En un entorno en el que muchos inversores se preguntan si la oportunidad en renta fija no ha llegado ya demasiado lejos, uno de los gestores de bonos más destacados de Fidelity, Celso Muñoz, sigue viendo un punto de entrada atractivo. Según explica en declaraciones recogidas por la prensa financiera estadounidense, hoy es posible obtener rentabilidades interesantes en bonos sin necesidad de asumir un riesgo excesivo.
Muñoz codirige el Fidelity Total Bond ETF (FBND), un fondo cotizado de renta fija multisector al que firmas como Morningstar califican como equipo “best-in-class”, con rating de cuatro estrellas y calificación “gold”. El producto ofrece actualmente una rentabilidad SEC a 30 días en el entorno del 4,5%, con una comisión de gestión contenida para su categoría.
La clave de la estrategia de cara a 2026 es que el gestor no está “forzando la máquina” para buscar cupones altos. Al contrario: se está inclinando con decisión hacia la deuda pública de EE. UU.. A su juicio, los rendimientos de los Treasuries se sitúan cerca de los niveles más altos de las últimas dos décadas, mientras que los diferenciales de crédito se encuentran en la parte más ajustada de su rango histórico.
Esa combinación —tipos soberanos elevados y primas de riesgo estrechas en crédito— le lleva a concluir que, hoy por hoy, los Treasuries ofrecen una de las mejores relaciones rentabilidad/riesgo dentro del universo de renta fija.
En términos de posicionamiento, alrededor de un 39% de la cartera está invertida en deuda del Gobierno estadounidense, un peso superior al que el fondo ha tenido habitualmente. La exposición se concentra sobre todo en el llamado “belly of the curve”, los plazos entre cinco y siete años, donde el gestor considera que el equilibrio entre rentabilidad y sensibilidad a tipos es más atractivo.
Esto no significa que el fondo renuncie al crédito. De hecho, en torno a un 29% de la cartera sigue en bonos corporativos, con nombres de primera línea del sector financiero como JPMorgan, Bank of America o Morgan Stanley entre las principales posiciones. La diferencia está en cómo se construye esa parte de la exposición.
Muñoz muestra preferencia por bonos investment grade de corta y media duración, que permiten capturar un buen nivel de cupón sin estar excesivamente expuestos a movimientos de tipos o de spreads. Dentro del rango de calidad, el foco se sitúa en el extremo bajo del investment grade (BBB), donde suele haber mayor dispersión de diferenciales y más controversia en torno a algunos emisores.
En ese segmento, defiende que un buen análisis fundamental puede añadir mucho valor: son compañías que el mercado tiende a castigar o premiar de forma más volátil, creando oportunidades para una gestión activa.
Más allá del investment grade, el gestor también identifica oportunidades en bonos high yield y préstamos apalancados. Reconoce que los diferenciales están todavía en niveles exigentes, pero subraya que el contexto macro ayuda: la economía norteamericana se mantiene razonablemente sólida y los niveles de impago en el high yield siguen contenidos.
En esa combinación de baja tasa de defaults y entorno económico benigno, el perfil de rentas que ofrecen estos activos puede ser interesante como complemento dentro de una cartera diversificada, siempre bajo un enfoque prudente en términos de selección de emisores y sectores.
Donde Muñoz se muestra bastante más escéptico es en la deuda vinculada a la inteligencia artificial. En los últimos meses, numerosas compañías han acudido al mercado de bonos y productos titulizados para financiar sus inversiones en infraestructuras y proyectos ligados a esta temática. Sin embargo, muchas de estas emisiones han llegado a precios “demasiado ricos”, con poco recorrido adicional para el inversor en términos de rentabilidad ajustada al riesgo.
En su opinión, el entusiasmo por la IA está mucho más justificado en el lado de la renta variable que en el de la renta fija, donde el potencial de revalorización a partir de niveles tan ajustados es limitado.
En resumen, la hoja de ruta que plantea este gestor de Fidelity para 2026 se apoya en una idea sencilla: aprovechar el mejor punto de entrada en años en deuda pública estadounidense, complementar con crédito bien seleccionado y evitar las modas donde el spread ya ha corrido demasiado. Un enfoque más de construcción paciente de rentas que de búsqueda de apuestas agresivas.