Nuestra visión para 2026 es constructiva, pero más selectiva. Es decir: el mercado puede seguir avanzando, aunque no esperamos que todos los sectores se comporten igual. Tras un 2025 dominado por tecnología y comunicación, creemos que el año que entra puede venir marcado por rotaciones, donde los mejores retornos podrían aparecer en áreas que han quedado rezagadas.
El inmobiliario cotizado fue uno de los sectores más apagados en 2025. Y precisamente por eso entra en 2026 con una ventaja: las expectativas son bajas y la valoración no se ha “estirado” como en otros segmentos.
Si el escenario central se cumple y los tipos siguen bajando, los REITs podrían beneficiarse por dos vías:
En un entorno de tipos a la baja, real estate puede ofrecer un mix interesante de yield + recuperación de múltiplos + crecimiento operativo.
El sector financiero puede encontrar tracción si la curva de tipos se empina moderadamente, incluso en un escenario de bajadas. Si los tipos a corto caen algo más rápido que los de largo, los bancos suelen ver una mejora del margen financiero.
A esto se suma un segundo motor: actividad corporativa. Tipos más bajos normalmente facilitan financiación y reactivan:
Además, dentro del sector existen negocios de alta calidad y carácter estructural (por ejemplo, redes de pagos) que llegan a 2026 con valoraciones algo más razonables y margen para cierta expansión de múltiplos si el crecimiento acompaña.
Energía no ha sido un desastre, pero sí ha quedado por detrás del mercado. La razón principal ha sido el retroceso del petróleo. Desde niveles más altos a comienzos de 2025, el crudo ha terminado moviéndose en una zona más baja.
Eso deja al sector con un perfil interesante: si el petróleo simplemente vuelve a niveles intermedios (sin necesidad de un escenario extremo), el impacto en beneficios y generación de caja de muchas energéticas puede ser notable.
Además, hay una segunda palanca: el aumento de demanda eléctrica por centros de datos y la expansión de la IA está empujando el consumo de gas natural, algo que beneficia a compañías con exposición relevante a gas.
Energía es, en la práctica, una tesis de asimetría: a precios “de rango bajo”, el potencial puede ser mayor que el riesgo si el ciclo acompaña.
En 2026 vemos un mercado más selectivo y menos “lineal”. Por eso creemos que la oportunidad puede estar en sectores que llegan con valoraciones menos tensionadas y catalizadores macro identificables. Real estate, financieras y energía no necesitan un escenario perfecto; basta con que el entorno sea razonablemente favorable para ofrecer un binomio rentabilidad–riesgo atractivo.