y menor calidad.
El aumento de emisiones podría tener un efecto directo sobre los precios. Cuando entra más deuda en el mercado, los precios de los bonos suelen bajar y los rendimientos aumentan, lo que abre oportunidades para los inversores que buscan rentabilidad.
Algunos gestores ya están comprando bonos de estas compañías, confiando en que el enorme gasto en infraestructura de IA se traduzca en ingresos y beneficios en el futuro.
Otros, en cambio, prefieren esperar. Consideran que los diferenciales de crédito aún están demasiado ajustados y que el aumento de oferta podría generar precios más atractivos en los próximos meses.
La conclusión de varios estrategas es clara: los bonos de las grandes tecnológicas acabarán formando parte natural de muchas carteras, pero la clave estará en comprarlos cuando el mercado ofrezca spreads suficientemente atractivos.
El aumento del gasto en inteligencia artificial está generando un cambio interesante en los mercados financieros. Si las grandes tecnológicas pasan de autofinanciarse a emitir deuda de forma recurrente, el mercado de bonos corporativos podría crecer de forma estructural en los próximos años. Para los inversores, esto implica que la exposición a tecnología no solo estará en acciones, sino también en deuda corporativa. La clave estará en vigilar los niveles de valoración: si la avalancha de emisiones amplía los spreads, puede aparecer una oportunidad interesante en bonos de alta calidad ligados al desarrollo de la IA.