Goldman Sachs ha puesto el foco en una nueva categoría de compañías que, en su opinión, podrían liderar una parte relevante del mercado en los próximos años: las denominadas acciones HALO, acrónimo de heavy assets, low obsolescence, es decir, empresas con activos físicos relevantes y bajo riesgo de obsolescencia.
La idea central del banco estadounidense es que el entorno actual ha cambiado. Los tipos reales más altos, la fragmentación geopolítica y la reorganización de las cadenas de suministro están devolviendo protagonismo a compañías con infraestructura, capacidad productiva, redes, plantas industriales y activos difíciles de sustituir.
Según Goldman, los mercados están premiando de nuevo a las empresas intensivas en capital por su capacidad instalada, su complejidad operativa y su papel estratégico en sectores donde la tecnología no elimina la necesidad de activos físicos, sino que la aumenta.
Durante años, el mercado favoreció a las compañías capital light, modelos de negocio con pocos activos físicos, elevada escalabilidad y grandes márgenes. Sin embargo, Goldman sostiene que esa frontera se ha difuminado. Muchas de esas grandes compañías tecnológicas se han convertido ahora en algunos de los mayores inversores en capital de la historia, impulsadas por la carrera de la inteligencia artificial.
El auge del capex está concentrándose en áreas muy concretas: centros de datos, semiconductores, utilities y defensa. Según el banco, estos sectores podrían representar más del 40% de la inversión global en capital este año, una cifra que ayuda a explicar por qué los activos físicos vuelven a estar en el centro de las carteras.
El mensaje de Goldman es claro: mantiene su preferencia por invertir en compañías beneficiadas por una aceleración del ciclo de inversión. A corto plazo, reconoce que el posicionamiento puede resultar exigente, pero considera que la tendencia de fondo sigue siendo favorable a largo plazo.
Además, el banco apunta que las carteras globales continúan muy alejadas del estilo value, lo que sugiere que muchos inversores podrían estar todavía infraponderados en un mundo donde los activos físicos, la capacidad industrial y la infraestructura estratégica recuperan relevancia.
Goldman Sachs agrupa sus recomendaciones dentro del universo HALO en cinco grandes temáticas: infraestructuras, materiales básicos, aeroespacial y defensa, plataformas industriales y de consumo, y la capa física de la tecnología.
En infraestructuras, el banco destaca compañías propietarias de redes críticas, como eléctricas, gasistas, operadores de fibra, activos de transporte y redes difíciles de replicar. Entre los valores con recomendación de compra figuran Enel, E.ON, ENGIE, RWE, SNAM, Naturgy, EDP Renewables, Orsted, Veolia, Prysmian, Nexans, VINCI, Getlink y Flughafen Zürich.
La lógica es sencilla: en un entorno de electrificación, digitalización y mayor inversión pública y privada, los propietarios de redes y activos esenciales pueden ganar visibilidad, poder estratégico y capacidad de generación de caja.
En materiales básicos, Goldman recomienda centrarse en compañías que controlan recursos esenciales, instalaciones industriales y activos de procesamiento necesarios para construcción, manufactura y electrificación. En este bloque aparecen Shell, BP, Eni, Repsol, Antofagasta, Holcim, Air Liquide y BASF.
El sector de aeroespacial y defensa también ocupa un lugar destacado. Goldman considera atractivas aquellas compañías con capacidades de fabricación muy especializadas, ciclos de producto largos y exposición a una demanda geopolítica creciente. Entre sus nombres favoritos figuran Airbus, Safran, BAE Systems, Melrose Industries, Rolls-Royce y Rheinmetall.
La defensa ha vivido un fuerte ciclo de revalorización en Europa, aunque con mayor volatilidad reciente. El debate ahora no es solo si habrá más gasto militar, sino si las compañías podrán convertir esa demanda en producción real, entregas y márgenes sostenibles.
En manufactura y plataformas de consumo, Goldman busca empresas con activos productivos de gran escala, redes de distribución y demanda final resistente. En este grupo incluye automovilísticas como Volvo, BMW y Porsche, compañías de alimentación y bebidas como Nestlé, Heineken y Lotus Bakeries, además de Marks & Spencer e IAG.
Uno de los puntos más relevantes del informe de Goldman es que el concepto HALO también alcanza a la tecnología. No se trata solo de software o plataformas digitales, sino de la infraestructura física que permite funcionar a la economía digital.
En esta categoría entran compañías de equipos para semiconductores, fabricantes de chips y operadores de telecomunicaciones. Goldman menciona como valores con recomendación de compra a ASML, ASMI, Infineon, Deutsche Telekom, Orange y Telefónica.
Esta lectura es especialmente importante. La inteligencia artificial ha impulsado con fuerza a las grandes tecnológicas, pero también está generando una enorme demanda de chips, equipos de litografía, electricidad, redes, centros de datos, refrigeración, fibra y conectividad. En otras palabras, la economía digital necesita una base física cada vez más potente.
Goldman sostiene que la oportunidad no se limita a Europa. Aunque buena parte de los nombres citados en su nota son europeos, el banco subraya que se trata de un cambio global. Sus equipos de estrategia están replicando este marco en Estados Unidos, Asia-Pacífico, Japón y mercados emergentes, con dinámicas similares en distintas regiones.
La tesis HALO encaja con una idea más amplia: el mercado podría estar entrando en una fase en la que la capacidad física, la seguridad de suministro, la infraestructura energética, la defensa y la autonomía industrial vuelven a ganar valor estratégico.
Esto no significa que el mercado vaya a abandonar la tecnología. Más bien implica que una parte creciente del crecimiento tecnológico exigirá inversiones enormes en activos físicos. Para Goldman, las oportunidades más atractivas estarán en compañías que posean o construyan esa base material: redes, plantas, infraestructuras, capacidad industrial y sistemas esenciales para que la economía digital y la economía real sigan funcionando.
En términos de inversión, el mensaje es relevante: el próximo ciclo no tiene por qué estar dominado únicamente por negocios ligeros en activos. Las compañías con activos duros, baja obsolescencia y exposición al nuevo ciclo de capex podrían recuperar un protagonismo que el mercado había dejado en segundo plano durante años.