El temor a un escenario de estanflación ha vuelto al centro del debate tras el repunte del petróleo por el conflicto en Oriente Medio. Sin embargo, la historia ofrece una lectura más matizada: no todos los activos sufren en este entorno.
Según el análisis de Mark Hulbert, durante el periodo de estanflación de los años 70 y principios de los 80, hubo dos clases de activos que destacaron claramente por encima del resto.
Las acciones de pequeña capitalización en EE.UU. lograron batir la inflación con una rentabilidad real anualizada del 5,9% entre 1973 y 1982.
Esto contrasta con el comportamiento del S&P 500, que sufrió debido a su alta concentración en grandes valores de crecimiento con valoraciones elevadas, conocidos como los “Nifty Fifty”.
El paralelismo con el mercado actual es evidente: hoy también existe una fuerte concentración en unas pocas grandes tecnológicas, lo que podría aumentar la vulnerabilidad del índice en un entorno adverso.
Lectura clave: en estanflación, la concentración del mercado puede convertirse en un riesgo.
El otro gran ganador fue el mercado inmobiliario estadounidense, que superó la inflación con una rentabilidad real del 5,5% anual en ese mismo periodo.
La combinación de revalorización de activos y generación de rentas permitió a la vivienda actuar como una cobertura eficaz frente a la pérdida de poder adquisitivo.
Contra la creencia popular, el oro no fue el activo más rentable en términos reales durante ese periodo. Entre 1974 y 1982, su rentabilidad ajustada a inflación fue del 3,4% anual, por debajo de small caps y vivienda.
Además, diversos estudios señalan que el oro solo actúa como cobertura efectiva frente a la inflación en horizontes extremadamente largos, no en ciclos económicos concretos.
Conclusión: el oro no siempre es el mejor refugio en escenarios inflacionarios.
Nosotros creemos que este análisis es especialmente relevante ahora, porque desmonta una idea muy extendida: que la estanflación es negativa para todos los activos. No es así.
El riesgo real está en los índices concentrados y en activos sobrevalorados. En cambio, segmentos como small caps o activos reales pueden comportarse mejor. Esto refuerza la importancia de diversificar fuera del consenso del mercado.