Una combinación de tipos oficiales a la baja y rentabilidades largas al alza (curva más inclinada) genera un entorno menos lineal para la bolsa.
El apoyo monetario impulsa el crecimiento y el apetito por riesgo, pero el encarecimiento del tramo largo limita la expansión de múltiplos y eleva el coste de capital. El resultado suele ser más rotación y más dispersión entre sectores y valores.
En definitiva, no sería un escenario necesariamente bajista para la bolsa, pero sí más exigente y selectivo. El mercado dejaría de premiar simplemente la liquidez abundante y volvería a discriminar entre modelos de negocio, balances y generación real de caja.
