Observamos que el debate sobre posibles burbujas de mercado ha vuelto con fuerza, especialmente alrededor del fenómeno de la Inteligencia Artificial. El autor original, Lance Roberts, recuerda que estas fases no son simples excesos irracionales, sino procesos complejos donde el optimismo desmedido convive con la creación de infraestructuras que transforman industrias enteras.
Como subraya Roberts, las burbujas arrastran una reputación negativa porque recordamos el daño tras su estallido. Sin embargo, durante su expansión generan *inversión acelerada*, despliegue de capital y avances que más tarde impulsan crecimiento real. Ferrocarriles, puntocom, redes de fibra óptica, centros de datos: todos nacieron en entornos especulativos. La IA sigue la misma lógica.
Roberts lo expresa con claridad: las burbujas solo son obvias en retrospectiva. Incluso análisis técnicamente correctos pueden equivocarse durante años en el “timing”. El ejemplo de Tesla, que muchos calificaron de burbuja en 2018, ilustra que la sobrevaloración puede mantenerse mucho más tiempo de lo racionalmente esperado.
Roberts —y nosotros desde Capital Bolsa— defendemos un enfoque práctico:
La historia demuestra que, tras cada boom, solo un pequeño grupo de empresas sobrevive y lidera el siguiente ciclo. Las demás se disipan cuando el capital deja de fluir. Hoy, en la IA, puede ocurrir lo mismo: los proveedores de GPU, nube, datos y computación tienen más probabilidades de resistir que los proyectos impulsados por marketing y expectativas poco realistas.
En un entorno donde la IA es simultáneamente oportunidad y potencial exceso, la clave no es adivinar si estamos en una burbuja, sino gestionar la exposición con disciplina. Las burbujas no deben ignorarse: deben entenderse, aprovecharse y, sobre todo, respetarse. La participación es opcional; la supervivencia, obligatoria.