Según explica Leo Nelissen, si hoy tuviera que jubilarse, optaría por una cartera sencilla pero robusta, diseñada para generar ingresos reales sin asumir riesgos innecesarios. El objetivo no sería maximizar el dividendo, sino encontrar el equilibrio entre ingresos estables y crecimiento moderado que permita mantener el poder adquisitivo con el paso del tiempo.
La base de su planteamiento es la llamada “regla del 5%”: construir una cartera capaz de cubrir gastos con una rentabilidad por dividendo del 5%–6%, evitando así la tentación de comprar valores con yields excesivos que suelen acabar en recortes de dividendo y pérdidas de capital.
El primer bloque está orientado a altos ingresos, con BDCs de calidad que elevan la rentabilidad global de la cartera. Nelissen reconoce que son más cíclicas, pero considera que una exposición controlada permite “potenciar” el flujo de caja sin comprometer el conjunto.
El segundo bloque, el más amplio, combina REITs y compañías energéticas. Aquí busca activos reales, contratos estables y flujos de caja previsibles. Son valores menos emocionantes, pero que aportan estabilidad y visibilidad a largo plazo.
El tercer bloque introduce crecimiento: empresas de infraestructuras, defensa, logística y gestión de activos alternativos. Aunque su dividendo es menor, aportan capacidad de revalorización y crecimiento del pago a futuro.
El mensaje de Leo Nelissen es claro: jubilarse no significa perseguir el mayor dividendo posible, sino construir una cartera que permita dormir tranquilo. Con una rentabilidad cercana al 5,6%, diversificación real y foco en calidad, esta propuesta muestra que es posible combinar ingresos, crecimiento y prudencia sin complicaciones excesivas.