Las acciones internacionales han tomado ventaja frente a Wall Street en lo que va de año. Según Mark Hulbert, los mercados fuera de Estados Unidos no solo han batido al S&P 500, sino que podrían seguir haciéndolo si se mantiene la actual diferencia de valoraciones entre ambos bloques.
El comportamiento relativo es llamativo. Las acciones no estadounidenses acumulan una rentabilidad cercana al 9,6% en el año, tomando como referencia el ETF Vanguard Total International Stock Index Fund, frente a una subida aproximada del 4,7% del S&P 500.
La diferencia sorprende a parte de Wall Street, especialmente porque las economías fuera de Estados Unidos parecen, en teoría, más vulnerables a una guerra prolongada entre EE.UU. e Irán y a unos precios del petróleo persistentemente altos. Sin embargo, esa percepción no ha impedido que los mercados internacionales mantengan una ventaja relevante en 2026.
La fortaleza de las bolsas internacionales no parece un simple movimiento táctico. Refleja un cambio de atención hacia mercados con valoraciones menos exigentes.
Una explicación habitual sería atribuir esa mejor evolución a la debilidad del dólar, ya que una divisa estadounidense más baja mejora la rentabilidad en dólares de los activos internacionales. Sin embargo, Hulbert descarta esa tesis: el índice dólar cotiza prácticamente en los mismos niveles que al inicio del año, incluso ligeramente por encima.
Esto sugiere que la ventaja de las bolsas internacionales responde a factores más profundos. El principal es la valoración. Mientras muchos inversores siguen defendiendo que algunas acciones estadounidenses están baratas, los indicadores agregados muestran una imagen distinta.
Uno de los indicadores más utilizados para analizar valoraciones de largo plazo es el CAPE, que compara el precio actual del mercado con el beneficio medio ajustado por inflación de los últimos diez años. Según esta métrica, las acciones estadounidenses se sitúan entre las más caras del mundo.
De hecho, entre las principales economías analizadas, solo Taiwán muestra un CAPE superior al de Estados Unidos. Esto refuerza la idea de que, aunque Wall Street siga dominando en calidad empresarial, crecimiento tecnológico y liquidez, sus valoraciones dejan menos margen de seguridad que otros mercados.
La cuestión no es si Estados Unidos tiene buenas compañías. Las tiene. El problema es cuánto está pagando el inversor por ellas frente a las alternativas disponibles fuera del mercado estadounidense.
El interés por la renta variable internacional también se refleja en las recomendaciones de varios boletines de inversión seguidos por Hulbert. De los 32 fondos y ETF actualmente recomendados por esas publicaciones, 10 se centran exclusivamente en acciones no estadounidenses, una proporción elevada frente a años anteriores.
Entre los productos destacados aparecen estrategias centradas en dividendos internacionales, valor en mercados desarrollados, emergentes, Europa, Corea del Sur y Japón. La lista incluye vehículos como:
La tesis de fondo es que la renta variable internacional podría seguir batiendo al mercado estadounidense si los inversores continúan buscando valoraciones más razonables. Europa, Japón, Corea del Sur, mercados emergentes y estrategias de dividendo ofrecen una alternativa a un S&P 500 muy concentrado y exigente en precio.
Eso no significa que la inversión fuera de Estados Unidos esté libre de riesgos. La exposición a divisas, la sensibilidad al petróleo, la evolución de China, la guerra en Oriente Medio y la menor calidad media de algunos mercados pueden generar volatilidad. Sin embargo, desde una perspectiva de valoración, el punto de partida parece más favorable que en Wall Street.
La conclusión es clara: tras años de dominio estadounidense, los mercados internacionales vuelven a tener argumentos. No se trata necesariamente de abandonar EE.UU., sino de diversificar mejor y no concentrar toda la cartera en el mercado que ya cotiza con las valoraciones más exigentes.